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Mundial 2026, dieciseisavos de final: Egipto elimina a Australia en los penaltis, Argentina se salva ante Cabo Verde

Jack T. Taylor

Los dieciseisavos del Mundial 2026 no terminaron con una declaración de intenciones. Terminaron con tres equipos aguantando el tipo el tiempo suficiente para sobrevivir, y uno regresando a casa porque no pudo. Egipto superó a Australia desde el punto de penalti. Argentina necesitó prórroga y, finalmente, un gol en propia meta para deshacerse de Cabo Verde. Colombia custodiaba una renta mínima frente a Ghana como si valiera tres goles. El cuadro de octavos está completo, y los clasificados no llegaron jugando mejor fútbol que sus rivales. Llegaron manteniendo la compostura en el momento en que el partido se la exigió.

Ese es el hilo conductor de toda la jornada. No la táctica, no el talento, sino el temple. Quién fue capaz de colocarse ante el balón con el torneo en juego y golpearlo limpio, y quién no.

Egipto no parpadeó; Australia, sí

Ningún partido puso eso a prueba con mayor crudeza que el de Egipto y Australia. Emam Ashour adelantó a los africanos muy pronto, un cabezazo en el primer palo que Australia nunca llegó a digerir del todo, incluso después de empatar. El empate, cuando llegó —diez minutos pasada la hora—, vino de la manera más cruel: Mohamed Hany metiendo el balón en su propia portería por segunda vez en el mismo torneo, la pesadilla de un defensa estirada a lo largo de un mes entero. Con el marcador en 1-1, el partido fue al tiempo extra y después a los penaltis, donde el carácter deja de ser una metáfora y se convierte en algo medible.

Egipto fue impecable. Mohamed Salah emprendió el camino que todo capitán teme y lo resolvió con una Panenka, el lanzamiento más expuesto del fútbol, picada por el centro con la calma de quien ha decidido el desenlace antes de arrancar la carrera. Cuatro lanzadores egipcios, cuatro goles. Australia se rompió. Harry Souttar falló, y también Lucas Harrington —dieciocho años, enviado al punto de penalti en un Mundial, aprendiendo ante el mundo entero lo que puede pesar ese balón—. Egipto ganó 4-2 y pasa de ronda. Australia se va a casa, eliminada no por el juego sino por la única disciplina que un penalti aísla y amplifica.

Argentina y el susto de la jornada

Se suponía que Argentina era un trámite. Cabo Verde, la nación más pequeña en llegar jamás a esta fase, tenía otra opinión, y durante dos horas convirtió la velada de los favoritos en Miami en una agonía. Lionel Messi calmó los nervios iniciales con un gol en la primera mitad, el tipo de tanto que parecía el inicio de una noche tranquila. No lo fue. Deroy Duarte igualó tras el descanso, y de repente Argentina perseguía un partido que esperaba controlar.

La prórroga solo agudizó el sobresalto. Lisandro Martínez volvió a poner por delante a la albiceleste, y el alivio duró lo justo antes de que Sidny Lopes Cabral volviera a empatar para Cabo Verde en el minuto 103. Dos veces arriba, dos veces igualados: Argentina miraba de frente la eliminación. El gol definitivo, cuando llegó, fue más un rebote que una jugada elaborada: un balón que entró desviado en la portería de Cabo Verde, atribuido primero a Cristian Romero, dictaminado al final como gol en propia meta. Argentina pasa 3-2. Se lo quedan, y deberían ser honestos sobre lo que les costó. Un equipo con aspiraciones reales pareció, durante largos tramos, uno que había olvidado cómo cerrar un partido. Esa es una grieta que en octavos se paga más rápido que con Cabo Verde.

Colombia resuelve sin aspavientos

Si la jornada tenía un contraargumento, lo dio Colombia. No hubo nada dramático en su victoria frente a Ghana, y esa era precisamente la cuestión. Jhon Arias marcó pronto, un tanto limpio en el primer cuarto de hora, y Colombia se limitó a no devolver la renta. Sin penaltis, sin vaivenes en la prórroga, sin goles en propia puerta: un único tanto, custodiado con la disciplina que los otros dos clasificados tuvieron que encontrar por las malas. Fue el resultado menos espectacular de la jornada y, en sus propios términos, el más contundente. Un equipo capaz de ganar 1-0 sin dejar que el partido se le escape tiene una estructura pensada para lo que viene, donde los márgenes solo se van estrechando.

Lo que cambia

Los dieciseisavos del Mundial 2026 están cerrados. Los octavos tienen ya su plantel completo: Egipto, el conjunto africano que no cedió; Argentina, clasificada pero sacudida; Colombia, discreta y sólida. Tres formas de llegar a la siguiente ronda, tres niveles de certeza muy distintos. Egipto llega con la convicción que da sobrevivir una tanda de penaltis intacto. Colombia llega con la calma de un equipo dueño de sí mismo. Argentina llega con más talento y más preguntas que nadie: una favorita que sigue encontrando la manera de pasar, pero que sigue necesitándola. En un torneo que ya ha enviado a casa a equipos que parecían más sólidos, el temple es la moneda que importa. En la última jornada de la primera ronda eliminatoria, quienes lo tuvieron avanzaron. Quien lo perdió, se fue.

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