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The Ninth Gate: un thriller visualmente fascinante pero narrativamente confuso

Martin Cid
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Imagina la escena: Johnny Depp, con su voz ronca y mirada cansada, sostiene un libro antiguo mientras una lluvia torrencial azota los cristales de una habitación en penumbra. Esa imagen encapsula el tono de The Ninth Gate, un thriller esotérico dirigido por Roman Polanski que mezcla misterio gótico, suspense sobrenatural y un aire noir digno de David Lynch. La película, basada en la novela El club Dumas de Arturo Pérez-Reverte, no es solo una caza de libros raros; es una exploración del poder de las palabras, la ambigüedad moral y el precio de la obsesión.

Dean Corso (Depp), un mercader de libros con más cicatrices que páginas en su catálogo, se ve envuelto en una trama que parece sacada de un cuento de Poe. Su misión: autenticar una copia del Los Nueve Portales del Reino de las Sombras, un texto del siglo XVII capaz de invocar al Diablo si se usa correctamente. Polanski transforma esta premisa literaria en un laberinto visual, donde cada plano parece respirar misterio. La fotografía de Eduardo Serra, con sus tonos verdes y grises, crea una atmósfera opresiva que recuerda a Rosemary’s Baby, otra obra maestra del director. La banda sonora de Wojciech Kilar, con su uso de coros gregorianos y violines estridentes, añade capas de tensión sin necesidad de saltos en la butaca.

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Donde la película brilla es en su construcción visual y en la interpretación de Depp. El actor transmite perfectamente ese cansancio existencial de Corso, un hombre que parece haber visto demasiado y que ahora se mueve por inercia. La escena en la librería de los hermanos Ceniza, donde descubren las firmas ocultas en los grabados del libro, es un ejemplo de cómo Polanski usa el suspense sin necesidad de saltos en la butaca. Cada revelación es un susurro, no un grito. También destaca Lena Olin como Liana Telfer, cuya seducción peligrosa añade capas a una trama que podría haberse quedado en mera curiosidad intelectual.

Pero The Ninth Gate no es solo una película de suspense; es una reflexión sobre el poder de las palabras y la naturaleza del mal. El libro en sí es un personaje más, un objeto de deseo que corrompe a quienes lo poseen. Polanski juega con la idea de que el conocimiento puede ser peligroso, una temática recurrente en su filmografía. La película también explora la ambigüedad moral de Corso, quien, aunque se presenta como un cínico pragmático, no es del todo inmune a la fascinación del libro.

Sin embargo, The Ninth Gate no es perfecta. El ritmo es deliberadamente lento, casi meditativo, lo que puede frustrar a quienes esperen un thriller de acción constante. Algunos giros argumentales, como el papel de Emmanuelle Seigner (la misteriosa «Green Eyes»), se resuelven con más ambigüedad de la deseada, dejando cabos sueltos que podrían haber sido mejor atados. Y aunque la ambientación es impecable, hay momentos en los que la película parece perderse en sus propios pasillos oscuros, como si Polanski estuviera tan fascinado por el laberinto que ha construido que se olvidara de guiar al espectador hacia la salida.

Aún así, The Ninth Gate merece ser revisitada. Es una película que mejora con el tiempo, como un buen vino o un libro polvoriento que solo revela sus secretos a quienes saben esperar. Polanski no busca asustar; busca intrigar, hacer pensar. Y en eso, la película tiene éxito. Es una obra para cinéfilos, para aquellos dispuestos a sumergirse en su atmósfera y dejar que los misterios se desvelen lentamente.

The Ninth Gate también es una película sobre la fe y la incredulidad. Corso no cree en el poder del libro, pero su viaje lo lleva a cuestionar sus propias certezas. La escena en la que descubre que tres de las nueve puertas están firmadas por Lucifer es un momento clave, no solo porque avanza la trama, sino porque marca un punto de inflexión en la psicología del personaje. Polanski usa estos momentos para explorar temas más profundos, como la naturaleza del mal y la fragilidad de la humanidad.

En comparación con otras películas de Polanski, The Ninth Gate puede parecer menos accesible que Rosemary’s Baby o Chinatown, pero su complejidad es parte de su encanto. Es una película para analizar, no solo para ver. Los diálogos son ricos en matices, y cada escena está cargada de simbolismo. La secuencia final, aunque ambigua, es un testimonio del estilo único de Polanski.

The Ninth Gate no es una película para todos. Requiere paciencia y atención, pero para quienes están dispuestos a sumergirse en su mundo, ofrece una experiencia cinematográfica única.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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