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Broken Lizard vuelven a la carretera en Super Troopers 3 entre una boda y una red de narcos

Camille Lefèvre

La premisa tiene una simetría casi arquitectónica: una boda que un bando se empeña en sostener mientras otro trabaja en silencio para hacerla saltar por los aires, arbitrada por una patrulla de policías estatales de Vermont cuyo único método consiste en hacer que lo oficial parezca una broma y que las bromas parezcan un asunto oficial. Super Troopers 3 —la saga que en España se estrenó como «Supermaderos»— devuelve al colectivo Broken Lizard los bigotes y la autoridad de carretera de la que llevan burlándose toda una carrera, y monta su motor cómico alrededor del compromiso desmesurado de Farva con la hermana de Thorny, una unión preparada desde el arranque para descomponerse a cámara lenta.

Lo que siempre ha separado a esta troupe de la tradición coral de la comedia estadounidense es una cuestión de tempo. Donde la comedia de estudio tiende a montar rápido y perseguir la carcajada, Broken Lizard dejan que la escena se demore —el gesto inexpresivo sostenido un compás de más, la digresión improvisada que se alarga justo hasta pasar el punto de comodidad—, de modo que el chiste llega como una erosión lenta y no como un golpe. Su patrulla nunca fue tanto un grupo de personajes como una gramática cómica, una manera de medir los tiempos de una sala, y la apuesta de una tercera entrega es que esa gramática todavía funciona.

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Que la unidad reaparezca intacta es el argumento entero de la película. El imperturbable Thorny de Jay Chandrasekhar, el eternamente ofendido Farva de Kevin Heffernan y los tres fundadores restantes —Steve Lemme, Paul Soter y Erik Stolhanske— no son tanto un reparto como un único instrumento que solo suena en esta formación. Brian Cox regresa como el capitán O’Hagen, la autoridad seria a la que la troupe existe para pinchar. Alrededor se abre el reparto: Hannah Simone, Nat Faxon, Chace Crawford, Andrew Dismukes, Iqbal Theba, Sakina Jaffrey y Marisa Coughlan ocupan los papeles que despliega la trama nupcial.

Chandrasekhar dirige, como ha hecho en cada una de las películas que definen al grupo, y su firma es menos un estilo visual que una gestión del tiempo colectivo: la capacidad de mantener legibles a cinco egos cómicos dentro de un mismo plano y de confiar en el plano general antes que en el inserto. Es una disciplina que sus imitadores rara vez igualan: la cámara como árbitro y no como cómplice, el conjunto encuadrado de forma que lo más gracioso del plano ocurre a menudo en su borde. En una época cómica que se arma sobre todo en el montaje, su instinto de dejar que un actor termine una mala idea funciona casi como una estética de la casa. Sitúa a Broken Lizard en una estirpe muy estadounidense —la de la troupe cómica anárquica que se escribe, se interpreta y se dirige a sí misma, una línea que va de los hermanos Marx a la generación posterior a los Lampoon—, donde la autoría es colectiva y la tarea del director es menos imponer una mirada que proteger una compartida.

Nada de eso garantiza que el regreso salga bien. Las secuelas cómicas tardías son célebres por su incapacidad de recuperar la soltura del original —esa cualidad que hacía que la primera pareciera hallada y no fabricada— y la distancia tiende a endurecer un estilo hasta convertirlo en autocita. El planteamiento arrastra además un riesgo que la película tendrá que administrar activamente: una comedia construida sobre el compromiso, en palabras del propio estudio, «desmesurado» de Farva puede leerse como textura afectuosa o como caricatura según hacia dónde apunte el chiste, y un tráiler de gags no resuelve la duda. Tampoco despeja la pregunta más básica: si el humor por erosión sigue conectando con un público criado en relojes cómicos más rápidos. La primera se convirtió en objeto de culto precisamente porque parecía un chiste privado oído por casualidad; la carga de una tercera entrega es volver a sonar sorprendida y no ensayada.

El proyecto tiene su propia historia larga. Broken Lizard plantearon una tercera parte —bajo el subtítulo Winter Soldiers— hace casi una década, y luego pasó años en ese limbo de desarrollo que acabó jubilando por completo el concepto invernal anunciado; la película que finalmente se rodó es una farsa de boda veraniega, con la idea del invierno descartada. Si la entrega anterior se financió de forma célebre con las aportaciones de los fans a través de una campaña de micromecenazgo, esta llega dentro del sistema de estudio, con un rodaje que se extendió del final del verano al otoño del año pasado.

The Broken Lizard cast in Super Troopers 3, directed by Jay Chandrasekhar (2026)
The Broken Lizard troupe in Super Troopers 3 (2026)

El reparto acreditado es amplio para una comedia de este tipo —los cinco fundadores junto a Cox, Simone, Faxon, Crawford, Dismukes, Theba, Jaffrey, Coughlan, Jon Rudnitsky y Lisa Gilroy— y la producción corre a cargo de Broken Lizard Industries y Cataland Films. Searchlight Pictures, un distribuidor más conocido por sus dramas de prestigio que por la anarquía de la comedia de carretera, se encarga del estreno, un emparejamiento a contracorriente que forma parte del propio reclamo de la película.

Super Troopers 3 se estrena en los cines de Estados Unidos el 7 de agosto de 2026, con 104 minutos de metraje y distribución de Searchlight Pictures; el tráiler «red band» del estudio anuncia el mismo registro adulto de las anteriores. De momento no hay fecha de estreno confirmada en España.

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