Música

Kelsey Lu publica So Help Me God, siete años después de Blood

Alice Lange

Hay un tipo de álbum que no llega a presentarse: simplemente aparece, con sus propias reglas y sin pedir permiso al mercado. So Help Me God de Kelsey Lu es de esa clase. Diez canciones de baroque chamber pop co-producidas con Jack Antonoff, nombre habitual en las grandes producciones pop americanas, que se abren con ocho minutos de «Reaper» y no tienen prisa por revelar su argumento.

Cuando Blood apareció, Lu ya tenía años como músico de sesión para Solange, Florence + The Machine y Blood Orange. Una artista de avant-pop con violonchelo cuyo debut sonó a llegada desde un territorio que el pop mainstream aún no había cartografiado. So Help Me God avanza desde ahí con mayor seguridad, pero sin ceder terreno. La colaboración con Antonoff es la primera sorpresa: su nombre está vinculado a la precisión pop de las listas, y esa tensión resulta el material de trabajo del disco.

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La arquitectura del álbum es cinematográfica en un sentido preciso: capas superpuestas sin resultar recargadas, con saxofones, piano y cuerdas rodeando lo que Apple Music describe como un latido electrónico sutil. «Running to Pain» aborda lo que Lu identifica como ciclos relacionales adictivos, el patrón de volver a lo que duele sabiendo que duele. «Better Than That», con Sampha, narra la decisión de irse. La secuencia entre una canción y la siguiente está calculada de un modo que recompensa la paciencia.

El título merece su propia consideración. Lu creció en un hogar Testigo de Jehová, abandonó ese mundo y ha construido una práctica artística en torno al interrogatorio de esas salidas. «So Help Me God» es la fórmula del juramento laico: algo que se dice para ligar una promesa a sus consecuencias. Lu la usa para titular un álbum sobre reconstruirse después de un derrumbe personal que no tiene una línea de llegada limpia. La tensión entre el eco religioso y el uso secular no es accidental; es estructural al modo en que el disco funciona.

El escepticismo va sobre el alcance, no sobre la calidad. El álbum no está en Spotify, y sin fechas de gira en Europa o América Latina la descubierta internacional depende casi por completo del ecosistema propio de Dirty Hit. Last.fm registra un número modesto de oyentes para una artista con este nivel de reconocimiento crítico. El trabajo de Lu ha vivido siempre en la intersección entre práctica artística y pop, y So Help Me God extiende esa posición sin intentar abandonarla.

La crítica ha respondido con entusiasmo casi unánime: The Skinny le da 5 de 5 y la define como «una celebración impresionante de la complejidad de la existencia.» «Cutting Off the Head of a Ghost» cierra el disco de un modo que sugiere que Lu ha terminado de negociar con el material.

So Help Me God está disponible ahora en Dirty Hit. La gira norteamericana continúa durante el verano, y los primeros conciertos mostrarán si Lu ha encontrado la manera de llevar a un escenario un álbum tan íntimo como este.

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