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Diana: The Musical: un melodrama operístico que prioriza lo escénico sobre la originalidad

Martin Cid
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La cámara se arrastra sobre el vestido de novia ensangrentado, la mano de Diana Spencer atravesando el cristal como un susurro roto en medio del palacio. Esta imagen, cruda y teatral, resume la esencia de Diana: The Musical: una biografía transformada en melodrama operístico, donde cada emoción se exagera hasta el paroxismo. Christopher Ashley, director conocido por su trabajo en teatro musical, lleva al cine esta adaptación con un enfoque que prioriza lo escénico sobre lo cinematográfico, resultando en un producto visualmente competente pero narrativamente predecible.

El filme sigue fielmente la estructura del espectáculo teatral original, con números musicales que avanzan la trama de manera funcional pero raramente sorprendente. Ashley dirige con mano segura los grandes momentos corales—como el baile punk-rock imaginario de Diana durante el concierto de Rostropovich («This Is How Your People Dance»)—, donde la coreografía y el diseño de producción brillan, pero adolece de una falta de originalidad visual que la convierte en un producto genérico dentro del género de biografías musicales. La dirección es sólida en su ejecución técnica—los planos ensayan movimientos amplios para capturar la grandeza de los palacios y multitudes—, pero carece de personalidad propia, limitándose a transponer el lenguaje teatral al cinematográfico sin añadir capas de significado.

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El guión, adaptado por Joe DiPietro, simplifica la complejidad histórica para convertirla en fórmulas dramáticas manidas: el amor prohibido («Underestimated»), la presión mediática («Snap, Click»), y la lucha entre deber y pasión («You Do Your Duty»). La trama avanza como un tren de montaje emocional, saltando de un cliché a otro sin permitir que los personajes respiren fuera del guion. El momento en el que Diana rompe el cristal («Simply Breathe») es el único instante donde la película se permite una nota de crudeza realista, pero incluso este gesto queda atrapado en la mecánica del musical, transformando un acto desesperado en un número pirotécnico más.

La interpretación de Jeanna De Waal como Diana es lo más destacable del reparto. Su voz potente y su capacidad para transmitir vulnerabilidad y determinación encajan perfectamente con el tono del género, aunque a veces cae en la sobreactuación—especialmente en los momentos de mayor drama emocional—. Roe Hartrampf como Prince Charles y Erin Davie como Camilla Parker Bowles ofrecen interpretaciones sólidas pero carentes de matices, reducidas a arquetipos del drama romántico. Judy Kaye, quien interpreta tanto a la Reina Isabel II como a Barbara Cartland, roba algunas escenas con su presencia escénica y su voz característica, aunque su papel queda subutilizado, limitándose a momentos esporádicos que podrían haber dado más profundidad al conflicto institucional.

La música de David Bryan y Joe DiPietro es funcional pero olvidable, con canciones que rara vez elevan el material más allá del nivel esperado. La partitura carece de un tema memorable que pueda trascender la trama, y los números musicales—como «She Moves in the Most Modern Ways»—sufren por su ejecución coreográfica rígida y falta de frescura. El sonido, aunque bien mezclado, no logra destacar en ningún momento, quedando atrapado en la mediocridad del conjunto. La banda sonora se limita a acompañar el drama sin añadir capas de significado emocional o temático, lo que resulta en una experiencia auditiva plana.

El diseño de producción y los vestuarios son, sin embargo, puntos fuertes del filme. Los escenarios recrean con fidelidad los palacios y lugares emblemáticos de la vida de Diana, y los trajes—especialmente los icónicos vestidos de la princesa—son reproducidos con atención al detalle. Estos elementos visuales ayudan a sumergir al espectador en el mundo del musical, aunque su impacto se ve limitado por la falta de innovación en la dirección artística.

Donde la película sí acierta es en su fidelidad al género: Diana: The Musical cumple con las expectativas de un biopic romántico-histórico, pero nunca las supera. Su mayor defecto es la falta de ambición; se conforma con ser una adaptación fiel del musical original sin añadir ninguna perspectiva nueva o innovadora. La película podría haber explorado temas más profundos sobre la fama, el matrimonio arreglado y la salud mental, pero prefiere quedarse en la superficie, contentándose con repetir fórmulas conocidas.

El filme está claramente dirigido a un público familiar y a los aficionados al género musical, que disfrutarán de las canciones pegadizas y los momentos emotivos. Sin embargo, para quienes buscan una exploración más profunda de la vida de Diana o una narrativa cinematográfica innovadora, Diana: The Musical resultará decepcionante.

En comparación con otras adaptaciones musicales recientes—como The Prom (2020) o Tick, Tick… Boom! (2021)—la película se queda atrás en originalidad y profundidad emocional. Donde estas películas logran trascender el género con sus temas universales y direcciones audaces, Diana: The Musical se limita a seguir el manual del musical biográfico sin aportar nada nuevo.

En definitiva, Diana: The Musical es un producto competente pero olvidable, destinado a entretener sin dejar huella.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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