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Los 15 mejores directores de cine japonés, ordenados por lo que inventaron

Martha Lucas
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Ninguna cinematografía nacional ha sido tan saqueada como la japonesa. El wéstern tiene con ella una deuda que nunca ha saldado, el cine de acción moderno tomó de Kurosawa su gramática de montaje y buena parte de lo que las plataformas venden hoy como animación de prestigio desciende de un único estudio de Koganei, en el extremo occidental de Tokio.

Los directores que siguen están ordenados según lo que inventaron y lo que ha sobrevivido a ellos. Por eso un cineasta que rodó en esencia el mismo drama familiar durante treinta años aparece cerca de la cima, junto a otro que jamás repitió película, y por eso los animadores compiten aquí exactamente en las mismas condiciones que los maestros de la imagen real.

La lista va del cine mudo a directores que siguen rodando, porque tratar a los gigantes de la posguerra como un museo cerrado es la forma más rápida de no entenderlos. Cualquier desacuerdo es bienvenido: para eso existe una lista como esta. Los primeros nombres no sorprenderán a casi nadie. Las sorpresas llegan más abajo.

1. Akira Kurosawa

Akira Kurosawa
Akira Kurosawa (TMDB)

Akira Kurosawa es el director más influyente que ha trabajado en Japón y un candidato serio a serlo en cualquier parte del mundo. Los siete samuráis inventó la estructura del equipo reunido sobre la que todavía se sostiene el cine de acción, desde los remakes del wéstern hasta cada película de atracos y cada reparto coral de superhéroes posterior. Rashomon dio a varios idiomas una palabra para la verdad en disputa. Si se suman las batallas con teleobjetivo, el clima convertido en drama y las cortinillas que George Lucas copió sin disimulo, nadie se le acerca.

2. Yasujiro Ozu

Yasujiro Ozu
Yasujiro Ozu (TMDB)

Yasujiro Ozu dedicó toda su carrera a pulir un único tema, padres e hijos que se van alejando, con la cámara colocada a baja altura y casi nunca en movimiento. Cuentos de Tokio es su versión más pura: una pareja de ancianos visita a sus hijos adultos, siempre ocupados, y no ocurre nada salvo la vida entera. Es el formalista más discretamente radical de la historia del cine, el director al que otros roban cuando quieren que la quietud signifique algo.

3. Kenji Mizoguchi

Kenji Mizoguchi
Kenji Mizoguchi (TMDB)

Kenji Mizoguchi convirtió el plano largo en una postura moral. Sostiene la toma hasta que el espectador queda implicado en lo que mira la cámara y se niega a cortar cuando un corte le permitiría escapar. Cuentos de la luna pálida, una historia de fantasmas sobre dos hombres que persiguen el dinero y la gloria mientras sus esposas pagan el precio, es su película más célebre. Sus retratos de mujeres aplastadas por la economía feudal siguen sin rival en su rabia.

4. Hayao Miyazaki

Hayao Miyazaki
Hayao Miyazaki (TMDB)

Hayao Miyazaki ganó dos veces el Óscar a la mejor película de animación, con más de veinte años de diferencia, e hizo de la animación dibujada a mano un medio adulto y serio en todo el mundo. El viaje de Chihiro sigue siendo la cumbre del medio: la pesadilla de una niña sobre el trabajo, la codicia y la pérdida del propio nombre, dibujada con una paciencia que ningún algoritmo puede imitar. El estudio que cofundó es la razón por la que la animación japonesa se discute como cine y no como un género.

5. Hirokazu Kore-eda

Hirokazu Kore-eda
Hirokazu Kore-eda (TMDB)

Hirokazu Kore-eda heredó el tema de Ozu y lo trajo al presente: qué cuenta como familia cuando el Estado dice que no lo es. Un asunto de familia, ganadora de la Palma de Oro en Cannes, sigue a un hogar de pequeños ladrones unido por algo más fuerte que la sangre, y rompe el corazón sin levantar la voz. Dirige a los niños mejor que nadie en activo, en buena medida porque nunca les entrega un guion.

6. Masaki Kobayashi

Masaki Kobayashi
Masaki Kobayashi (TMDB)

Masaki Kobayashi firmó nueve horas y media de cine antibelicista en las tres partes de La condición humana, y lo hizo como un hombre que había rechazado ascender en el Ejército Imperial. La trilogía sigue a un pacifista por campos de trabajo, el frente y el cautiverio soviético sin apartar la mirada ni una sola vez. Su drama de samuráis Harakiri es la película más demoledora que se ha rodado sobre el honor institucional, y no ha perdido un ápice de mordiente.

7. Shohei Imamura

Shohei Imamura
Shohei Imamura (TMDB)

Shohei Imamura ganó dos veces la Palma de Oro y se convirtió en el gran cronista del Japón que los maestros de la posguerra dejaron fuera: el rural, el criminal, el corporal, el lujurioso. Empezó como ayudante de Ozu y dedicó el resto de su carrera a hacer, sin disimulo, el cine opuesto. La balada de Narayama, sobre una aldea donde a los ancianos se los sube a una montaña para que mueran, es todo lo antisentimental que puede llegar a ser el cine.

8. Nagisa Oshima

Nagisa Oshima
Nagisa Oshima (TMDB)

Nagisa Oshima fue la mente política más afilada de la Nueva Ola japonesa, un director que convirtió sus batallas contra la censura en argumentos sobre el propio Estado. El imperio de los sentidos le valió en su país un proceso por obscenidad que terminó en absolución. Feliz Navidad, Mr. Lawrence, con David Bowie y Ryuichi Sakamoto como enemigos en un campo de prisioneros, sigue siendo su obra más humana.

9. Kiyoshi Kurosawa

Kiyoshi Kurosawa
Kiyoshi Kurosawa (TMDB)

Kiyoshi Kurosawa, sin parentesco alguno con el hombre que encabeza esta lista, construyó una gramática del terror a partir del espacio vacío y el mal tiempo, no de los sobresaltos. Cure, en la que un detective persigue a un vagabundo que lleva a desconocidos a matar, es la película más aterradora de esta lista, y apenas hay nada en ella. Desde entonces ha trasladado esa misma inquietud a historias de fantasmas, dramas familiares y relatos de espionaje.

10. Takeshi Kitano

Takeshi Kitano
Takeshi Kitano (TMDB)

Takeshi Kitano era un cómico de televisión antes de convertirse en el estilista del cine de yakuzas más personal del mundo: encuadres estáticos, violencia repentina, largos silencios y un rostro impasible, casi siempre el suyo, en el centro de todo. Hana-bi, en la que interpreta a un policía que cuida de su esposa moribunda mientras salda sus deudas por las malas, ganó el León de Oro en Venecia. Nadie ha saltado de la ternura a la brutalidad de forma tan abrupta ni tan brillante.

11. Satoshi Kon

Satoshi Kon
Satoshi Kon (TMDB)

Satoshi Kon dirigió cuatro largometrajes y una serie de televisión antes de morir a los cuarenta y seis años, y cada uno de ellos cambió la manera en que la animación trata la subjetividad. Perfect Blue, sobre una ídolo del pop cuya identidad se desmorona cuando se hace actriz, salta entre sueño, interpretación y realidad sin previo aviso. Darren Aronofsky ha citado sus imágenes en pantalla, y Paprika, su posterior película de atracos oníricos, planea como una sombra sobre cualquier conversación acerca de Origen.

12. Ryusuke Hamaguchi

Ryusuke Hamaguchi
Ryusuke Hamaguchi (TMDB)

Ryusuke Hamaguchi ganó el Óscar a la mejor película internacional con una adaptación de tres horas de un relato de Haruki Murakami que trata, en buena parte, de ensayar una obra de teatro. Drive My Car convierte a un director teatral en duelo y a su joven chófer en una de las grandes conversaciones del cine de este siglo. Es el mejor director de diálogos en activo y el nombre de esta lista con más opciones de escalar puestos.

13. Isao Takahata

Isao Takahata
Isao Takahata (TMDB)

Isao Takahata cofundó Studio Ghibli, nunca dibujó y nunca se repitió. La tumba de las luciérnagas, sobre dos niños huérfanos que intentan sobrevivir a los bombardeos incendiarios de Kobe, es la película de animación más dura de aguantar que se ha hecho jamás. Décadas después se despidió con El cuento de la princesa Kaguya, una fábula de carboncillo y acuarela que quizá sea lo más bello que el estudio haya estrenado nunca.

14. Mikio Naruse

Mikio Naruse
Mikio Naruse (TMDB)

Mikio Naruse es el menos celebrado de los cuatro grandes de la posguerra y el más implacable. Cuando una mujer sube la escalera sigue a una anfitriona de un bar de Ginza que cuenta cada yen mientras sopesa el matrimonio frente a la independencia, y le niega cualquier salida fácil. Sus películas sobre mujeres trabajadoras y dinero se despacharon en su día como obras modestas. El tiempo las ha convertido en lo más moderno del grupo.

15. Shinya Tsukamoto

Shinya Tsukamoto
Shinya Tsukamoto (TMDB)

Shinya Tsukamoto rodó casi en solitario, en 16 mm, un hito del ciberpunk y del terror corporal, y ha pasado las décadas siguientes haciendo películas furiosas y de bajo presupuesto sobre la violencia y la guerra. Tetsuo: The Iron Man, en la que un oficinista se transforma poco a poco en chatarra, sigue sin parecerse a nada. Continúa escribiendo, rodando, montando e interpretando su propia obra, lo que lo convierte en el independiente más puro de esta lista.

Menciones de honor, porque quince puestos nunca iban a ser suficientes: Kon Ichikawa, cuyas El arpa birmana y Fuego en la llanura siguen siendo títulos bélicos imprescindibles; Seijun Suzuki, el rebelde de estudio al que Branded to Kill le costó el despido y lo convirtió en leyenda; Hiroshi Teshigahara por La mujer de la arena; Kaneto Shindo por Onibaba; Kinji Fukasaku, que reinventó el cine de yakuzas y después regaló al mundo Battle Royale; Juzo Itami por Tampopo; Katsuhiro Otomo por Akira; Mamoru Oshii por Ghost in the Shell; y Takashi Miike, cuya Audition todavía circula como un desafío entre valientes.

Si se lee la lista de arriba abajo, salta a la vista un patrón. A los grandes directores japoneses rara vez les importó para qué se suponía que servía el cine; les importaba lo que la cámara era capaz de contener. Por eso la influencia va de Kurosawa a Hollywood, de Ozu a medio circuito de festivales y de Koganei a cada animador que alguna vez quiso ser tomado en serio. Da igual por dónde se empiece. Uno acaba viéndolos a todos.

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