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Righteous Thieves: promesa fallida de un heist sofisticado

Em Schaum

La secuencia de apertura de Righteous Thieves es un robo nocturno en el Museo del Prado: Annabel (Lisa Vidal), vestida de negro, se desliza entre las sombras mientras sus dedos enguantados rozan el marco de un Goya. La cámara de Anthony Nardolillo la sigue con precisión milimétrica, capturando cada movimiento calculado. Es una escena que promete tensión, elegancia y un pulso narrativo acelerado, pero rápidamente queda claro que esta película no puede mantener ese nivel.

Dirigida por Nardolillo en 2023, Righteous Thieves reúne a un elenco encabezado por Lisa Vidal, Cam Gigandet y Jaina Lee Ortiz. La trama sigue a Annabel, líder de una organización secreta dedicada a recuperar arte robado durante la Segunda Guerra Mundial, mientras recluta a un equipo diverso para robar cuatro pinturas maestras —un Monet, Picasso, Degas y Van Gogh— ahora en poder del oligarca neo-nazi Otto Huizen (Brian Cousins). La premisa es intrigante: una combinación de heist clásico, thriller político y drama histórico. Sin embargo, la ejecución adolece de inconsistencias que impiden que el filme alcance su potencial.

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Donde la película sí acierta es en el diseño de producción y la fotografía. Los planos de las obras de arte, especialmente cuando son reveladas o manipuladas por los personajes, tienen una calidad visual impresionante. La escena en la que el equipo descubre el verdadero motivo detrás de Annabel, por ejemplo, está bien construida, con un uso efectivo del sonido ambiente para aumentar la tensión. Nardolillo demuestra habilidad técnica en estos momentos, pero estas decisiones no compensan las deficiencias en otros aspectos fundamentales.

El mayor fallo es el desarrollo de los personajes. A pesar de tener un elenco competente, ningún miembro del reparto logra destacar. Vidal intenta darle profundidad a Annabel, pero su arco narrativo se siente forzado y poco convincente. Su motivación —recuperar las pinturas no solo por su valor histórico, sino por una conexión personal— podría haber sido explorada con más matices. En cambio, el guion opta por revelaciones abruptas que carecen de peso emocional. Gigandet, como Bruno, tiene algunos momentos interesantes, especialmente en su confrontación final con Huizen, pero incluso ahí la dirección actoral es irregular.

La estructura también tropieza. El ritmo es desigual: hay escenas de acción bien ejecutadas, como el robo inicial en el Prado, pero luego la película se estanca en diálogos expositionales que frenan el momentum. La revelación del motivo oculto de Annabel, aunque bien filmada, llega demasiado tarde y se siente como un dispositivo narrativo más que una conclusión orgánica. El guion comete el error de priorizar el espectáculo sobre la coherencia, lo que resulta en una trama que, a pesar de su premisa fascinante, se explora de manera superficial.

El filme intenta emular clásicos del género como Ocean’s Eleven o The Thomas Crown Affair, pero falla en crear un equipo memorable. La química entre los actores está ausente, y las dinámicas de grupo se sienten artificiales. Lucía (Jaina Lee Ortiz) y Nadia (Sasha Merci), por ejemplo, tienen potencial para una tensión romántica o rivalidad profesional, pero sus interacciones nunca van más allá del diálogo funcional. Eddie (Carlos Miranda) y Josef Goodman (Mitch Poulos) son personajes unidimensionales, reducidos a estereotipos del «hacker genio» y el «músculo sin cerebro».

El tema central —la recuperación de arte robado por nazis— es relevante y emocionalmente cargado, pero la película no aprovecha esta oportunidad. Hay oportunidades perdidas para conectar con el público a través del peso histórico del arte o las motivaciones personales de los personajes. En lugar de profundizar en la ética detrás del robo (¿es justo recuperar el arte por medios ilegales?), el guion se limita a justificar la misión de Annabel sin cuestionarla.

La dirección de Nardolillo es competente pero carente de identidad. Hay momentos en los que demuestra habilidad técnica, como en las secuencias de acción o los planos detallados de las obras de arte, pero le falta un estilo distintivo que eleve el material. Comparada con otros thrillers de heist recientes, como The Gentlemen (2019) o incluso Fast Five (2011), Righteous Thieves carece del equilibrio entre entretenimiento y profundidad que hace memorables a estas películas.

El público objetivo parece ser los aficionados al género, pero incluso ellos podrían sentirse decepcionados. Los fans de los clásicos de heist esperarán giros ingeniosos y personajes carismáticos, elementos que aquí brillan por su ausencia. Quienes busquen una reflexión sobre el arte y la historia tampoco encontrarán satisfacción, pues el filme prioriza la acción superficial sobre el análisis.

En términos de recepción crítica, Righteous Thieves ha obtenido reseñas mixtas. Variety la calificó como «un equipo poco convincente que se enfrenta a ladrones de arte nazis en una película de atraco de bajo nivel», mientras que otros críticos destacaron algunos aspectos técnicos pero criticaron la falta de originalidad y profundidad. En Rotten Tomatoes, su calificación refleja esta división: aunque hay quienes aprecian los esfuerzos visuales, la mayoría coincide en que el filme no logra destacar en un género saturado.

La banda sonora, compuesta por [nombre del compositor si está en el dossier], intenta compensar las deficiencias narrativas con una partitura emocionalmente cargada. Sin embargo, incluso aquí hay inconsistencias: mientras algunas pistas logran aumentar la tensión en las escenas de acción, otras se sienten fuera de lugar, como un intento desesperado por infundir drama donde no lo hay.

El diseño de sonido es otro aspecto que merece mención. En las secuencias clave, el uso del silencio y los sonidos ambientales —como el tictac de un reloj o el crujido de una puerta— funciona bien para crear suspense. Sin embargo, en otros momentos, la mezcla de audio es confusa, con diálogos que se pierden entre efectos de sonido innecesarios.

La cinematografía, a cargo de [nombre del director de fotografía si está en el dossier], es otro punto fuerte. La paleta de colores oscura y saturada contribuye a la atmósfera de misterio, y los planos detallados de las obras de arte añaden un nivel de elegancia visual que el guion no logra sostener. Sin embargo, hay momentos en los que la cámara se mueve de manera errática, especialmente durante las escenas de acción, lo que dificulta seguir la narrativa.

El vestuario y el diseño de producción son aspectos bien ejecutados. Los trajes de Annabel y su equipo reflejan sus personalidades —elegantes pero funcionales—, mientras que los lujosos interiores de Otto Huizen transmiten su poder y opulencia. Estos detalles visuales ayudan a sumergir al espectador en el mundo del filme, aunque no logran salvar las deficiencias en la trama o los personajes.

En cuanto a la representación, Righteous Thieves intenta diversificar su elenco con personajes femeninos fuertes como Annabel y Lucía, pero sus arcos narrativos quedan subutilizados. La película también aborda temas de justicia social y reparación histórica, pero lo hace de manera superficial. Hay un intento por explorar las consecuencias del robo de arte durante la Segunda Guerra Mundial, pero el enfoque se limita a justificar la misión de Annabel sin profundizar en las implicaciones más amplias.

La conclusión es decepcionante. El clímax, aunque técnicamente competente, carece del impacto emocional que debería tener. La revelación final sobre el verdadero motivo de Annabel llega demasiado tarde y se siente como un dispositivo narrativo más que una conclusión orgánica. El desenlace, en el que Otto mata a Bruno, es predecible y carece de la satisfacción catártica que uno espera de un thriller de heist.

En resumen, Righteous Thieves es una película que promete más de lo que puede ofrecer. Tiene momentos técnicos bien ejecutados —como la secuencia de apertura o los planos detallados del arte— pero estos no compensan las deficiencias en el guion, la dirección actoral y el desarrollo de personajes.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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