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Nakache y Toledano reducen «Juste une illusion» a lo que ve un niño de doce años

Molly Se-kyung

La cámara nunca ve más que Vincent. Olivier Nakache y Éric Toledano, el dúo de guionistas y directores detrás de los mayores éxitos populares del cine francés, han construido su nueva película alrededor de la mirada de un niño de doce años y se niegan a salir de ella. Por qué discuten los padres, de qué huye el hermano mayor, por qué un hogar que ríe tanto parece deshacerse en silencio: todo llega solo en los fragmentos que a un niño se le permite atrapar.

«Juste une illusion» sigue a un niño, Vincent Dayan, por un bloque de la periferia parisina donde el cariño y el desasosiego comparten las mismas habitaciones. Reúne una primera amistad, un primer amor y la sospecha creciente de que el mundo adulto funciona con acuerdos que nadie quiere explicarle. Es el relato más contenido que han rodado los dos cineastas, y el más expuesto. Aquí no hay reparto coral tras el que resguardarse, solo un niño y quienes lo rodean.

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El reparto funciona como declaración de tono. Louis Garrel interpreta al padre, Yves, con el encanto distraído de quien finge una ligereza que no siente. Camille Cottin encarna a la madre, Sandrine, como alguien que sostiene la casa a pura atención. Ninguno está escrito como villano ni como mártir; la película los mantiene a esa distancia legible y a la vez opaca que un niño vive de verdad. Simon Boublil, como Vincent, sostiene el filme desde dentro de esa brecha, con Pierre Lottin y Alexis Rosenstiehl completando una familia que se comporta como tal, tierna y áspera al mismo tiempo.

Nakache y Toledano se hicieron un nombre con comedias corales que convierten el roce social en calidez, ya fuese la discapacidad, la clase o el trabajo, siempre con un grupo de personajes para repartir la carga emocional. «Juste une illusion» desmonta ese método. Ambientada en 1985, en la Francia de la infancia de los directores, cambia la red de seguridad del grupo por el punto de vista único y poco fiable de un crío que aún no sabe de cuáles de sus recuerdos fiarse. La textura de época, los coches, las camisetas de fútbol, las torres de hormigón, está calibrada a la altura de un niño, no de un nostálgico.

Alrededor de Vincent, la película construye la pequeña economía de una infancia: un mejor amigo, un primer amor, un chico mayor al que imitar, un barrio que parece el mundo entero. Pierre Lottin aparece como Étienne Berger, una de esas figuras algo mayores que un niño de doce años estudia para adivinar en quién convertirse. Las amistades cargan con la comedia, y también con el argumento del filme: la intensidad de los sentimientos de la infancia es real, aun cuando el mundo al que se dirigen resulta más pequeño de lo que parecía. Nakache y Toledano ruedan estas escenas a la carrera y luego las cortan en seco, de modo que la risa siempre engancha con algo más triste.

En su construcción, la película se apoya en la retención. Las escenas cortan un instante antes de que el drama adulto se resuelva. Las conversaciones ocurren en el borde de lo que Vincent alcanza a oír. La cámara se queda a su altura, de modo que los adultos aparecen a menudo en contrapicado, poderosos e ilegibles. Al espectador le toca reconstruir la historia de los padres con los mismos indicios parciales que tiene el niño. Es una disciplina formal genuina, y la señal más clara de que los directores buscaban algo más afilado que unas memorias amables.

El título nombra una idea que la película no deja de rodear: que la esperanza de cambiar el mundo, sentida con más fuerza en la infancia, quizá fuera solo una ilusión. Nakache y Toledano juegan esa idea primero como comedia y después como melancolía. Los chistes pertenecen al niño; el dolor que hay debajo pertenece al adulto en que se convertirá, cargado de un saber que Vincent todavía no alcanza. Ese doble registro, gracioso en el momento y triste a posteriori, es la apuesta central del filme, y depende de que el rostro de Boublil sostenga ambos a la vez.

Two brothers play-fight on the floor in a scene from Just an Illusion, 2026
The Dayan brothers in Just an Illusion (2026)

Es también donde la película queda más expuesta. La ternura del dúo siempre ha tirado hacia lo cálido, y un relato de aprendizaje filtrado por la propia nostalgia de sus autores puede resbalar de la observación a la complacencia con su propio pasado. La película deja el matrimonio de los padres explicado a medias, una decisión que suena honesta desde la mirada del niño pero que también puede leerse como un guion que rehúye el trabajo adulto más difícil. No zanja si su versión de aquella década es un lugar real o un palacio de la memoria.

«Juste une illusion» dura 119 minutos y se plantea como comedia dramática, escrita y dirigida por Nakache y Toledano y encabezada por Garrel, Cottin y Boublil junto a Lottin y Rosenstiehl. Tras estrenarse en las salas francesas en primavera y llegar a los cines del Reino Unido el 11 de septiembre, la película llega a España el 13 de noviembre de 2026.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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