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Simulant: un thriller de ciencia ficción visualmente ambicioso pero narrativamente predecible

Martin Cid
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La escena inicial de Simulant (2023) es un plano secuencia deslumbrantemente compuesto: Faye (Jordana Brewster), sentada en su cocina futurista, mira fijamente a los ojos del nuevo Evan, una réplica androide de su difunto esposo. La cámara se desplaza con fluidez alrededor de ellos, captando cada detalle del diseño de producción — superficies reflectantes que distorsionan la realidad, ángulos geométricos que evocan la arquitectura de Blade Runner, pero con un presupuesto más modesto. Esta apertura establece el tono de la película: una ciencia ficción ambiciosa visualmente, pero anclada en preguntas filosóficas sobre la identidad y el amor en la era tecnológica.

Dirigida por April Mullen, Simulant se presenta como un thriller de ciencia ficción que explora la relación entre humanos y simulantes — androides casi indistinguibles de los seres humanos. La premisa central, aunque familiar, es potencialmente rica: Faye intenta reemplazar a su difunto esposo con una réplica tecnológica, solo para descubrir que el amor no puede programarse. Sin embargo, la película tropieza al caer en clichés del género. El conflicto entre el simulant Evan (Robbie Amell) y los agentes gubernamentales que lo persiguen por ser «consciente» es predecible, y las revelaciones sobre su naturaleza son demasiado obvias.

Donde Simulant brilla es en su ejecución técnica. La cinematografía es sólida, con planos que aprovechan al máximo los decorados minimalistas pero efectivos. Mullen demuestra un ojo para la composición visual, utilizando espacios abiertos y líneas limpias para transmitir la frialdad del mundo futurista que ha creado. La paleta de colores fríos — azules y grises dominantes — refuerza la atmósfera distópica.

El reparto ofrece actuaciones variadas en términos de calidad. Robbie Amell, como el simulant Evan, destaca por su capacidad para transmitir la paradoja de ser humano sin serlo. Su actuación es contenida pero expresiva, especialmente en las escenas en las que interactúa con Faye. Jordana Brewster tiene momentos de vulnerabilidad genuina, particularmente cuando confronta a su creación sobre la naturaleza de su relación. Sin embargo, algunas interpretaciones, como la de Sam Worthington como el agente gubernamental Kessler, son más unidimensionales, cayendo en el arquetipo del villano sin matices.

El guion, aunque bien escrito en términos de diálogo — algo que varios críticos han destacado —, adolece de una estructura narrativa predecible. La película sigue fielmente las convenciones del género, desde la persecución del simulant hasta su eventual confrontación con el gobierno. Las escenas de acción están bien coreografiadas, pero carecen del impacto emocional necesario para elevar la trama por encima de lo convencional.

Uno de los aspectos más interesantes de Simulant es su exploración de temas filosóficos. La película plantea preguntas sobre qué hace que una persona sea humana: ¿es el amor, la conciencia, o simplemente la biología? Sin embargo, estas cuestiones no se desarrollan con suficiente profundidad. El final, aunque satisfactorio en términos narrativos, deja muchas de estas interrogantes sin resolver.

En comparación con otras películas del género, Simulant se sitúa en un terreno intermedio. No alcanza la grandeza visual y temática de Blade Runner, pero tampoco cae en los excesos de las producciones más baratas. Se siente como una película hecha con cuidado, pero sin el presupuesto ni la ambición para destacar.

El público objetivo de Simulant parece ser claramente los aficionados a la ciencia ficción clásica, aquellos que disfrutan de historias que exploran la ética y la tecnología. La película evita los excesos de acción y efectos visuales que caracterizan a las producciones más modernas del género, en cambio, se centra en el diálogo y la caracterización. Esto puede ser un punto positivo para quienes buscan una experiencia más contemplativa, pero también limita su atractivo para un público más amplio.

La dirección de April Mullen es competente, pero carece de la visión distintiva que elevaría Simulant por encima de otras películas similares. Su manejo de los elementos visuales es sólido, pero su enfoque narrativo es convencional. La película no se arriesga lo suficiente para destacar en un género saturado de obras que exploran temas similares.

El diseño de producción y la dirección de arte son aspectos destacados de Simulant. Los decorados futuristas son creíbles y bien integrados en la narrativa, creando un mundo que parece tangible y vivo. La atención al detalle en los diseños de los simulantes también es notable, ya que cada uno tiene una apariencia única que refleja su personalidad y función.

La banda sonora de Simulant es otro elemento que merece mención. La música electrónica y atmosférica complementa la ambientación futurista, añadiendo profundidad a las escenas emocionales sin ser intrusiva. Sin embargo, en algunos momentos, la partitura parece repetitiva, lo que reduce su impacto.

El tema central de Simulant — la naturaleza del amor y la identidad — es relevante y bien ejecutado en ciertos aspectos. La película explora la idea de que el amor no puede ser replicado o programado, una pregunta que sigue siendo pertinente en una era donde la tecnología avanza rápidamente. Sin embargo, esta exploración se ve limitada por la estructura narrativa convencional y la falta de desarrollo de los personajes secundarios.

La relación entre Faye y Evan es el corazón de Simulant, y la química entre Jordana Brewster y Robbie Amell es uno de los puntos fuertes de la película. Su dinámica evoluciona a lo largo del filme, pasando de la desconfianza inicial a una conexión más profunda. Sin embargo, esta evolución no se desarrolla con suficiente profundidad, dejando muchas preguntas sin respuesta.

El personaje de Casey (Simu Liu) añade un elemento interesante al conflicto principal. Como el creador de los simulantes, su motivación y ética son cuestionables, lo que introduce un nivel adicional de complejidad en la trama. Sin embargo, su arco narrativo también es predecible, siguiendo el camino típico del científico arrepentido.

La película tiene varios momentos destacados, como la escena en la que Evan descubre su propia conciencia. Este momento es bien ejecutado, con una dirección cuidadosa y actuaciones sólidas. Sin embargo, estos momentos son pocos y distantes entre sí, lo que hace que la experiencia general sea desigual.

El final de Simulant es satisfactorio pero predecible. La resolución del conflicto principal sigue las convenciones del género, sin ofrecer sorpresas significativas. Esto puede ser decepcionante para los espectadores que buscan una narrativa más innovadora.

En comparación con otras películas recientes del mismo género, como The Creator (2023), Simulant palidece en términos de originalidad y ambición. Mientras que The Creator explora temas similares con un enfoque más fresco y visualmente impactante, Simulant se queda atrás por su falta de riesgo creativo.

Simulant es una película competente, pero no esencial. Tiene momentos de brillantez visual y actuaciones sólidas, pero su falta de originalidad la condena a ser olvidable.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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