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La otra Missy, la comedia de Netflix que Lauren Lapkus convierte en algo más que una fórmula

Camille Lefèvre

La otra Missy llega a Netflix en mayo de 2020 con todos los elementos reconocibles del cine de comedia de la factoría Happy Madison: escenarios paradisêcos, una situación de equivocación que se desborda, y David Spade ejerciendo de hombre irónico atrapado en el caos. Lo que no anuncia el título —y lo que rescata a la película de la mediocridad predecible— es Lauren Lapkus.

Tim Morris, ejecutivo de nivel medio interpretado por Spade, invita por error a la mujer equivocada a un retiro corporativo en Hawái. Esa Missy —la cita a ciegas catastrófica que creía olvidada— es un torbellino: inapropiada, impredecible, físicamente entregada y, bajo toda esa caricatura, genuinamente humana. Lapkus no busca ser simpática. Busca ser real, y lo logra en momentos que el guión no merece.

La dirección de Tyler Spindel es competente sin ser memorable. Saca partido a los paisajes de Hawái y mantiene el ritmo ligero que el género exige, pero la gramática visual permanece en modo automático. El guión de Chris Pappas y Kevin Barnett sigue el manual de la comedia romántica con fidelidad mecánica: malentendidos crecientes, confección en el tercer acto, reconciliación emotiva. No hay sorpresas estructurales. Hay, eso sí, destellos —la secuencia del esquí acuático, una cena que deriva hacia el surrealismo— donde la película respira de verdad.

Nick Swardson aporta la anarquía habitual del mejor amigo; Candice Bergen ofrece elegancia cómica real en el rol de jefa; Sarah Chalke aparece brevemente como la Missy correcta, subrayando por contraste todo lo que Lapkus ha estado construyendo. Como comedia de streaming, La otra Missy cumple su contrato: alegre, divertida en varios momentos y sostenida por una actuación que el material apenas merecía.

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Tyler Spindel

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