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Hope Solo, la portera de las 102 imbatibilidades que volvió a los 43 años a su manera

Penelope H. Fritz
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Hope Solo
Hope Solo
Photo: Erik Drost / CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento30 de julio de 1981
Richland
OcupaciónPortera de fútbol
Premios individualesMedalla de oro olímpica, fútbol femenino · Campeona de la Copa del Mundo Femenina de la FIFA · Bota de Oro de la Copa del Mundo Femenina de la FIFA · Balón de Bronce de la Copa del Mundo Femenina de la FIFA · Equipo Ideal de la Copa del Mundo Femenina de la FIFA · Atleta Femenina del Año de U.S. Soccer · Portera del Año de la WPS · Mejor Portera del Mundo de la IFFHS · FIFA FIFPro World XI · Guante de Oro del Campeonato Femenino de la CONCACAF · NWSL Shield · National Soccer Hall of Fame

Durante nueve años, la portera que ostenta el récord de partidos internacionales sin encajar goles en el fútbol femenino no disputó ningún partido oficial. Hope Solo no se había retirado. La apartó una federación que la suspendió, rescindió su contrato y siguió adelante, mientras las compañeras a las que había protegido durante dieciséis años ganaban otro Mundial sin ella. Cuando por fin regresó, no fue a través de U.S. Soccer, de un club ni de un partido de despedida. Lo hizo en un torneo de fútbol siete en Carolina del Norte, con un equipo que había formado ella misma y al que había puesto su propio nombre.

Ese regreso dice mucho de la forma en que Solo siempre ha hecho las cosas. Durante una década fue la mejor jugadora de su posición y una de las personas más difíciles de manejar que ha dado el fútbol estadounidense, y nunca aceptó que lo segundo debiera borrar lo primero. Su carrera es una sucesión de récords y de rupturas, y ambas listas se escribieron al mismo tiempo. La mayoría de las crónicas sobre ella elige una y deja la otra en una nota al pie. La suya es la historia de alguien que conservó las dos, y que todavía discute cuál debería definirla.

Lo que sigue es el relato completo de esa discusión: la infancia que marcó su desconfianza hacia las instituciones, las paradas que durante un tiempo la hicieron intocable, las palabras que la volvieron prescindible y la lenta reparación pública de los últimos años.

Una infancia marcada por la ausencia de su padre

Hope Amelia Solo creció en Richland, en el árido sureste del estado de Washington, donde nació el 30 de julio de 1981. Su madre, Judy Lynn Shaw, la crió después de que sus padres se divorciaran cuando ella tenía seis años. Su padre, Jeffrey Solo, un veterano italoestadounidense de la guerra de Vietnam, entraba y salía de su vida, y fue quien primero le puso un balón a los pies. Cuando ella tenía siete años, fue a buscarla a ella y a su hermano Marcus con la excusa de llevarlos a un partido de béisbol en Yakima, pero en lugar de eso condujo durante más de tres horas hacia el oeste, hasta Seattle. Los niños pasaron varios días en un hotel creyendo que estaban de vacaciones, hasta que la policía los encontró en un banco del centro y detuvo a su padre bajo sospecha de secuestro.

El episodio podría haber puesto fin a la relación. No fue así. Años más tarde, cuando estudiaba en Seattle, Solo volvió a encontrar a su padre, que por entonces vivía en la calle, y reconstruyó con él un vínculo que duró hasta su muerte por un infarto, en junio de 2007, unos meses antes del torneo que definiría su imagen pública. Ella lo ha descrito como una influencia fundamental en su vida, y buena parte de la desconfianza hacia la autoridad que mostraría después se entiende mejor a la luz de ese pasado: una niña que aprendió pronto que la versión oficial de los hechos y la privada rara vez coinciden.

La delantera que acabó bajo palos

El dato que más sorprende es que Solo no era portera cuando era adolescente. En el instituto Richland High School jugaba en ataque y marcó 109 goles; condujo al equipo a tres títulos de liga consecutivos, entre 1996 y 1998, y al campeonato estatal en su último año. Fue elegida dos veces All-American por Parade y jugó en el Three Rivers Soccer Club, en la zona de Tri-Cities. Los reflejos y la seguridad física ya estaban ahí. La posición llegó después.

Fue en la Universidad de Washington, donde se matriculó en 1999 para estudiar comunicación oral y donde la entrenadora principal, Lesle Gallimore, y la entrenadora de porteras, Amy Griffin —exjugadora de la selección nacional— la reconvirtieron definitivamente en guardameta. El cambio dio resultado casi de inmediato. Solo fue seleccionada cuatro veces para el equipo ideal All-Pac-10, elegida All-American por la NSCAA en tres ocasiones y, en su segundo año, se convirtió en la primera portera y la primera jugadora de Washington en ser nombrada Jugadora del Año de la Pac-10. Dejó las Huskies como líder histórica del programa en partidos sin encajar goles, paradas y promedio de goles recibidos, y en su último año fue la única portera nominada al Hermann Trophy, el mayor galardón individual del fútbol universitario.

Suecia, Lyon y las ligas que no duraban

Su carrera profesional empezó en un mercado que se hundía una y otra vez. El Philadelphia Charge la eligió en la primera ronda del draft de la WUSA de 2003, en el cuarto puesto, y pasó la mayor parte de aquella primera temporada en el banquillo antes de ser titular en los tres últimos partidos. En ellos dejó por primera vez su portería a cero como profesional, frente al Atlanta Beat, y también impidió que marcara el equipo que acabaría proclamándose campeón, el Washington Freedom de Mia Hamm y Abby Wambach. La WUSA cerró pocos días antes del Mundial de 2003.

Solo se marchó a Europa. En febrero de 2004 fichó por el Kopparbergs/Göteborg FC, de la máxima categoría sueca, donde jugó dos veces por semana durante diez meses y disputó diecinueve partidos. En 2005 se trasladó al Olympique Lyonnais francés, donde permaneció otros siete meses. Aquellos años en el extranjero no fueron glamurosos, pero le dieron el rodaje que el fútbol femenino estadounidense no podía ofrecerle.

Cuando el fútbol profesional regresó a Estados Unidos, ella volvió con él. Asignada al Saint Louis Athletica para la primera temporada de la Women’s Professional Soccer, en 2009, ayudó a llevar hasta el segundo puesto a un equipo que había empezado sin ganar un solo partido. Dejó su portería a cero en ocho ocasiones y fue nombrada Portera del Año de la WPS. Ese mismo año se convirtió en la primera guardameta en ser elegida Deportista Femenina del Año de U.S. Soccer. Cuando el Athletica desapareció en 2010, fichó por el Atlanta Beat, lideró la liga en paradas y recibió una multa y un partido de suspensión por cuestionar en Twitter la integridad de los árbitros. En 2011 firmó por el magicJack, y a comienzos de 2012 aquella liga también había desaparecido.

En 2012, las Seattle Sounders Women, de la W-League, segunda categoría, le ofrecieron un lugar junto a Alex Morgan, Megan Rapinoe y Sydney Leroux, y agotaron las entradas en nueve de sus diez partidos en casa. Desde 2013 fue la portera del Seattle Reign FC, en la recién creada National Women’s Soccer League. Se recuperó de una operación de muñeca durante su primera temporada y después ayudó al Reign a encadenar dieciséis partidos invicto y a conquistar el NWSL Shield en 2014, trofeo que el club volvió a ganar en 2015. En 2014 fue seleccionada para el segundo equipo ideal de la liga y quedó finalista al premio a la Portera del Año.

La semifinal que vio desde el banquillo

Solo debutó con la selección absoluta de Estados Unidos en abril de 2000, en una victoria por 8-0 frente a Islandia, y acudió a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 como suplente de Briana Scurry. En 2005 ya era la titular. En el Mundial de 2007, disputado en China, encajó solo dos goles en cuatro partidos y dejó su portería a cero en tres encuentros consecutivos, contra Suecia, Nigeria e Inglaterra. Después, antes de la semifinal contra Brasil, el seleccionador Greg Ryan la apartó para dar entrada a Scurry, de 36 años, que tenía un buen historial frente a las brasileñas, pero no había jugado un partido completo en tres meses. Estados Unidos perdió 4-0.

La reacción de Solo tras el partido se convirtió en lo más citado que ha dicho. «Fue una decisión equivocada, y creo que cualquiera que sepa algo de este deporte lo sabe», declaró a los periodistas. «No me cabe ninguna duda de que habría hecho esas paradas». Añadió que ya no estaban en 2004 y que un equipo no podía vivir de los grandes nombres. Muchos interpretaron sus palabras como un ataque a Scurry. Solo pidió disculpas al día siguiente, pero el daño dentro del equipo ya estaba hecho. La selección, liderada por su capitana, Kristine Lilly, decidió que no viajaría al partido por el tercer puesto y tampoco la incluyó en la gira posterior al torneo contra México. El contrato de Ryan no se renovó en diciembre de ese año.

Desde entonces, aquel cambio en la portería se ha interpretado de dos maneras. Según una versión, Solo quebrantó la regla no escrita de un equipo dominante y muy unido. Según la otra, un entrenador tomó una decisión indefendible y la única persona castigada fue la jugadora que se atrevió a decirlo en voz alta. Solo siempre ha defendido esta segunda interpretación y, en sus memorias de 2012, Solo: A Memoir of Hope, escritas junto a la columnista Ann Killion, expuso con detalle su versión de lo ocurrido con Ryan. Lo indiscutible es que aquel episodio marcó su relación con el equipo durante el resto de su carrera: imprescindible en el campo, aislada fuera de él.

Dos oros olímpicos y dos Guantes de Oro

Su respuesta fue convertirse en alguien a quien resultara imposible dejar fuera. Con Pia Sundhage como nueva seleccionadora, Solo fue titular en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, a los que Scurry no fue convocada, y Estados Unidos venció a Brasil por 1-0 en la prórroga para ganar el oro. Cuatro años después, en Londres, jugó todos los minutos del torneo, dejó su portería a cero en tres ocasiones y, en la final contra Japón, hizo una parada decisiva ante Mana Iwabuchi para defender la ventaja de 2-1 y conquistar su segundo oro. Antes de aquellos Juegos, la Agencia Antidopaje de Estados Unidos le había enviado una advertencia pública tras detectar canrenona en un control; la agencia aceptó que procedía de un medicamento recetado para el síndrome premenstrual y le permitió competir.

Entre aquellos dos Juegos Olímpicos llegó el Mundial de 2011 en Alemania, y con él la parada que muchos aficionados estadounidenses aún recuerdan por encima de las demás. En los cuartos de final contra Brasil, después de que un cabezazo de Abby Wambach en los últimos segundos de la prórroga forzara la tanda de penaltis, Solo detuvo el tercer lanzamiento brasileño y metió a Estados Unidos en semifinales. Alcanzó las cien internacionalidades en la victoria contra Francia en semifinales, perdió la final ante Japón en los penaltis y, aun así, se marchó con el Guante de Oro a la mejor portera del torneo y el Balón de Bronce a la tercera mejor jugadora.

El Mundial de 2015 en Canadá fue su versión más completa. Solo jugó los 630 minutos de los siete partidos de Estados Unidos, estuvo 540 minutos sin encajar goles —la segunda racha más larga de la historia del torneo— y recibió tres tantos en total. En la semifinal contra Alemania, retrasó el lanzamiento del penalti de Célia Šašić lo suficiente para poner nerviosa a la máxima goleadora del torneo, que falló. En la final, Estados Unidos derrotó a Japón por 5-2 en Vancouver, ante la mayor audiencia televisiva estadounidense registrada hasta entonces para un partido de fútbol, y Solo ganó su segundo Guante de Oro. La selección se convirtió en el primer equipo deportivo femenino en recibir un desfile con lluvia de confeti en Nueva York.

En septiembre de 2014 había superado el récord de partidos sin encajar goles de Briana Scurry y, en julio de 2016, contra Sudáfrica en Chicago, se convirtió en la primera portera en alcanzar las cien porterías a cero en partidos internacionales. Un mes después, en los Juegos Olímpicos de Río, disputó su partido número 200. Sus cifras definitivas con Estados Unidos son 202 partidos, 153 victorias, 102 porterías a cero y una racha de 55 encuentros invicta: todos ellos, récords nacionales para una guardameta.

La portera que nunca se callaba

Aquellos mismos años dejaron otro historial, y es el que prefieren sus detractores. Durante los Juegos de Londres 2012 arremetió en Twitter contra Brandi Chastain, exinternacional, por sus comentarios televisivos. En junio de 2014 fue detenida en Kirkland, Washington, y acusada de dos delitos menores de agresión relacionados con su hermanastra y su sobrino; Solo dijo que se había defendido. Un juez desestimó los cargos en enero de 2015 por la falta de colaboración de las presuntas víctimas, la fiscalía logró que se restablecieran tras una apelación ese mismo año y, finalmente, la ciudad abandonó el caso en mayo de 2018. El episodio motivó una carta del senador Richard Blumenthal, que acusó a U.S. Soccer de aplicar un doble rasero al mantenerla en la convocatoria para el Mundial mientras la NFL suspendía a jugadores por violencia doméstica.

En enero de 2015 fue suspendida durante treinta días después de que su marido, Jerramy Stevens, exjugador de la NFL en la posición de tight end, fuera detenido por conducir bajo los efectos del alcohol la furgoneta del equipo durante una concentración, con Solo dentro. La federación cuestionó su criterio. Quienes la apoyan señalan que ninguna de las acusaciones por violencia doméstica acabó en condena y que el escrutinio al que se la sometió fue mucho más severo que el aplicado a jugadores en situaciones similares. Sus detractores responden que los incidentes no dejaban de sucederse. Ambas observaciones son ciertas y ninguna invalida la otra. Eso, más que cualquier episodio concreto, es lo que hace difícil resumirla.

Su vida pública fuera del campo también estuvo repleta de acontecimientos. Después del Mundial de 2011 llegó a las semifinales de Dancing with the Stars junto a Maksim Chmerkovskiy, terminó cuarta y posó para la edición Body Issue de ESPN The Magazine, donde se definió, sencillamente, como una deportista. Solo: A Memoir of Hope entró en 2012 en la lista de libros de no ficción en tapa dura de The New York Times en el tercer puesto, el mejor debut de un libro sobre fútbol. En 2014 fue una de las mujeres a las que robaron fotografías privadas en la filtración de iCloud, y condenó el ataque como un acto que iba más allá de los límites de la decencia humana.

Río y la palabra que puso fin a todo

El final llegó deprisa. En los Juegos Olímpicos de Río de 2016, el público brasileño coreó «Zika» contra ella después de que publicara fotos de repelente de mosquitos antes de los Juegos. En los cuartos de final, Suecia, ahora entrenada por Pia Sundhage, que había llevado a Solo a dos oros olímpicos, se replegó, mantuvo el empate ante Estados Unidos y ganó la tanda de penaltis después de que Solo interrumpiera el juego para cambiarse los guantes antes del lanzamiento decisivo. Después, calificó al equipo sueco de «un puñado de cobardes».

El 24 de agosto de 2016, U.S. Soccer la suspendió durante seis meses y puso fin a su contrato con la selección, alegando sus comentarios y su conducta anterior. Solo dijo que sus declaraciones eran un pretexto y que la apartaban por su papel destacado en la campaña de las jugadoras por la igualdad salarial. Megan Rapinoe se preguntó públicamente si la decisión formaba parte de una estrategia legal. El abogado de las jugadoras calificó la sanción de excesiva y sin precedentes. Solo no volvió a jugar con Estados Unidos. El Seattle Reign le concedió permiso para ausentarse durante el resto de la temporada y, a los 35 años, su carrera profesional llegó a su fin.

La lucha por la igualdad salarial que siguió sin ella

Esta es la parte de la historia que más ha jugado a su favor con el paso del tiempo. En marzo de 2016, Solo fue una de las cinco jugadoras —junto a Carli Lloyd, Alex Morgan, Megan Rapinoe y Becky Sauerbrunn— que presentaron una denuncia federal contra U.S. Soccer por discriminación salarial. Tras su salida, la campaña siguió adelante sin ella. En febrero de 2018 se presentó a la presidencia de U.S. Soccer y aprovechó los cinco minutos de su intervención en la reunión de la federación en Orlando para acusar a la directiva de guardar silencio sobre la igualdad salarial; Carlos Cordeiro ganó las elecciones. En agosto de 2018 presentó su propia demanda en virtud de la Equal Pay Act.

Cuando las jugadoras de la selección alcanzaron en 2022 un acuerdo de 24 millones de dólares con la federación, Solo se opuso ante los tribunales, en parte por los honorarios legales, y alegó que el acuerdo no ofrecía lo que se había perseguido con la lucha. Su propio caso quedó archivado de común acuerdo en febrero de 2023, con lo que se cerró el último frente abierto de la disputa. El documental de Netflix Untold: Hope Solo vs. U.S. Soccer, estrenado en septiembre de 2024 y dirigido por Nina Meredith, contó la historia completa, en gran medida desde su perspectiva. La película señaló que la mayoría de los dirigentes de la federación, las antiguas compañeras de equipo y los periodistas habían declinado participar; con su estreno, muchos espectadores que solo recordaban las polémicas conocieron por primera vez su activismo.

La detención, el tratamiento y el Salón de la Fama

El capítulo más duro llegó después del fútbol. El 31 de marzo de 2022, Solo fue detenida en el aparcamiento de un Walmart en Winston-Salem, Carolina del Norte, por conducir bajo los efectos del alcohol, con sus gemelos de dos años en el coche. Se declaró culpable del cargo por conducir bajo los efectos del alcohol; los cargos de resistencia a la autoridad y maltrato infantil, ambos delitos menores, fueron desestimados. Dos meses antes había sido elegida para entrar en el National Soccer Hall of Fame. Pidió aplazar su ingreso, anunció públicamente que iba a internarse en un centro para tratar sus problemas con el alcohol y no acudió a la ceremonia de 2022.

Ingresó en el Salón de la Fama un año después, el 6 de mayo de 2023, en Frisco, Texas, junto a figuras como Landon Donovan y Jill Ellis, la entrenadora con la que ganó el Mundial de 2015 bajo palos. El orden de los acontecimientos importa a la hora de juzgarla: el reconocimiento se votó antes de su detención, se aplazó a petición suya y se materializó después del tratamiento. Fue la primera muestra formal de reconocimiento a su carrera por parte del fútbol estadounidense desde 2016, y llegó del Salón de la Fama, no de la federación.

Solo FC y el camino de vuelta desde las montañas

Ahora, Solo vive con Stevens, con quien se casó en noviembre de 2012, y con sus gemelos, nacidos el 4 de marzo de 2020, en las montañas de los alrededores de Asheville, Carolina del Norte. Trabajó como comentarista para la BBC durante el Mundial de 2019, pero pasó la mayor parte de los años posteriores a su expulsión alejada del fútbol organizado. «Ya sabes, el año pasado me costó mucho bajar de las montañas», dijo en 2026.

Lo que la hizo bajar fue The Soccer Tournament, una competición de fútbol siete en Cary, Carolina del Norte, con un premio de un millón de dólares. En 2025, a los 43 años, creó Solo FC y lo inscribió en la competición femenina, combinando jugadoras con experiencia y jóvenes talentos de comunidades a las que, en su opinión, se había negado visibilidad. Era la primera vez que jugaba un partido competitivo de cualquier nivel desde 2016. Para sus gemelos, que nunca la habían visto jugar como profesional, fue la primera oportunidad de verla en acción. Solo FC llegó a los cuartos de final y ella paró un penalti por el camino. «Probablemente no habría vuelto al fútbol si no fuera por TST», dijo después.

En 2026 regresó con dos equipos: uno femenino y otro mixto, en el nuevo formato con participación conjunta del torneo, que se celebró en WakeMed Soccer Park del 27 de mayo al 1 de junio. Asumió el cargo de directora general de ambos, tenía previsto seguir jugando mientras daba más minutos a otras porteras e intentó incorporar a una internacional palestina y a una refugiada somalí pese a las dificultades con los visados. «Para mí es muy importante formar un equipo muy diverso», dijo. El cargo es modesto si se compara con una final del Mundial, pero es el primero en años que ha elegido por completo en sus propios términos.

Lo que sigue diciendo el récord

El lugar de Solo en este deporte ya no está realmente en duda. Forma parte del Salón de la Fama, fue elegida para el equipo mundial de la década 2011-2020 de la IFFHS y sus 102 partidos internacionales sin encajar goles siguen siendo la referencia para las porteras del fútbol femenino. Lo que aún se discute es la historia que rodea a esas cifras. Durante años, la versión habitual la presentaba como una jugadora con talento que no dejaba de ponerse obstáculos. El documental de Netflix, el acuerdo sobre igualdad salarial y la franqueza con la que ha hablado del alcohol han llevado el relato hacia una versión más compleja: la de una jugadora que tenía razón en varias de las batallas que libró, se equivocó en otras y fue castigada por todas a la vez.

Nunca ha pedido que la recuerden como alguien fácil. Su regreso al campo, a los 43 años, en un torneo en el que la camiseta no lleva el emblema de ninguna federación, encaja con todo lo que vino antes. Hope Solo todavía quiere ponerse bajo palos, todavía quiere elegir su propio equipo y sigue sin aceptar que nadie más tenga derecho a decidir cuándo ha terminado.

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