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Master»: una mirada desgarradora al racismo institucional

Martin Cid
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La primera vez que vemos a Gail Bishop (Regina Hall) en Master (2022), está de pie frente a un espejo empañado, su reflejo distorsionado por el vapor. Es una imagen sencilla, pero cargada de simbolismo: Gail, una profesora negra recién llegada a un elitista colegio universitario de Nueva Inglaterra, ya siente la presión de no encajar. La directora Mariama Diallo utiliza este momento para establecer uno de los temas centrales de su película—la disonancia entre la identidad personal y las expectativas institucionales.

El campus en sí es un personaje más, con sus edificios de ladrillo rojo y pasillos interminables que parecen cerrarse sobre Gail y Jasmine Moore (Zoë Renee), una estudiante que también lucha por encontrar su lugar. La cinematografía de Charlotte Hornsby, con sus planos amplios y ángulos muertos, refuerza esta sensación de claustrofobia. Las sombras se alargan como dedos acusadores, y los espacios abiertos—como el patio central o la biblioteca—se sienten tan opresivos como las habitaciones más pequeñas.

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Diallo no se conforma con el horror tradicional. En lugar de simplemente asustar al público, utiliza el género para explorar temas más profundos: el gaslighting institucional, la invisibilidad racial y el trauma histórico. La película está ambientada en un colegio construido sobre un antiguo cadalso de la época de Salem, y esta historia no es meramente decorativa. Las manifestaciones sobrenaturales—fantasmas, posesiones, apariciones—son metáforas de cómo el pasado nunca realmente desaparece.

El guion, escrito por Diallo, entrelaza tres historias: la de Gail, la de Jasmine y una tercera centrada en Liv Beckman (Amber Gray), otra mujer negra que enfrenta su propio conjunto de desafíos. Esta estructura permite a la película explorar diferentes facetas del mismo tema, pero también es su talón de Aquiles. Las transiciones entre las líneas argumentales pueden sentirse abruptas, y algunas subtramas—como la relación entre Liv y su compañera de habitación (Talia Ryder)—carecen del desarrollo necesario para generar un impacto emocional genuino.

A pesar de estos problemas, Master tiene mucho a su favor. Regina Hall ofrece una interpretación matizada y poderosa como Gail Bishop. Su actuación captura la frustración y el agotamiento de alguien que lucha contra sistemas opresivos tanto humanos como sobrenaturales. Zoë Renee, como Jasmine, también destaca, aunque su arco narrativo se siente algo truncado.

La dirección de Diallo es segura y confiada, especialmente en las escenas de horror. La secuencia del ritual de iniciación en el bosque, por ejemplo, es un ejemplo de cómo el horror puede ser tanto visualmente impactante como narrativamente coherente. El sonido también juega un papel crucial: los susurros distorsionados, los pasos resonantes y la música de Robin Carolan crean una atmósfera inquietante que persiste incluso en los momentos más tranquilos.

Master no es una película perfecta, pero es ambiciosa y necesaria. Es una exploración del horror desde una perspectiva racial y de género que va más allá de los tropos tradicionales. La película se dirige a un público que busca algo más que sustos baratos—aquellos dispuestos a sumergirse en una narrativa compleja y multifacética.

Comparada con otras películas de terror recientes, Master destaca por su enfoque temático. Mientras que The Killer (2023) de David Fincher se centra en la venganza y la violencia, o Madame Web (2024) explora el destino y la conexión humana a través del género de superhéroes, Master utiliza el horror para examinar las estructuras de poder y la identidad. Esta profundidad temática es lo que la distingue.

Sin embargo, no está exenta de defectos. La estructura narrativa, aunque innovadora, puede ser confusa en ocasiones. Los saltos entre las diferentes líneas argumentales a veces carecen de fluidez, lo que puede dificultar la conexión emocional con los personajes. Además, algunos diálogos se sienten forzados o poco naturales, lo que rompe la inmersión en ciertos momentos.

A pesar de estas críticas, Master logra algo importante: utiliza el horror para hablar de temas relevantes y urgentes. La película no solo asusta, sino que también hace reflexionar. Es una obra que invita a discutir sobre raza, género y poder, y eso la convierte en una contribución valiosa al género.

En términos de puntuación, Master obtiene un 6.5/10. La dirección (1) es sólida, con momentos de verdadero impacto visual y emocional. La historia (2), aunque ambiciosa, adolece de una estructura narrativa que a veces se siente desequilibrada. Las actuaciones (2) son generalmente fuertes, especialmente las de Regina Hall y Zoë Renee. La originalidad (1) es uno de los puntos más altos de la película, ya que su enfoque temático la distingue de otras películas de terror. Finalmente, el ajuste al género (1) es adecuado, aunque no siempre innovador.

MCM Score: 6.5/10 — craft 1 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 1.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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