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Supergirl cambia la capa por un western espacial de duelo con Milly Alcock

Camille Lefèvre

Una kryptoniana que recuerda la muerte de su planeta es una criatura distinta de quien nunca lo conoció. Kara Zor-El llegó a la Tierra mayor que el primo que se convirtió en Superman, con edad suficiente para haber visto desmoronarse Krypton a su alrededor, y esa memoria es el motor de la película construida sobre ella. No es un origen a la espera de ocurrir, sino alguien que ya carga con una pérdida que el universo a su alrededor no puede revertir, y el relato parte de ese hecho como primer principio.

Lo que sigue se acerca más al western que a la plantilla habitual del cine de superhéroes. Kara cruza la galaxia en una misión de venganza, seguida por una joven alienígena llamada Ruthye que persigue una muerte propia, y la historia se juega en la fricción entre un ser casi invulnerable y una niña que no tiene más que su rencor. La pregunta que abre, y que mantiene abierta, es si el poder significa algo para quien ya perdió aquello que protegería con él.

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El reparto funciona como una tesis antes de ver un solo plano. Milly Alcock interpreta a Kara irónica y agotada, indiferente a su propio mito, lo contrario de la Supergirl luminosa y obediente que el personaje ha vestido durante décadas. Matthias Schoenaerts, como el cazarrecompensas Krem of the Yellow Hills, aporta la gravedad que un relato de venganza necesita de su antagonista. La Ruthye de Eve Ridley es la otra mitad de un dúo, no una acompañante. El Superman de David Corenswet pasa por los márgenes, deliberadamente secundario, mientras el Lobo de Jason Momoa irrumpe como ruido de un género más estridente.

Ahí es donde la elección del director empieza a parecer deliberada. Craig Gillespie ha dedicado su trabajo a encontrar a la persona herida dentro de figuras que la cultura ya había archivado como un bicho raro, un fraude o un chiste. El hombre solitario y su muñeca por catálogo, la patinadora a la que la prensa convirtió en burla, la villana de la moda reconstruida como mito de origen, los pequeños inversores que durante un instante asustaron a Wall Street. Su registro es el control del tono, la capacidad de que la comedia y el daño real compartan un mismo plano sin que ninguno anule al otro. Entregar esa sensibilidad a una propiedad cósmica es la apuesta central del proyecto.

La fuente aclara la ambición. La película adapta Supergirl: Woman of Tomorrow, la miniserie del guionista Tom King y la dibujante Bilquis Evely, un cómic admirado por los vastos paisajes pictóricos de Evely y por un arco de venganza melancólico, más cercano a Sin perdón que a un cruce de superhéroes. Un western rodado en el espacio impone exigencias inusuales al encuadre. El género vive del paisaje y del rostro sostenido, de una duración que deja que el silencio acumule peso, y la prueba está en si la película confía en la mirada larga cuando el reflejo del cine de acción es cortar al siguiente golpe.

La quietud es también lo más difícil de escalar, y ahí se concentran las dudas. Nada prueba todavía que el pulso íntimo de Gillespie sobreviva a la maquinaria del gran formato y a un mandato de universo compartido que tira sin cesar hacia el tejido conectivo: el primo, el cazarrecompensas, el perro. Una narración de venganza debe ganarse su violencia en vez de limitarse a exhibirla, y una segunda entrega de franquicia carga con el doble peso de presentar a un personaje mientras sirve a un plan mayor. El silencio del cómic es justo la cualidad que una superproducción tiende a limar.

Los intérpretes acreditados completan el mapa. Alcock encabeza como Kara Zor-El, con Schoenaerts como Krem y Ridley como Ruthye Marye Knoll. David Krumholtz y Emily Beecham aparecen como los padres de Kara, Zor-El y Alura In-Ze. Corenswet regresa como Superman y Momoa como Lobo. DC Studios produce junto a Troll Court Entertainment y The Safran Company, con distribución de Warner Bros. Pictures, y el filme dura 108 minutos que prometen economía antes que dispersión.

Se estrena en cines españoles el 26 de junio de 2026, dentro de un despliegue internacional que arranca esos mismos días. Si la apuesta sale bien, lo más interesante de la Chica de Acero acabará siendo lo poco que importa, al final, el acero.

Reparto

  • Eve Ridley — Ruthye

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