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Spencer: una princesa atrapada en su propio cuento oscuro

Martin Cid
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La cámara se arrastra por los pasillos de Sandringham, capturando el eco de pasos reales y el peso de las paredes que han visto décadas de secretos. Esta imagen inicial de Spencer (2021), dirigida por Pablo Larraín, es más que un establecimiento visual: es una declaración de intención. La película no quiere ser un biopic al uso, sino una inmersión psicológica en el infierno de la opulencia. Y desde ese primer plano, queda claro que Spencer será un viaje claustrofóbico, tanto por su dirección como por el personaje que lo habita: Diana (Kristen Stewart), atrapada entre los espejos dorados y las expectativas asfixiantes.

El filme se centra en esos días previos a la decisión de Diana de abandonar su matrimonio con el príncipe Carlos. La elección de Larraín para presentar esta historia como «un cuento de hadas basado en una tragedia real» es audaz, pero no siempre convincente. El director chileno, conocido por su trabajo en Jackie (2016) y Neruda (2016), aplica aquí su estilo característico: planos largos que exploran el espacio como reflejo del estado mental de sus protagonistas, una fotografía saturada de significados ocultos, y un ritmo deliberadamente fragmentado. Sin embargo, donde en Jackie esta técnica servía para capturar la histeria controlada de Jackie Kennedy, aquí a veces resulta excesiva, como si Larraín estuviera más preocupado por la forma que por el fondo.

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El mayor acierto de Spencer es su enfoque en la psicología de Diana. Stewart, en una actuación contenida pero eléctrica, captura la soledad y la determinación de un personaje atrapado entre el deber y la libertad. Su interpretación es física: los gestos nerviosos, las miradas perdidas hacia ventanas que no conducen a ninguna parte, el modo en que se encoge cuando entra en una habitación llena de royals. Es una Diana que no llora, sino que se desmorona por dentro, y esa contención es lo que la hace tan poderosa. La escena del espejo, donde Diana se mira fijamente mientras la cámara gira a su alrededor, es un momento de pura cinematografía psicológica: vemos cómo el reflejo distorsiona su imagen, como si el propio palacio estuviera reescribiendo quién es.

Pero Spencer tropieza en su estructura narrativa. La decisión de Larraín para fragmentar la historia con flashbacks y secuencias oníricas a veces resulta confusa, diluyendo el impacto emocional que podría haber tenido una línea temporal más coherente. El guión de Steven Knight (creador de Peaky Blinders) tiene momentos brillantes—los diálogos entre Diana y su secretaria privada, la tensión en las cenas familiares—but también cae en clichés del drama histórico, como la escena del pavo asado, que parece más un ejercicio de estilo que una contribución a la trama.

El reparto secundario, aunque competente, no logra elevar el material tanto como debería. Timothy Spall como el mayor Alistair Gregory aporta matices interesantes, pero su personaje permanece en segundo plano frente a la presencia dominante de Stewart. Sally Hawkins, en el papel de Maggie, la vestuarista y confidente de Diana, roba algunas escenas con su calidez y humanidad contrastante. Pero donde la película realmente falla es en su tratamiento de los otros miembros de la familia real: Charles (Jack Farthing) y la reina (Stella Gonet) son caricaturas de crueldad calculada, sin matices que los hagan creíbles más allá de sus roles como antagonistas.

La fotografía de Claire Mathon es impresionante. Los planos de los paisajes desolados de Norfolk contrastan perfectamente con la rigidez de los interiores reales, y hay momentos—como la secuencia del paseo en coche por el bosque—donde la luz parece filtrarse a través de las hojas como una metáfora visual de la libertad que Diana anhela. Pero incluso aquí, la dirección de Larraín es desigual: algunos planos son tan estilizados que distraen más de lo que iluminan.

Spencer es un filme que oscila entre lo sublime y lo superficial. Su mayor logro es la actuación de Kristen Stewart, que merece todo el reconocimiento. Sin embargo, las decisiones estilísticas de Larraín y las inconsistencias en el guión impiden que la película alcance su pleno potencial. Es una obra dirigida a quienes buscan una reinterpretación artística de un personaje histórico, más que a los amantes del drama tradicional.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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