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Prey: una protagonista memorable no salva su identidad dividida

Martin Cid
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La escena inicial de Prey (2022), donde Naru, una joven guerrera Comanche, observa unas luces extrañas en el cielo creyendo que son un Thunderbird—un presagio en su cultura—, es uno de los momentos más intrigantes del filme. Dirigida por Dan Trachtenberg y protagonizada por Amber Midthunder, esta precuela de la franquicia Predator intenta reinventar el mito del cazador alienígena desde una perspectiva histórica y culturalmente auténtica. Sin embargo, a pesar de sus ambiciones, la película queda atrapada entre su deseo de honrar sus raíces y la necesidad de satisfacer las expectativas del género.

El mayor acierto de Prey es, sin duda, su enfoque en la protagonista. Amber Midthunder entrega una actuación poderosa como Naru, una mujer determinada a demostrar su valía como cazadora en una tribu donde los roles tradicionales favorecen a los hombres. Su evolución desde healer hasta guerrera es el núcleo emocional del filme, y Midthunder logra transmitir esa transformación con creces. La secuencia en la que Naru se enfrenta al oso grizzly es un ejemplo perfecto: su vulnerabilidad física contrasta con su determinación mental, creando un momento tenso y visceral. Además, la película merece elogios por su autenticidad cultural. El hecho de que gran parte del diálogo esté en Comanche—algo inédito hasta ahora—no solo añade realismo, sino que también subraya el respeto de la producción hacia la cultura indígena.

Sin embargo, Prey tropieza en varios frentes. El ritmo es uno de ellos. La primera mitad de la película avanza con lentitud, casi como un drama histórico, mientras que la segunda parte se precipita en una sucesión de escenas de acción que, aunque bien coreografiadas, carecen de la profundidad narrativa necesaria para mantener el interés. Trachtenberg, conocido por su trabajo en 10 Cloverfield Lane, demuestra habilidad técnica, especialmente en los planos aéreos y las secuencias de persecución, pero su dirección no siempre logra equilibrar el tono entre lo sobrenatural y lo histórico.

El guion, escrito por Patrick Aison y Trachtenberg, intenta explorar temas como la identidad cultural, la superación personal y el conflicto entre tradición y modernidad. Naru representa a una generación joven que desafía las normas establecidas, mientras que el depredador funciona como un símbolo de lo desconocido y lo aterrador. Sin embargo, estas ideas no se desarrollan con la profundidad necesaria para resonar realmente. La trama con los franceses, aunque interesante como elemento de conflicto, se resuelve de manera apresurada, dejando cabos sueltos que podrían haber enriquecido el arco de Naru.

El diseño del depredador es otro punto conflictivo. Aunque Dane DiLiegro hace un trabajo admirable interpretando al alienígena, el diseño visual no aporta nada nuevo a la franquicia. Es un Predator estándar con armas retrofuturistas, lo que lo convierte en un villano eficaz pero predecible. La banda sonora de Sarah Schachner, por otro lado, es uno de los aspectos más destacados del filme. El tema principal, extendido y atmosférico, eleva las secuencias de acción, creando un contrapunto entre lo ancestral y lo alienígena.

En comparación con otras películas de la saga Predator, Prey se sitúa en un terreno intermedio. No alcanza la intensidad del original de 1987 ni la complejidad temática de The Predator (2018), pero supera ampliamente a entregas como Predators (2010) en términos de autenticidad y coherencia narrativa. La película está claramente dirigida a los fans de la franquicia que buscan una nueva perspectiva, así como a aquellos interesados en el cine de acción con un enfoque histórico y cultural.

La dirección de Trachtenberg es sólida pero no innovadora. Su habilidad para crear tensión atmosférica es evidente, especialmente en las secuencias nocturnas donde el depredador acecha a sus víctimas. Sin embargo, su enfoque visual es convencional, sin arriesgarse a experimentar con técnicas narrativas o estilísticas que puedan diferenciarla de otras películas del género. La cinematografía, aunque competente, no logra destacar por sí misma.

La trama, aunque interesante en su premisa, adolece de una estructura narrativa desequilibrada. La primera mitad de la película se centra en el desarrollo de Naru y su lucha por ganarse el respeto de su tribu, mientras que la segunda mitad se convierte en un ejercicio de acción pura. Esta transición abrupta hace que la película pierda coherencia temática, diluyendo los temas centrales que intenta explorar.

En cuanto a las actuaciones, Amber Midthunder es sin duda el punto fuerte del reparto. Su interpretación de Naru es convincente y llena de matices, capaz de transmitir tanto la vulnerabilidad como la determinación de su personaje. El resto del elenco, aunque competente, no logra destacar de manera significativa.

El diseño de producción es otro aspecto destacable. Los escenarios naturales y las vestimentas históricamente precisas ayudan a sumergir al espectador en el mundo Comanche del siglo XVIII. Sin embargo, la integración de los elementos futuristas del depredador con este entorno histórico no siempre funciona, creando un contraste visual que puede resultar desconcertante.

La película también tiene problemas de ritmo. Los primeros actos se sienten lentos y predecibles, mientras que el tercero se convierte en una sucesión de escenas de acción que, aunque bien ejecutadas, carecen de la profundidad narrativa necesaria para mantener el interés. La transición entre estos dos tonos no está bien manejada, lo que hace que la película pierda coherencia temática.

En cuanto a su recepción crítica, Prey ha recibido opiniones mixtas. Algunos críticos han elogiado su enfoque cultural y la actuación de Midthunder, mientras que otros han criticado su ritmo desigual y su falta de originalidad en el diseño del depredador. En Rotten Tomatoes, la película tiene una puntuación de 6.7/10, con comentarios que destacan tanto sus aciertos como sus fallos.

Prey es claramente dirigida a los fans de la franquicia Predator que buscan una nueva perspectiva histórica y cultural. Sin embargo, también puede atraer a aquellos interesados en el cine de acción con un enfoque histórico y culturalmente auténtico. No es una película para todos los públicos, pero tiene suficiente mérito para justificar su existencia dentro del canon Predator.

En definitiva, Prey es una película competente pero no esencial dentro del canon Predator.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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