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*Knives out*: una sátira brillante contra la élite estadounidense

Martin Cid
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El cuerpo de Harlan Thrombey yace inmóvil sobre su cama de cuatro postes, la sangre formando un río carmesí que contrasta con las sábanas blancas. Su garganta, abierta como el corte limpio en una novela de misterio, es el primer acto de violencia en Knives Out (2019), pero no será el último. Dirigida por Rian Johnson, esta película no solo revive el género del whodunnit clásico, sino que lo actualiza con un escalpelo social que disecciona las entranas de la élite estadounidense. La escena inicial —un plano detalle de la herida, seguido de un corte seco a la familia reunida alrededor de la mesa del desayuno— establece el tono: elegante, irónico y profundamente incómodo.

Johnson, conocido por su trabajo en Looper y Star Wars: The Last Jedi, demuestra aquí su maestría para equilibrar el entretenimiento comercial con una narrativa inteligente. El guión, escrito por él mismo, rinde homenaje a las obras de Agatha Christie —especialmente a Asesinato en el Orient Express— pero trasciende el pastiche nostálgico al introducir temas contemporáneos como la inmigración, la guerra de clases y el abuso del privilegio. La película no solo pregunta «¿quién lo hizo?», sino también «¿por qué?» y «¿qué dice esto sobre nosotros?».

El elenco coral es uno de los puntos fuertes de Knives Out. Daniel Craig, irreconocible bajo su bigote y acento sureño, interpreta a Benoit Blanc, un detective privado con más astucia que recursos. Su actuación es una mezcla de carisma y sarcasmo, recordando a personajes como Hercule Poirot pero con un giro moderno: Blanc no es un genio infalible, sino un observador agudo que utiliza su inteligencia para manipular a otros hacia la verdad. Ana de Armas, en el papel de Marta Cabrera, la enfermera inmigrante indocumentada, aporta una humanidad necesaria al relato. Su escena de interrogatorio —donde cada mentira le provoca náuseas— es un tour de force actoral y narrativo, combinando tensión física con profundidad emocional.

El resto del reparto está igualmente bien elegido: Chris Evans como Ransom Drysdale, el nieto mimado; Jamie Lee Curtis como Linda Drysdale, la hija resentida; Michael Shannon como Walt Thrombey, el hijo amargado. Cada uno de estos personajes representa un aspecto diferente del privilegio blanco y sus consecuencias. Sin embargo, donde la película tropieza es en su tratamiento de algunos arcos secundarios. El personaje de Toni Collette (Joni Thrombey), por ejemplo, queda subdesarrollado a pesar de su potencial dramático. Su motivación para el crimen —aunque revelada con claridad— carece de la complejidad psicológica que justificaría sus acciones.

Técnicamente, Knives Out es impecable. La cinematografía de Steve Yedlin utiliza planos simétricos y una paleta de colores ricos (verdes profundos, dorados cálidos) para crear una atmósfera lujosa pero opresiva. El uso del color no solo refuerza el ambiente opulento de la mansión Thrombey, sino que también sirve como metáfora visual: los tonos fríos dominan en las escenas con Marta, reflejando su aislamiento y vulnerabilidad, mientras que los cálidos rodean a Harlan, enfatizando su estatus como patriarca benevolente.

La banda sonora de Nathan Johnson —compuesta por cuerdas clásicas mezcladas con ritmos modernos— merece mención especial. La música no solo acompaña las escenas de tensión, sino que también subraya los momentos de humor absurdo (como la secuencia del perro). Este equilibrio entre lo serio y lo cómico es uno de los mayores logros del film.

Donde Knives Out realmente brilla es en su estructura narrativa. Johnson revela el verdadero culpable —y sus motivos— en los primeros 20 minutos, pero el juego continúa. La película se transforma entonces en un estudio de cómo la verdad se distorsiona bajo presión: cada personaje miente no por astucia, sino por interés propio. Esta decisión audaz permite a Johnson explorar temas como la corrupción moral y la ética personal sin caer en clichés del género.

Comparada con otros whodunnits modernos —como The Nice Guys (2016) o Gosford Park (2001)— Knives Out se distingue por su enfoque contemporáneo en temas sociales. Donde Gosford Park exploraba la Inglaterra de posguerra, esta película examina el Estados Unidos actual, con sus desigualdades y contradicciones. La diferencia clave es que Johnson no juzga a sus personajes; más bien, los expone como víctimas de un sistema que premia la avaricia sobre la compasión.

El verdadero público objetivo de Knives Out es amplio: desde fans del género hasta espectadores casuales que buscan una experiencia cinematográfica inteligente pero accesible. El humor ácido y las referencias a clásicos como Clue o Murder on the Orient Express satisfacen a los puristas, mientras que el ritmo ágil y la acción visual mantienen enganchados incluso a quienes no son aficionados al misterio.

En términos de género, Knives Out encaja perfectamente dentro del moldes clásico del misterio con toques de comedia negra. La dirección de Johnson es segura, equilibrando el suspense con momentos de humor absurdo (como la escena del perro). Sin embargo, donde la película podría haber profundizado más es en su exploración de los temas sociales mencionados anteriormente. Aunque toca brevemente la inmigración y la desigualdad económica, no desarrolla estas ideas con la misma profundidad que su crítica al privilegio blanco.

La recepción crítica fue mayoritariamente positiva, con elogios hacia el guión inteligente, las actuaciones memorables y la dirección segura de Johnson. Sin embargo, algunos críticos señalaron que ciertos arcos argumentales podrían haberse desarrollado mejor —un punto válido dado el potencial dramático del material.

En resumen, Knives Out es una película que logra ser a la vez entretenida y pensativa, combinando el placer del whodunnit clásico con un análisis mordaz de la sociedad contemporánea.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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