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Noise: una familia desgarrada por secretos

Martin Cid
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La escena inicial de Noise (2023) es un primer plano inquietante: Matthias (Ward Kerremans), influencer y padre recién estrenado, sosteniendo a su bebé Julius mientras sus ojos se desvían hacia una fotografía polvorienta en el ático. Esa imagen, congelada en el tiempo, no solo revela la obsesión de Matthias por descifrar los secretos de su familia, sino también el tono visual de toda la película: un juego constante entre lo oculto y lo visible, entre el silencio y el sonido perturbador que da título a la cinta. Dirigida por Steffen Geypens, esta mezcla de misterio, drama y thriller horadera en los secretos de una familia belga con la misma intensidad con la que Matthias escarba en el pasado de su padre, Pol (Johan Leysen), quien sufre demencia. Pero Noise no es solo una historia sobre revelaciones familiares; es un estudio sobre cómo el ruido—tanto literal como emocional—puede desgarrar a una persona y a sus relaciones.

El guión de Geypens juega inteligente con el concepto de noise. No se trata solo del sonido, sino de lo que interrumpe, distorsiona o enmascara. Matthias comienza su investigación armado con un grabador, como si pudiera capturar la verdad entre los ruidos blancos de la memoria deteriorada de su padre. La dirección de fotografía de Noise refuerza esta idea: planos cerrados donde el sonido parece asfixiar al personaje y otros abiertos donde el silencio se vuelve ensordecedor. Una secuencia particularmente efectiva es cuando Matthias revisa antiguas grabaciones de voz en su estudio; la pantalla está dividida entre imágenes actuales y fragmentos del pasado, con el sonido distorsionado creando una sensación claustrofóbica.

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El mayor acierto de Noise es su reparto. Sallie Harmsen como Liv, la esposa de Matthias, entrega una actuación contenida pero eléctrica. Su interpretación alcanza su punto más alto en la escena del comedor donde, tras descubrir que su marido ha cruzado una línea irreversible, su voz se quiebra y sus manos tiemblan mientras intenta mantener el control. Es un momento de vulnerabilidad cruda, uno de los pocos en los que el guión permite a Liv salir del papel de espectadora preocupada para convertirse en protagonista activa de su propia historia. Johan Leysen, por otro lado, roba cada escena compartida con su presencia imponente incluso en los momentos más confusos de su personaje. Su interpretación de Pol—alternando entre la lucidez momentánea y la confusión senil—es una lección de actuación económica pero poderosa.

Sin embargo, el mayor lastre de Noise es Ward Kerremans. Aunque su desempeño como Matthias es adecuado en los momentos más tranquilos de la película, flaquea cuando el peso emocional recae sobre sus hombros. En las escenas de mayor tensión, especialmente aquellas donde Matthias confronta a otros miembros de la familia o descubre secretos impactantes, su interpretación oscila entre lo convincente y lo forzado. Hay un momento, en particular, durante una discusión con Liv, donde Kerremans parece estar leyendo líneas en lugar de vivir el conflicto.

Donde la película tropieza es en su estructura. El ritmo es irregular: avanza a trompicones entre revelaciones impactantes y secuencias lentas que parecen relleno. La decisión de Geypens de incluir flashbacks dentro de flashbacks—mostrando al joven Pol (Simon D’Huyvetter)—es audaz, pero confunde más de lo que aclara. Hay un punto en el segundo acto donde el espectador puede perderse entre las diferentes líneas temporales y los personajes que aparecen y desaparecen sin una transición clara.

A nivel técnico, Noise tiene momentos brillantes. El sonido diseño es uno de sus mayores logros, con ecos y silencios que se convierten en personajes secundarios. Sin embargo, la banda sonora intrusiva en los momentos clave rompe la inmersión. Hay una escena, hacia el clímax de la película, donde un crescendo orquestal parece forzado, como si el director estuviera insistiendo demasiado en la emoción en lugar de dejar que los actores y la narrativa hablen por sí mismos.

Otro aspecto interesante es cómo Noise se posiciona dentro del género. No es una película de terror convencional, pero tampoco es un drama familiar tradicional. Se acerca más a un thriller psicológico, aunque con elementos sobrenaturales sutiles que podrían haber sido explorados con mayor profundidad. La atmósfera opresiva y el enfoque en los secretos familiares la acercan a películas como The Others (2001) de Alejandro Amenábar, pero le falta el giro final impactante que define ese tipo de cine.

En términos de audiencia, Noise parece dirigida a un público adulto que disfrute de narrativas complejas y personajes imperfectos. No es una película para espectadores casuales; requiere atención y paciencia para seguir las múltiples capas de la trama. Sin embargo, su enfoque en el trauma intergeneracional y cómo este se manifiesta en el noise—tanto físico como psicológico—es fresca dentro del género.

En conclusión, Noise no inventa la rueda, pero su exploración del trauma intergeneracional y cómo este se manifiesta en el noise es audaz. Aunque su ambición visual y sonora a veces supera sus limitaciones narrativas, hay suficiente sustancia aquí para mantener al espectador enganchado.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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