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**el legado de bond se ahoga en su propia complejidad**: veredicto decepcionante

Martin Cid
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El legado de Craig se hunde bajo su propio peso

El avión de Lyutsifer Safin (Rami Malek) estallando sobre la mansión de James Bond (Daniel Craig) en Jamaica es una imagen que, en teoría, debería ser icónica. Un espectáculo pirotécnico que promete acción, venganza y un final digno para el 007 interpretado por Craig. Sin embargo, esa promesa se desvanece entre las casi dos horas y media de metraje que la siguen.

No Time to Die (2021), dirigida por Cary Joji Fukunaga, es el epitafio cinematográfico de Daniel Craig como 007. El problema no es la ambición —la película tiene momentos audaces, como el prólogo en Matera o la secuencia de acción en Cuba— sino que esa misma ambición se traiciona a sí misma. Fukunaga intenta equilibrar un homenaje al clásico Bond con las aristas oscuras del Craig, pero el resultado es una criatura híbrida que no termina de convencer.

La trama, coescrita por Phoebe Waller-Bridge, es un collage de referencias a los 24 filmes anteriores. Lyutsifer Safin, con su vendetta personal y sus nanobots asesinos, parece salido de una convención de villanos memorables, pero Malek nunca logra imprimirle la presencia icónica que el papel exige. La película se pierde en un laberinto de flashbacks y revelaciones que, en lugar de añadir profundidad, solo generan confusión.

Donde No Time to Die sí triunfa es en su artesanía visual. Las secuencias de acción están coreografiadas con precisión quirúrgica —la persecución en el metro de Matera es un punto alto—, y la fotografía de Fukunaga captura una paleta de colores fríos que refuerzan el tono sombrío del filme. Hans Zimmer, al frente de la banda sonora, entrega una partitura que oscila entre lo épico y lo intimista, aunque no siempre logra elevar los momentos más emotivos.

El mayor pecado de la película es su falta de urgencia. A pesar de su título, hay poco time to die en esta misión final. La estructura se siente inflada, como si Fukunaga hubiera cedido a la tentación de incluir cada posible referencia o giro argumental. El resultado es una experiencia que oscila entre lo emocionante y lo redundante.

Craig, por su parte, ofrece un desempeño sólido pero no memorable. Su Bond ya no es el torpe rompecorazones de Casino Royale, ni el antiheroico antihéroe de Skyfall. Aquí, es un fantasma de sí mismo: un hombre envejecido que se resiste a dejar ir su pasado. Léa Seydoux y Lashana Lynch aportan matices interesantes como Madeleine Swann y Nomi respectivamente, pero sus arcos narrativos se pierden en el ruido.

Interpretaciones y dirección

Fukunaga intenta infundir un tono más personal en la franquicia, alejándose del estilo visual de los directores anteriores. Sin embargo, su enfoque no siempre encaja con el espíritu de Bond. La película oscila entre lo épico y lo íntimo sin encontrar un equilibrio coherente. El prólogo en Matera, por ejemplo, es una secuencia impresionante que establece un tono sombrío y personal, pero luego la película se pierde en una serie de set pieces genéricos.

La dirección de actores también es desigual. Craig y Seydoux tienen química, pero sus escenas juntas a menudo se sienten forzadas. Malek, por otro lado, nunca logra transmitir la amenaza que su personaje debería representar. Su interpretación carece del carisma necesario para hacer de Safin un villano memorable.

Temas y audiencia

No Time to Die explora temas como el envejecimiento, la redención y el legado, pero lo hace de manera superficial. La película intenta ser una reflexión sobre el paso del tiempo y el fin de una era, pero estos temas se pierden entre las explosiones y los giros argumentales. La audiencia objetivo parece ser tanto los fanáticos de Craig como los aficionados al Bond clásico, pero la película no logra satisfacer plenamente a ninguno de los dos grupos.

Comparación con otros filmes de Bond

En comparación con otras entregas de la saga, No Time to Die se siente desequilibrada. Películas como Skyfall (2012) y Casino Royale (2006) lograron equilibrar acción, drama y personajes memorables, pero esta última entrega carece de ese equilibrio. La estructura narrativa es caótica, y la película a menudo se siente como un pastiche de escenas icónicas en lugar de una historia coherente.

Conclusión

No Time to Die tiene momentos brillantes, pero se ahoga bajo su propia ambición. Fukunaga intenta demasiado y logra muy poco. La película es un intento noble de cerrar el ciclo de Craig como Bond, pero termina siendo un final mediocre para una era que merecía algo más.

MCM Score: 6.2/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 2.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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