Cine

Takeo Hisamatsu, director del Festival de Tokio, pide más dinero y más fiestas para el cine japonés

De vuelta tras la salida abrupta de Hiroyasu Ando, el exejecutivo de Warner Bros. admite que el yen débil ha encogido el presupuesto
Martha O'Hara
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El cine japonés pocas veces ha tenido tanto peso en el extranjero. Drive My Car, de Ryusuke Hamaguchi, ganó el Oscar a la mejor película internacional; Godzilla Minus One se llevó un Oscar histórico a los mejores efectos visuales; el anime triunfa en todo el mundo y Japón fue el país de honor en el Marché du Film de Cannes. Sin embargo, el mayor festival de cine del país ha intentado aprovechar esa atención con un presupuesto que ya no da para tanto. Takeo Hisamatsu, de vuelta al frente del Tokyo International Film Festival, quiere poner remedio con más dinero, más respaldo de los estudios y, en sus propias palabras, más fiestas.

Su regreso no estaba previsto. Antiguo directivo de Shochiku y Warner Bros., Hisamatsu ya había dirigido el festival antes de que el diplomático Hiroyasu Ando asumiera el cargo con el mandato de reformarlo. Ando trasladó el certamen a los distritos tokiotas de Ginza y Hibiya, reorganizó el equipo de programación, incorporó conversaciones con cineastas y recuperó el Kurosawa Akira Award, antes de dimitir de forma abrupta. Hisamatsu no quiere hablar de los motivos de su salida y su regreso, pero contó a Patrick Brzeski, de The Hollywood Reporter, que la llamada «fue una sorpresa» y que ve «un impulso considerable a favor del cine japonés».

Ese impulso se puede medir. La taquilla japonesa alcanzó en 2025 la cifra récord de 274.500 millones de yenes (1.800 millones de dólares), superando su máximo de 2019, y este mes se han proyectado más de 30 películas japonesas en el Festival Internacional de Cine de Busan. Las plataformas globales de streaming están invirtiendo con fuerza y el Gobierno ha señalado los contenidos como un sector prioritario para el crecimiento. Hisamatsu quiere que Tokio sirva de plataforma para lanzar a los cineastas japoneses en el extranjero, no solo para exhibir cine internacional en casa. Este año, el festival ha incorporado premios competitivos a Nippon Cinema Now, su muestra de cine japonés contemporáneo, y ha puesto en marcha TIFF Work-in-Progress para conectar proyectos japoneses con programadores internacionales.

La parte más directa es la del presupuesto. «Necesitamos más dinero», afirmó. «Con la reciente depreciación del yen y el aumento de la inflación, nuestro presupuesto anterior —destinado a traer y alojar a cineastas y profesionales del sector— ya no llega tan lejos. Y queremos ampliar el festival, no reducirlo». Espera que el Gobierno aumente su aportación antes de la 40.ª edición del año que viene, pero el festival está buscando patrocinadores en lugar de darlo por hecho.

También quiere que los grandes estudios japoneses traten Tokio como los estudios coreanos tratan Busan. «Tenemos que crear un ambiente más festivo en torno al festival y, para eso, necesitamos más fiestas», explicó, citando Cannes, donde estas celebraciones ayudan a los profesionales a crear relaciones de negocio. Toho, el principal estudio histórico de Japón, organiza este año su primera «Toho Izakaya Night», un evento exclusivo con invitación. Los demás grandes estudios no pudieron organizar actos a tiempo. «Ojalá para la 40.ª edición estén listos para hacerse notar mucho más», dijo Hisamatsu.

Hasta la rivalidad que cabría esperar viene acompañada de una mano tendida. Tokio «se percibe como competidor de Busan», señaló Hisamatsu, pero, dado que Asia representa alrededor del 40 % de la taquilla mundial, no ve «ningún motivo por el que no podamos colaborar como dos grandes eventos que muestran el cine asiático al mundo». Antes, eso sí, Tokio tiene que poder pagar a los invitados.

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