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Spider-Man: Brand New Day deja a Tom Holland en un Nueva York que olvidó su nombre

Martha O'Hara

Una figura de rojo y azul cuelga entre dos torres de cristal, recortada contra un sol bajo, mientras muy abajo un segundo cuerpo vestido de negro mate se descuelga de una cornisa hacia el vacío. El plano es altura pura: piel espejada, una ciudad aplanada hasta volverse desfiladero, la luz quebrándose en mil ventanas. Esa sola composición es el primer argumento que plantea Destin Daniel Cretton sobre dónde vive ahora este Spider-Man, y es un Nueva York más frío y más vertical que el que dejó la saga.

La situación bajo el espectáculo es más extraña que el balanceo. Peter Parker se mueve por una ciudad que ya no sabe que existe. Las personas a las que salvó, los amigos a los que quiso, el nombre que llevaba: todo ha sido borrado de la memoria colectiva, y él protege a un Nueva York que no puede agradecérselo porque no logra ubicarlo. La película arranca en ese borrado en lugar de apresurarse a deshacerlo, dejando que el anonimato marque la temperatura de cada plano: un héroe filmado de espaldas, desde arriba, en el reflejo de la ventana de un desconocido.

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Tom Holland sostiene ese vacío como el diseño de producción sostiene la luz: con cuidado y con un peso nuevo. El reparto que lo rodea funciona como una tesis sobre lo que la película quiere ser. Zendaya regresa como Michelle «MJ» Jones-Watson a una relación que la pérdida de memoria ha reescrito en silencio, y el Ned Leeds de Jacob Batalon vuelve a una amistad que, para uno de los dos, nunca ocurrió. El Bruce Banner de Mark Ruffalo arrastra el film hacia la maquinaria mayor del universo compartido del estudio; el Frank Castle de Jon Bernthal lo devuelve a la brutalidad a ras de calle. El Mac Gargan de Michael Mando aflora por fin como Escorpión tras años de insinuaciones, y Tramell Tillman se incorpora como Bill Metzger. Sadie Sink aparece en un papel que la producción ha mantenido deliberadamente a oscuras.

Cretton llega al material desde un ángulo poco habitual. Es el cineasta que llevó la plantilla de orígenes del estudio hacia algo más sereno y más físico con Shang-Chi, filmando los cuerpos en movimiento como coreografía y no como choque, y ese instinto se nota en cómo encuadra la acción. El balanceo entre rascacielos está compuesto, no solo ejecutado: largas líneas en descenso, el sol usado como elemento estructural, la verticalidad de la ciudad tratada como un asunto en sí mismo. Es el trabajo de un director más interesado en cómo se ve una caída que en lo fuerte que suena al aterrizar. También la paleta ha cambiado: menos del color primario saturado y chistoso que definía las entregas anteriores del personaje, más acero, cristal y crepúsculo magullado, una ciudad fotografiada como clima y no como patio de juegos.

La amenaza se construye sobre una ausencia que la propia cámara impone. Al antagonista se lo describe como un poder que nadie puede ver, y el tráiler mantiene esa idea, registrando al villano por el daño y la reacción antes que por un rostro. En paralelo corre el horror más íntimo que la premisa siembra en el propio Parker: una transformación de sus capacidades que el marketing presenta como potencialmente fuera de su control. La imagen de un héroe que ya no puede fiarse de su propio cuerpo es el verdadero gancho, más que cualquier desfile de villanos.

Nada de eso garantiza que la película sostenga el peso al que aspira. Una premisa que borra a su protagonista del mundo también arriesga borrar la cuenta emocional que tres películas anteriores levantaron, y un olvido solo duele si se pide al público recordar lo que los personajes no pueden, un equilibrio fácil de enunciar y difícil de sostener en un tentpole. La presencia de Ruffalo reaviva la pregunta de siempre: si esto es una historia de Spider-Man o una pieza más de andamiaje para un cruce mayor. Y el marco del «villano invisible» puede leerse como contención genuina o como una revelación que el estudio guarda para el fin de semana de estreno. El tráiler vende atmósfera con destreza; si la película se compromete con esa melancolía o vira hacia el mantenimiento de la franquicia es justo lo que todavía no ha enseñado.

El reparto acreditado apunta a la vez en dos direcciones: íntimo y descomunal. Junto a Holland, Zendaya, Batalon, Bernthal, Ruffalo, Mando, Tillman y Sink, la producción carga con todo el respaldo institucional de la saga: Cretton dirige para Columbia Pictures y Marvel Studios en asociación con Pascal Pictures, con Sony Pictures Releasing a cargo de la distribución. El estreno del tráiler atrajo un volumen récord de visionados en su primer día, una señal comercial de que el apetito por el personaje no se ha enfriado, pese a los riesgos creativos de reiniciarlo.

Para una película sobre un hombre al que la ciudad olvidó, el despliegue es llamativamente global y casi simultáneo. Spider-Man: Brand New Day llega a los cines de Estados Unidos el 31 de julio, y a las salas españolas dentro de esa misma ventana de finales de julio, con el estreno mundial repartido entre el 29 y el 31 de ese mes según el mercado. Tras una etapa en la que el personaje quedó enredado en la contabilidad del multiverso, la propuesta ahora es más austera y más visual: un héroe solo en una ciudad que no conoce su nombre, filmado como un hombre que cae a través del cristal.

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