Cine

Warning — la antología donde la amenaza no es que la tecnología falle, sino que funcione

Martin Cid

Warning construye sus seis historias sobre una premisa que ya llega resuelta: en este futuro próximo, la tecnología ha ganado. No hay resistencia, ni rebelión, ni miedo. Los personajes viven cómodos, dependientes de ella de maneras que no han examinado. Cuando una lluvia de meteoros apaga los sistemas electrónicos, lo que la interrupción saca a la luz no es el caos. Es lo que ya faltaba antes de que nadie se detuviera a comprobarlo.

Agata Alexander dirigió y coescribió Warning junto a Jason Kaye y Rob Michaelson, en lo que supuso su debut como directora. La película se estrenó en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges en 2021. El reparto es amplio por necesidad: Annabelle Wallis, Alice Eve, Rupert Everett y Thomas Jane encabezan los segmentos más extensos, junto a Alex Pettyfer, Patrick Schwarzenegger, Charlotte Le Bon y Tomasz Kot. Seis historias entrelazadas requieren esa distribución — cada una funciona como un caso aislado, y el tamaño del reparto sigue la lógica estructural del formato.

La comparación con Black Mirror es comprensible y ligeramente injusta para ambos. Agata Alexander no está interesada en el potencial catastrófico de la tecnología tal como esa serie lo plantea. Warning opera en un registro más silencioso: la pregunta no es qué ocurre cuando la tecnología falla, sino qué le ocurre a la capacidad humana de relacionarse cuando la tecnología ha asumido esa función. No es un film sobre vigilancia, inteligencia artificial ni control corporativo. Es sobre lo que se pierde al dejar de ejercer algo — despacio, sin que haya un momento en el que algo salga mal.

Visualmente, el film sostiene esa paciencia. Alexander trabaja con entornos de futuro próximo de alto contraste — espacios que parecen diseñados y al mismo tiempo ligeramente vacíos — y una cámara que se acerca a los rostros en los momentos que el guion no logra articular del todo. Los efectos especiales son funcionales antes que demostrativos, lo que encaja en una película cuyos argumentos son de escala humana.

El formato de antología trae consigo la irregularidad que le es propia: algunos segmentos resuelven su argumento con precisión; otros parecen planteamientos para algo que el metraje no tiene espacio para cerrar. Las conexiones estructurales entre las seis historias son más legibles sobre el papel que en la experiencia de verlas. El debut de Alexander es más claro sobre qué está mirando que sobre cuánto tiempo quedarse mirándolo.

Los segmentos que permanecen no concluyen tanto como se detienen en el momento justo: un gesto que nadie descifra, un sistema que funciona a la perfección y no resuelve nada. Warning está construyendo un argumento más fácil de sentir que de enunciar, y cuando el film alcanza ese registro, es preciso e inquietante sin necesidad de elevar la voz.

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