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Fenced In: un desastre cómico sin gracia

Martin Cid
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La escena inicial de Fenced In es un desastre: Walter, tras sufrir un colapso nervioso, se muda al campo buscando paz. Lo que encuentra son vecinos ruidosos y una comedia que parece haber sido escrita por un algoritmo sin sentido del humor. Dirigida por Roberto Santucci, esta película de Netflix (2022) es un ejemplo doloroso de cómo la fórmula no siempre funciona.

El problema principal de Fenced In es su estructura predecible. La premisa—un hombre estresado que busca refugio en el campo solo para encontrarse con caos—ha sido explotada hasta la saciedad, y aquí no hay nada fresco que justifique su existencia. Walter (Leandro Hassum) es un personaje plano, cuya evolución emocional se siente forzada y poco convincente. La dinámica entre él y sus vecinos, aunque tiene momentos de tensión cómica, carece del equilibrio necesario para sostener una narrativa coherente.

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Donde la película sí destaca—aunque sea mínimamente—es en el desempeño de algunos miembros del reparto secundario. Maurício Manfrini como Toninho da Vila roba escenas con su energía exagerada y carismática, aunque a menudo se siente más como un cliché que como una persona real. Júlia Rabello, como Joana, la esposa de Walter, aporta cierta profundidad emocional al personaje, pero incluso ella no puede salvar el guión de los diálogos banales y las situaciones forzadas.

La dirección de Santucci es competente, pero carece de visión. Las tomas son funcionales, sin momentos visualmente memorables o innovadores. La banda sonora, aunque adecuada para una comedia ligera, no eleva la experiencia en absoluto. El mayor crimen de Fenced In es su falta de originalidad: se siente como un collage de escenas vistas en otras películas y series, sin aportar nada nuevo al género.

La trama avanza con un ritmo desigual, alternando entre momentos de comedia absurda y drama superficial. Hay una escena, en particular, donde Walter intenta desesperadamente llamar a la policía para quejarse del ruido de sus vecinos, que podría haber sido graciosa si el humor no fuera tan predecible y forzado. En cambio, se convierte en un recordatorio constante de lo poco que esta película tiene que ofrecer.

En resumen, Fenced In es una comedia fallida que no logra justificar su existencia más allá de ser otra entrada genérica en el catálogo de Netflix. La película parece dirigida a un público que busca entretenimiento ligero sin exigencias narrativas o emocionales profundas. Sin embargo, incluso dentro de ese marco limitado, Fenced In fracasa al no ofrecer ni risas auténticas ni momentos memorables.

Comparada con otras comedias recientes, Fenced In palidece. Películas como Past Lives, que logra equilibrar humor y profundidad emocional, o incluso The Killer de Fincher, que apuesta por un tono más oscuro pero coherente, demuestran cómo se puede trabajar dentro de géneros establecidos sin caer en la mediocridad. Fenced In, en cambio, parece contentarse con ser olvidable.

El guión es otro punto débil. Los diálogos son predecibles y los chistes caen planos, como si el equipo creativo hubiera perdido de vista lo que realmente hace reír a la gente. Hay una escena en la que Walter intenta meditar para aliviar su estrés, solo para ser interrumpido por el ruido de sus vecinos. La intención es clara: mostrar el contraste entre su búsqueda de paz y el caos que lo rodea. Sin embargo, la ejecución es torpe, y lo que podría haber sido un momento de tensión cómica se convierte en un recordatorio de lo poco que la película tiene que ofrecer.

A nivel técnico, Fenced In no destaca en ningún aspecto. La fotografía es funcional, sin momentos visualmente impactantes o innovadores. La edición es adecuada, pero no aporta nada especial a la narrativa. La banda sonora, aunque adecuada para el tono de la comedia, no eleva la experiencia en absoluto.

En cuanto al tema central, la película aborda la búsqueda de paz y la frustración de no encontrarla. Sin embargo, este tema se explora de manera superficial, sin profundizar en las emociones o conflictos internos de Walter. En lugar de eso, la película se conforma con situaciones cómicas que, aunque a veces logran una sonrisa, no logran conectar emocionalmente con el público.

El reparto secundario, aunque tiene algunos momentos destacables, no logra salvar la película. Marlei Cevada como Kelly y Julia Foti como Camila aportan energía y dinamismo a sus personajes, pero incluso ellas no pueden compensar los defectos del guión. Lucas Leto como Arthurzinho, Yves Miguel como Pedroca, Sophia Guedes como Sacha, y Julia Rabello como Joana, la esposa de Walter, hacen lo que pueden con el material que tienen, pero sus esfuerzos son en vano ante un guión que no les da nada memorable para trabajar.

En definitiva, Fenced In es una película que no logra justificar su existencia. No ofrece risas auténticas, ni momentos memorables, ni una narrativa coherente. Es una comedia predecible y olvidable, dirigida a un público que busca entretenimiento ligero sin exigencias profundas.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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