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Evil Dead Rise: el horror familiar más visceral y sangriento de la saga

Martin Cid
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La sangre salpica el suelo del apartamento de Los Ángeles mientras Ellie, poseída por un demonio ancestral, se abalanza sobre su hermana Beth con una furia primal. Esta imagen, brutal y visceral, define el tono de Evil Dead Rise: un horror doméstico que lleva la violencia gore a niveles casi operísticos. Dirigida por Lee Cronin, esta quinta entrega de la franquicia abandona los bosques remotos para encerrar a sus personajes en un escenario claustrofóbico, donde la familia se convierte en el campo de batalla perfecto para una lucha contra lo sobrenatural.

La premisa es simple pero efectiva: dos hermanas distanciadas, Beth (Lily Sullivan) y Ellie (Alyssa Sutherland), se reencuentran bajo circunstancias menos que ideales. La tensión entre ellas es palpable desde el primer encuentro, y Cronin utiliza este conflicto emocional como combustible para la narrativa. El guión no pierde tiempo en desarrollar la amenaza sobrenatural; apenas minutos después de descubrir un libro maldito escondido en el apartamento, los demonios —Deadites— comienzan su macabro trabajo. La secuencia del terremoto que revela el pasadizo oculto es particularmente destacable por cómo combina efectos prácticos con una dirección ágil que mantiene la tensión.

Donde Evil Dead Rise sobresale es en su ejecución técnica. Los efectos de maquillaje y gore son impresionantes, recordando a los clásicos de los 80 pero con un pulido moderno. La escena en la que Ellie, poseída, se desgarra la carne para revelar una sonrisa demoníaca está filmada con una cámara temblorosa que acentúa el horror corporal sin caer en lo grotesco por el gusto de serlo. La fotografía de Mark Ellis contribuye a crear una atmósfera opresiva, utilizando sombras y ángulos cerrados para enfatizar la claustrofobia del apartamento.

El filme se beneficia de un diseño de producción meticuloso que transforma el espacio doméstico en un laberinto de terror. Cada rincón del apartamento parece esconder una amenaza, y Cronin juega con esta idea mediante planos largos que exploran los pasillos y habitaciones antes de revelar la presencia demoníaca. La música de Andrew Koji también merece mención: su puntuación minimalista pero efectiva utiliza silbidos agudos y percusiones guturales para construir una sensación de inminencia, incluso en los momentos más tranquilos.

Sin embargo, el guion tropieza en su intento por equilibrar el terror con momentos de humor negro, un elemento que los críticos señalaron como inconsistente. Donde Evil Dead (2013) lograba mezclar lo siniestro con lo absurdo, Rise cae en chistes forzados que rompen la inmersión. La dinámica entre los niños y Beth tiene sus momentos —especialmente el personaje de Danny (Morgan Davies), quien aporta un toque de ingenio adolescente—, pero el tono oscila demasiado entre lo serio y lo cómico, diluyendo el impacto emocional.

La actuación de Alyssa Sutherland como Ellie es el corazón del filme. Su transformación de madre cansada a demonio poseído es creíble y aterradora, gracias en gran parte al trabajo físico exigente que el papel requiere. Sutherland se sumerge por completo en el personaje, utilizando su voz para crear un contraste perturbador entre la ternura maternal y el rugido demoníaco. Lily Sullivan, por su parte, logra transmitir la desesperación de Beth sin caer en lo melodramático, aunque su personaje a veces queda opacado por la fuerza bruta del guion.

El filme funciona mejor como un ejercicio de terror puro que como una reflexión sobre la familia o la maternidad, temas que se mencionan pero nunca se exploran en profundidad. La idea de que los demonios se alimenten de las relaciones familiares es interesante, pero el guion no aprovecha este potencial para ofrecer una crítica social más profunda. En cambio, se conforma con usar el conflicto entre Beth y Ellie como un mero dispositivo narrativo, perdiendo la oportunidad de añadir capas temáticas a la historia.

Evil Dead Rise está dirigido claramente a los fans de la franquicia que anhelan el gore visceral y la acción frenética. Sin embargo, también tiene algo que ofrecer a los nuevos espectadores: una trama autosuficiente que no requiere conocimiento previo de las películas anteriores. La inclusión de elementos como el Naturom Demonto (el libro maldito) sirve tanto para conectar con la mitología establecida como para introducir a los recién llegados en el universo.

La película también merece reconocimiento por su enfoque práctico en los efectos especiales, un rasgo que la distingue en una era dominada por el CGI. La escena del deadite colgando de las vigas del techo, por ejemplo, utiliza marionetas y prótesis que recuerdan a los clásicos de Sam Raimi. Esta atención al detalle artesanal es especialmente apreciable para los puristas del género.

En comparación con otras entradas recientes en el género del horror sobrenatural, Evil Dead Rise se destaca por su ritmo implacable. No hay tiempo muerto entre las secuencias de terror; una vez que los demonios aparecen, la película no da tregua. Esto contrasta con producciones más recientes como The Conjuring: The Devil Made Me Do It, que priorizan el suspense sobre el susto inmediato.

La decisión de ambientar la historia en un apartamento urbano en lugar de un bosque remoto es tanto una fortaleza como una debilidad. Por un lado, limita las posibilidades visuales y narrativas al reducir el escenario a un solo espacio. Pero por otro lado, esta elección permite explorar temas de aislamiento y vulnerabilidad que son universales. La idea de que el mal pueda esconderse en nuestro propio hogar es inquietante, y Cronin aprovecha esto para crear momentos de tensión genuinamente angustiantes.

La secuencia del clímax, donde Beth intenta escapar con los niños mientras Ellie se transforma completamente en un monstruo, es particularmente efectiva. Aquí, la dirección de Cronin alcanza su punto más alto: la cámara se mueve entre los personajes atrapados y la amenaza que avanza, utilizando primeros planos para enfatizar el terror en sus rostros. La edición rápida y los cortes brutales refuerzan la sensación de caos, haciendo que el espectador casi pueda sentir el pánico de Beth.

Sin embargo, no todo es perfecto. El guion comete algunos errores de continuidad y lógica que distraen del flujo narrativo. Por ejemplo, la facilidad con la que los personajes ignoran las advertencias sobre el libro maldito o su incapacidad para encontrar una solución más creativa a sus problemas (como simplemente salir del edificio) estiran la suspensión de la incredulidad hasta el límite.

La película también peca de predecible en algunos momentos. Los giros y revelaciones no logran sorprender, y el tercer acto sigue un camino demasiado familiar para los aficionados al género. Esto no significa que sea aburrida; de hecho, el ritmo nunca decae. Pero sí hace que la experiencia carezca del impacto emocional duradero que podrían haber logrado con una narrativa más audaz.

Evil Dead Rise es, en esencia, un homenaje a los clásicos del horror de los 80 y 90, pero actualizado con técnicas modernas. No intenta reinventar la rueda, sino perfeccionarla. Para los fans de la franquicia, será una experiencia emocionante que reafirma lo mejor de Evil Dead: su capacidad para combinar terror visceral con momentos de humor negro. Para los nuevos espectadores, es una introducción efectiva al universo, aunque no tan memorable como otras películas del género.

En un panorama cinematográfico dominado por remakes y secuelas interminables, Evil Dead Rise se siente fresca y auténtica en su enfoque. No busca ser profunda o filosófica; solo quiere asustar y entretener, y lo logra con creces.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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