Cine

Role Play»: el estilo no salva la trama vacía

Alice Lange
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La primera escena de Role Play (2023) es un espejo roto: por un lado, Kaley Cuoco como Emma, madre de suburbio neoyorquino, abrocha el abrigo a sus hijos con una sonrisa cansada; por otro, esa misma mujer ajusta el silenciador de su pistola en un callejón oscuro. Thomas Vincent, director del filme, juega aquí con la dualidad visual —luz cálida vs. sombra helada—, pero es el único momento donde el estilo supera al contenido. La película, producida por Cuoco y Andrew Rona, se lanza entonces a una carrera de obstáculos narrativa que nunca encuentra su ritmo.

El high concept —una asesina doméstica cuyo marido descubre su doble vida durante un juego de roles eróticos— es tan prometedor como el menú de un restaurante caro: atractivo en teoría, pero insulso en la práctica. El problema no es la premisa, sino cómo Vincent la desarrolla. La secuencia clave del hotel —donde Dave (David Oyelowo) y Emma «se conocen» como desconocidos— debería ser un tour de force de tensión y comedia negra. Sin embargo, el director opta por planos fijos y diálogos expositivos («¿Eres… alguien más?», pregunta Oyelowo con una entonación que suena a guión leído frente a un espejo). La escena pierde toda credibilidad cuando Emma, tras descubrir que Bob (Bill Nighy) la ha reconocido, se limita a envenenar su scotch con una pastilla: un giro tan abrupto como anticlimático.

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Donde Role Play sí encuentra su voz es en el reparto secundario. Bill Nighy roba cada escena como Bob, un asesino jubilado que reconoce a Emma en la barra del hotel. Su interpretación —una mezcla de amenaza velada y humor absurdo— es lo más cercano que la película tiene a una performance memorable. Nighy convierte líneas como «Trabajamos en el mismo negocio» en un juego de palabras cargado de dobles sentidos, demostrando cómo incluso un diálogo mediocre puede brillar con el actor adecuado.

Connie Nielsen, como Gwen Carver, también destaca. Su entrada en escena —interrumpiendo el interrogatorio policial a Dave— es uno de los pocos momentos donde la dirección muestra cierta audacia visual: un primer plano de Nielsen mientras desliza una foto de Emma bajo la luz fluorescente, revelando su identidad secreta. La actriz transmite autoridad fría y calculadora, pero también una pizca de humanidad cuando menciona que «conoció» a Emma en otra vida. Es un recordatorio de lo que Role Play podría haber sido: un thriller psicológico sobre lealtades divididas.

El mayor defecto del filme es su estructura desequilibrada. El primer acto se arrastra con diálogos expositivos y escenas familiares que intentan, sin éxito, humanizar a Emma. La secuencia donde Dave descubre los pasaportes falsos y armas de su esposa —un cliché del género— carece de peso emocional porque el espectador nunca ha visto a esta pareja interactuar como un matrimonio real. El segundo acto mejora ligeramente con la llegada de Nielsen y Nighy, pero el tercer acto se derrumba en una persecución por Berlín que carece de ritmo o inventiva.

La escena final —una pelea en un almacén donde Emma salva a Dave— es un ejemplo perfecto de lo que falla en Role Play. La coreografía de la acción es convencional (cortes rápidos, planos subjetivos genéricos), y el diálogo durante la lucha («No soy quien crees», grita Emma mientras esquiva balas) suena a guionista forzando un cliffhanger para una secuela. La resolución, donde Emma promete dejar su vida criminal pero sin consecuencias reales para los villanos (el grupo Sovereign), subraya la falta de coherencia temática del filme.

Role Play también falla en su intento de equilibrar géneros. Como comedia romántica, carece de química entre Cuoco y Oyelowo —sus escenas íntimas se sienten incómodas más que apasionadas—. Como thriller de acción, le faltan stakes: nunca sentimos que Emma o Dave estén en verdadero peligro porque los antagonistas (los miembros de Sovereign) son arquetipos sin profundidad. Y como sátira de la vida suburbana, es demasiado tímida: las escenas familiares —Emma horneando galletas mientras piensa en su próximo asesinato— podrían haber sido una crítica mordaz al «ideal» doméstico, pero se quedan en un setup cómodo.

El filme está claramente dirigido a fans del género action-comedy, pero incluso para ese público, ofrece poco nuevo. Comparado con Mr. & Mrs. Smith (2005), donde la tensión marital y el humor negro estaban equilibrados por una dirección audaz, Role Play es un ejercicio en segundas partes. Donde Tarantino usaba planos creativos y diálogos afilados para explorar la dinámica de poder entre sus protagonistas, Vincent se conforma con una narrativa lineal y un tono vacilante.

MCM Score: 5.8/10 — craft 1 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 1.8

Role Play desperdicia el talento de su reparto en una historia que prefiere la conveniencia narrativa a la coherencia emocional. Hay momentos brillantes (Nighy, Nielsen), pero se ahogan en una dirección vacilante y un guión que confunde «originalidad» con «descarado». Para los fans del género, puede ser un streaming aceptable; para el resto, es otra misión fallida.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Lucia Aliu — Caroline Brackett

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