Finanzas y Negocios

Standard Chartered devuelve 1.000 millones a inversores mientras la IA elimina empleos

Victor Maslow

Standard Chartered está recompensando a sus accionistas con una recompra de acciones de 1.000 millones de dólares mientras elimina simultáneamente puestos de back office mediante un programa de inteligencia artificial, una combinación que revela con precisión cómo es la apuesta del sector bancario por la automatización cuando empieza a dar frutos.

La decisión del banco británico centrado en Asia de lanzar la recompra junto con una iniciativa de reducción de costes basada en la IA no es casual. Ambas medidas hablan el mismo lenguaje financiero: la IA reduce los costes operativos; unos costes más bajos elevan los beneficios; unos beneficios más sólidos justifican la devolución de capital. Lo que tiende a perderse en esa cadena es dónde residían realmente esos costes antes de desaparecer.

Standard Chartered obtiene la mayor parte de sus ingresos de Asia, África y Oriente Próximo, lo que lo sitúa en un punto de inflexión inusual en la banca mundial. En esos mercados, los servicios financieros digitales han superado por una generación a las infraestructuras tradicionales; sin embargo, las cargas de cumplimiento normativo no lo han hecho. La documentación de financiación comercial, la supervisión contra el blanqueo de capitales y la elaboración de informes regulatorios —las funciones más expuestas a la automatización del back office— siguen siendo intensivas en mano de obra en las geografías centrales del banco. La propuesta de la IA en esas áreas es esencialmente un argumento de coste por transacción, y Standard Chartered ha apostado a que ese argumento se sostiene.

El caso escéptico se basa en el momento y el alcance. La automatización del back office ahorra dinero, pero también requiere inversión de capital sostenida, validación de modelos y el tipo de supervisión humana que los reguladores de toda Asia y Europa están incorporando cada vez más a la legislación. La Autoridad de Conducta Financiera del Reino Unido, la Autoridad Monetaria de Hong Kong y la Autoridad Monetaria de Singapur han señalado requisitos más estrictos para los bancos que despliegan IA en funciones de riesgo y cumplimiento, requisitos que limitan hasta dónde puede llegar la curva de automatización antes de encontrarse con un punto de control humano obligatorio.

Para los trabajadores cuyos puestos están siendo eliminados, la cifra de 1.000 millones de dólares es una ilustración elocuente de dónde acaban las ganancias de eficiencia. Las reestructuraciones bancarias enmarcadas como transformaciones de IA no son un fenómeno exclusivo de Standard Chartered: HSBC y Barclays han acelerado sus propios programas de automatización de back office en los dos últimos años. Pero la combinación explícita de un anuncio de recompra con un programa de reducción de empleo hace visible la aritmética distributiva de una manera que la mayoría de los bancos prefiere evitar.

Standard Chartered presentará sus próximos resultados más adelante este año; los inversores observarán si las reducciones de costes siguen las proyecciones del programa de IA y si la recompra se está ejecutando al ritmo previsto.

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