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Cus D’Amato, el entrenador que hizo campeón a Mike Tyson y murió sin verlo

Penelope H. Fritz
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Cus D'Amato
Nacimiento17 de enero de 1908
The Bronx, New York City, United States
Fallecimiento4 de noviembre de 1985 (77)
OcupaciónEntrenador de boxeo
PremiosInternational Boxing Hall of Fame inductee

Todos los relatos sobre Mike Tyson acaban llegando a un hombre de pelo blanco en una gran casa sobre el Hudson, y la mayoría se detienen ahí, como si eso lo explicara todo. Cus D’Amato sacó a un muchacho de un reformatorio, le enseñó a pelear con los guantes pegados a las mejillas, le dio una habitación y la promesa de que sería campeón del mundo, y murió antes de que esa promesa se cumpliera. La serie de cuatro episodios TYSON, de Netflix, acaba de devolverlo al centro de la historia y deja abierta la pregunta de qué estaba construyendo exactamente aquel viejo.

D’Amato describía su trabajo con una modestia que era, en sí misma, una forma de presumir. «No soy un creador», dijo en una grabación que se conserva. «Lo que hago es descubrir y sacar a la luz». Pasó la mayor parte de su vida haciendo precisamente eso y enfrentándose a quienes querían apropiarse de lo que encontraba.

Constantine D’Amato creció en el Bronx, hijo de inmigrantes de Toritto, cerca de Bari. Nació el 17 de enero de 1908. Su padre, que repartía hielo y carbón con un caballo y un carro, pegaba a sus hijos; D’Amato diría más tarde que no se lo reprochaba, porque aquello le había enseñado disciplina. Boxeó como aficionado, pero una lesión en un ojo sufrida en una pelea callejera le impidió llegar a convertirse en profesional.

A los 22 años abrió el Empire Sporting Club en el Gramercy Gym, en la calle 14 de Manhattan, y vivió allí durante años, esperando, según recordaría más tarde, a un campeón. Los buenos siempre acababan marchándose, atraídos por representantes con contactos; Rocky Graziano fue uno de ellos. La hostilidad de D’Amato hacia ese sistema se convirtió en el motor de su carrera. Se negó a que sus boxeadores disputaran combates promovidos por el International Boxing Club de Nueva York, la organización de Jim Norris que dominó el boxeo en los años cincuenta y que más tarde fue declarada culpable de infringir la legislación antimonopolio.

El campeón llegó en la figura de Floyd Patterson, un peso medio de Brooklyn que ganó el oro olímpico en Helsinki en 1952. D’Amato le inculcó la defensa que se convertiría en su sello como entrenador, el peek-a-boo: los guantes bien altos, pegados a las mejillas; los codos cerrados contra las costillas y la cabeza siempre en movimiento. Cuando Rocky Marciano se retiró, Patterson noqueó a Archie Moore en cinco asaltos, en noviembre de 1956, y se convirtió, con 21 años, en el campeón de los pesos pesados más joven hasta entonces y en el primer medallista de oro olímpico en conquistar el título. Más adelante, D’Amato también guio a José Torres, el puertorriqueño que derrotó a Willie Pastrano en 1965 y se convirtió en el primer campeón mundial latinoamericano del peso semipesado.

La cruzada tuvo un precio, y Patterson pagó buena parte de él. Apartado de los combates del IBC, D’Amato emparejaba a su campeón con rivales a los que la prensa apenas podía tomarse en serio. Pete Rademacher, campeón olímpico de los pesos pesados en 1956, disputó el título en Seattle en su primer combate profesional, y D’Amato exigió y consiguió una garantía de 250.000 dólares. También mantuvo durante años a Sonny Liston, el principal aspirante, sin una oportunidad por el título, alegando sus vínculos con la mafia; muchos sospechaban que lo que de verdad le preocupaba era el puñetazo de Liston. En 1959, en plena investigación sobre la promoción de los combates de Patterson con Ingemar Johansson, la Comisión Atlética del Estado de Nueva York revocó su licencia de representante; un tribunal anuló la decisión porque la licencia ya había caducado. Al final, Patterson sacó sus asuntos de las manos de D’Amato, firmó para pelear con Liston y cayó noqueado en el primer asalto.

Después de Patterson y Torres, D’Amato fue desapareciendo de la escena y se instaló en Catskill, en el norte del estado de Nueva York. Allí dirigía el Catskill Boxing Club y vivía con Camille Ewald, su compañera desde hacía décadas, en una casa victoriana sobre el río que también servía de hogar para jóvenes boxeadores. Fue allí donde Bobby Stewart, antiguo campeón de los Golden Gloves y orientador en la Tryon School for Boys, le llevó a un chico corpulento de Brownsville que había sido detenido 38 veces antes de cumplir los 13 años. D’Amato lo vio entrenar y casi en el acto declaró que estaba ante un futuro campeón de los pesos pesados. Cuando murió la madre de Tyson, D’Amato y Ewald se convirtieron en sus tutores legales. El chico se mudó con ellos y D’Amato lo formó siguiendo el viejo método, con largas lecciones sobre cómo controlar el miedo.

El coste de aquella entrega es lo que resulta más difícil de aceptar. Teddy Atlas, que ayudó a entrenar a Tyson en Catskill, ha contado que, cuando Tyson tenía 15 años, se comportó de forma inapropiada con una niña de 11 años de la familia de Atlas; este le puso una pistola del calibre .38 junto a la oreja y le advirtió que no volviera a acercarse a ella. Tyson reconoció más tarde que la había agarrado. D’Amato apartó a Atlas y se quedó con Tyson. Atlas afirma que le ofrecieron una parte de las futuras ganancias del chico a cambio de que se marchara, pero que la rechazó. Tyson ha hablado sin rodeos de lo que le enseñaron. «Cus me hizo sentir que hacer daño a la gente era algo noble», escribió en Iron Ambition, su libro de 2017 sobre los años que pasaron juntos, donde también cuenta que interpretaba el papel de un sociópata arrogante para no decepcionarlo.

Tyson debutó como profesional en Albany en marzo de 1985. D’Amato murió de neumonía en el Mount Sinai Hospital de Manhattan el 4 de noviembre de 1985, a los 77 años, y fue enterrado en Catskill. Kevin Rooney, otro de sus pupilos, tomó el relevo. El 22 de noviembre de 1986, en Las Vegas, Tyson derrotó a Trevor Berbick y se convirtió, con 20 años, en el campeón de los pesos pesados más joven de la historia, arrebatándole el récord a Patterson. Dedicó el combate a «mi gran tutor, Cus D’Amato».

Lo que ocurrió después es la razón por la que D’Amato sigue siendo objeto de debate, en lugar de recibir simplemente homenajes. A finales de 1988, Tyson ya había despedido a Rooney y roto con su representante, Bill Cayton; después llegaron el alcohol, las drogas y una condena por violación en 1992, que Tyson todavía niega. Una interpretación, habitual en el mundo del boxeo, sostiene que el púgil perdió al único hombre que sabía cómo manejarlo. La otra dice que D’Amato ya había criado a un joven para quien las consecuencias eran problema de los demás, y que Catskill se lo enseñó antes que Las Vegas. Ninguna de las dos exime por completo al viejo entrenador.

La Boxing Writers Association of America dio su nombre a un premio; en 1993, un tramo de la calle 14 pasó a llamarse Cus D’Amato Way, y en 1995 ingresó en el International Boxing Hall of Fame. George C. Scott lo interpretó en Tyson, de HBO, en 1995; Harvey Keitel hizo lo propio en la serie de Hulu Mike, en 2022; y, en noviembre de 2025, Tyson y su esposa Kiki organizaron en Main Street, en Catskill, una «Celebración de Cus», cuarenta años después de su muerte.

TYSON, dirigida por Floyd Russ y estrenada en Netflix el 13 de octubre de 2026, deja que Tyson narre en primera persona su aprendizaje, y él sigue hablando de D’Amato como de un padre. «Éramos dos tipos que no eran “nada” y que llegaron a ser algo», le dijo una vez a NPR. Esa es la versión que Tyson conserva. La que cuenta el historial es más dura: la de un hombre que pasó la vida impidiendo que los mafiosos se adueñaran de sus boxeadores y que, con el último y más grande de todos, quizá también acabó aferrándose demasiado.

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