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Un día para ella, un año para él: Greg Hsu y Angela Yuen en «Measure in Love»

Camille Lefèvre

Un muro de gravedad se alza en mitad del mar y parte el mundo en dos. En una orilla se levanta una metrópoli reluciente donde las horas transcurren al ritmo humano de siempre; en la otra se extiende una frontera desgastada donde un solo día al otro lado del agua se dilata hasta convertirse en un año entero. Esa asimetría es el motor de «Measure in Love», el primer largometraje del director hongkonés Benny Kung, y la razón por la que la película llega arrastrando a partes iguales curiosidad y recelo.

Kung reúne al astro taiwanés Greg Hsu y a la actriz hongkonesa Angela Yuen como amantes cuyos relojes se niegan a marchar acompasados. Yuen interpreta a Ann-Jean, una médica residente que cruza el muro con un equipo de ayuda sanitaria hacia la zona más pobre; Hsu es el chico que se enamora de ella en esa primera visita y que envejece un año entero por cada día que ella pasa lejos. Cada reencuentro se lo devuelve mayor —un niño, luego un joven, después un hombre— mientras ella apenas ha cambiado.

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La premisa pertenece a un linaje resistente de la ciencia ficción, el romance relativista, en el que es la física, y no las circunstancias, la que separa a dos personas. Lo que distingue un poco a la versión de Kung es su geografía social. La próspera Zona Aurora y la famélica Zona Perenne no son solo dos escenarios, sino dos economías del tiempo, y el muro que las separa se lee tanto como frontera cuanto como barrera: una línea que reparte a la gente entre el carril rápido de la abundancia y el paso lento de la escasez.

Conviene dejar clara la estirpe del proyecto. Kung, durante años presente en los rodajes de Hong Kong como ayudante de dirección, se estrena aquí tras las cámaras, y firma el guion junto a Sylvia Chang, una de las actrices-cineastas más longevas del cine en lengua china, y a la escritora Bernyce Li. La producción surge del mismo círculo creativo que el reciente taquillazo hongkonés «Twilight of the Warriors: Walled In» y cuenta con el respaldo del Fondo de Desarrollo Cinematográfico de Hong Kong. La intención es inequívoca: un espectáculo de género de gran escala, guiado por la imagen, dirigido a un público regional que todavía acude a lo original.

Para un debut, el reto formal no es menor, porque la idea central es, en el fondo, un problema de montaje. Una historia de amor narrada a través de tiempos desiguales solo puede construirse en el corte: cada fundido entre el día de ella y el año de él es el punto donde la emoción aterriza o se evapora, y el ritmo de esos saltos es lo más parecido a un argumento que tiene la película. Cuando el montaje de su envejecimiento funciona, el muro deja de ser un truco y se vuelve una medida de la pérdida; cuando no, la idea se queda en pantalla como un pagaré sin cubrir.

Esa ambición es también donde la película ha encontrado su resistencia más aguda. Las primeras críticas de su paso por festivales fueron a menudo severas, elogiando la superficie y reprochando los cimientos. Una reseña despachó el planteamiento como «criminalmente poco desarrollado» y la trama como «inexplicablemente ilógica», un concepto que evoca la maquinaria inhumana de una sociedad de dos velocidades sin encontrar gran cosa que decir al respecto. Las reglas del desfase temporal se esbozan de pasada y ceden en cuanto se las presiona. Una premisa tan audaz le pide mucho al melodrama, y no todos los espectadores han salido convencidos de que el sentimiento esté a la altura de la física.

Lo que no se discute es el oficio. «Measure in Love» está rodada con evidente cuidado y se apoya en su dirección artística y en sus dos protagonistas para sostener un romance contado en calendarios desiguales. Hsu, ídolo en todo el mundo de habla china, tiene que crecer dentro del relato, en un papel que envejece de la infancia a la madurez en el lapso de unas pocas visitas de la médica; Yuen sostiene el centro como el punto fijo desde el que se miden todos los años de él. La película apuesta a que dos rostros y una idea nítida pueden llevar al público más allá de los agujeros de su lógica.

Greg Hsu shown at several ages beside the gravity wall in Measure in Love
Greg Hsu ages along the gravity wall in Measure in Love (2025)

No es una apuesta descabellada. El romance de alto concepto es de los pocos géneros que aún cruzan fronteras sin una franquicia detrás, y una historia reducible a una sola línea aprehensible —un día aquí, un año allá— viaja como gancho aunque la crítica se resista. La presencia de Chang le da al proyecto un peso propio, y el estrellato regional de Hsu casi garantiza un público lo bastante curioso como para poner la premisa a prueba. Si además los conmueve es la pregunta que todo amor imposible acaba teniendo que responder.

«Measure in Love» —他年她日 en su título original— se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Busan y llegó a las salas de Hong Kong y Taiwán durante el Festival del Medio Otoño el pasado otoño, antes de recorrer China continental, Corea del Sur y el Far East Film Festival de Udine, en Italia. Llega a los cines japoneses el 4 de septiembre, con estreno en el Cinemart Shinjuku antes de una expansión nacional bajo el título «僕の一年、君の一日». De momento no hay estreno confirmado en España ni en los mercados de habla inglesa.

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