Cine

Sin aliento se hunde en una relación tóxica sin explicar por qué ella se queda

El drama francés de apnea de David M. Rosenthal (2022) se sostiene en Camille Rowe y en una tragedia real que esquiva.
Martha O'Hara
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Una película sobre apnea se topa desde el principio con un problema incómodo: el deporte consiste sobre todo en alguien quieto bajo el agua, y al cine le gusta moverse. Sin aliento nunca termina de decidir con cuál de las dos cosas se queda. El drama romántico francés de David M. Rosenthal, estrenado en Netflix, sigue a Roxana Aubrey (Camille Rowe), una estudiante que abandona sus estudios, deja París y se apunta a un curso de apnea en el sur de Francia. El mar tiene su parte de metraje, pero la película invierte sus fuerzas en las personas que Roxana conoce allí, y sobre todo en la que acaba reteniendo su atención.

La historia se inspira libremente en la muerte de la apneísta Audrey Mestre, que murió cuando intentaba batir un récord mundial, y la película insiste en que es ficción. Eso le da a Rosenthal margen para inventar. También hace que cada inmersión lleve consigo una pregunta cuya respuesta el espectador ya intuye a medias. El título francés, Sous emprise, apunta a la relación y no al agua. Roxana conoce a Pascal (Sofiane Zermani), y la película une su fascinación por las profundidades a su dependencia de él. El agua y Pascal tiran de ella en la misma dirección, hacia abajo y lejos de su vida anterior, y la película no deja de preguntarse cuánto le cuesta ese tirón.

Ese emparejamiento es la idea que el guion cuida más. Rosenthal no aparta la mirada del lado más oscuro de la pareja. Las escenas de sexo son directas y bastante explícitas, y la película muestra la parte física de la aventura sin demasiado pudor. Que eso aporte algo es otra cuestión. Pasión hay de sobra. A mí me faltó una razón clara de por qué Roxana se queda, y una historia de amor tóxico se sostiene o se hunde justo ahí. Sin esa razón, sus decisiones parecen cosas que el argumento necesita que haga y no cosas que haría ella.

Rowe es el centro de gravedad de la película. Interpreta a Roxana temeraria y frágil a la vez, y resulta convincente como la estudiante que se marcha de su vida anterior en París. Zermani tiene el papel más ingrato: Pascal está escrito como un encanto con una amenaza debajo, y el personaje le deja poco margen para otra cosa. Las escenas de ambos juntos son las que mantienen la atención. El resto del reparto está aprovechado con más cicatería. César Domboy hace de Tom, Zacharie Chasseriaud de Sacha, Laurent Fernandez de Stephane, Natalie Mitson de Naomi, Muriel Combeau de Juliette y Alexandre Poole de Joseph Archer. Se reúnen alrededor de Roxana, pero a mí me parecieron más gente con la que ella se cruza que personas con una mirada propia sobre lo que le ocurre.

La película pierde seguridad cuando intenta ser a la vez una historia deportiva y una historia de amor. Las inmersiones y las discusiones de la pareja encajan mal, y mi atención se dispersaba cada vez que la acción abandonaba el agua para volver a la vida en tierra firme. Los diálogos suelen decir lo que las imágenes ya han dejado claro. Los momentos emocionales llegan puntuales, de modo que quien haya visto un puñado de dramas sobre parejas adivinará buena parte de lo que viene. La pena hacia la que avanza el relato debería sentirse ganada, y con demasiada frecuencia se siente impuesta.

Las reseñas que he encontrado van del desprecio a la simpatía. Un veredicto de Rotten Tomatoes la despacha como una película decepcionante y aburrida. Es duro, aunque los tramos más flojos le dan cierta base. Otros la leen con más generosidad. Tarshi publicó un texto de ElsaMarie D’Silva titulado Descent into Darkness, que entiende la película como el relato de la trágica muerte de una joven apneísta y de la oscuridad que la rodea. Esa lectura me convence más que el desdén de una sola línea, porque lo más sólido que tiene la película es el deterioro lento de Roxana, no el espectáculo que lo envuelve. Conviene saber además que se trata de un drama oscuro y tenso, hablado en francés y disponible con subtítulos o doblaje.

Queda la cuestión de lo que la película toma prestado. La historia de Mestre es real, y Sin aliento se apoya en su peso mientras insiste en marcar distancia con los hechos. ¿Es lícito convertir una muerte real en un romance con un fondo hermoso? La película no responde, y ni siquiera parece darse cuenta de que se lo preguntan. Rosenthal parece haber decidido que llamarlo ficción basta como escudo. No estoy seguro de que baste, y la película nunca defiende su postura.

Sin aliento le da a Rowe un papel que ella defiende con convicción, y consigue que una relación oscura se sienta físicamente cercana. El argumento guarda pocas sorpresas y el reparto secundario tiene poco que hacer. Lo mejor son las escenas de Rowe y Zermani juntos, y lo peor, los momentos en que la película se detiene a explicarse. No mandaría a nadie a verla por el argumento. Sí la recomendaría por Rowe, y por las pocas escenas en que ella y Zermani se quedan a solas.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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