Actores

Stanley Tucci, el actor que tuvo que aprender a comer otra vez

Penelope H. Fritz

Cuarenta y cinco años en los márgenes de Hollywood, una nominación al Oscar, seis Emmy. Y el papel que lo ha vuelto verdaderamente famoso a los sesenta y cinco es el que interpreta sin guion: él mismo, comiendo por Italia. Esta semana, todas sus vidas se han cruzado al mismo tiempo.

La semana decisiva de la carrera de Stanley Tucci tendría que haber sido un capítulo y se ha convertido en un párrafo. En ocho días recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, vio cómo El diablo viste de Prada 2 abría con 233 millones de dólares en taquilla mundial, regresó a la Met Gala vestido de terciopelo verde Etro por primera vez en veinte años y ultimó el estreno de la segunda temporada de Tucci en Italia en National Geographic y Disney+. Cuarenta y cinco años después de empezar en una carrera que él mismo describe como un honor y absolutamente agotadora, Tucci es probablemente el actor de carácter estadounidense más visible de su generación, y la visibilidad ya no depende de los premios que pueda ganar. Depende de en quién ha decidido convertirse.

Es el mayor de tres hermanos, hijo de un profesor de arte y de una secretaria que también escribía. Se crio en Katonah, una aldea al norte de Nueva York, en una casa donde los abuelos calabreses —los paternos de Marzi, en Cosenza, los maternos de los alrededores de Reggio Calabria— marcaban la liturgia de la mesa. La familia vivió brevemente en Florencia a comienzos de los setenta, una temporada que volvería décadas después como armazón de sus programas gastronómicos. En el instituto John Jay de Cross River conoció a Campbell Scott, hijo de la actriz Colleen Dewhurst, y aquella amistad le dio a la vez su aprendizaje teatral y su primer empleo: recién salido del Conservatorio de Artes Escénicas de la SUNY Purchase, Dewhurst le consiguió un papel de soldado, junto a Scott, en un montaje de Broadway de La regina e gli insorti, de Ugo Betti. Lo demás lo cubrieron el modelaje y un anuncio de los Levi’s 501.

Meryl Streep and Stanley Tucci
Meryl Streep and Stanley Tucci in The Devil Wears Prada 2 (2026)

La carrera cinematográfica empezó con El honor de los Prizzi, de John Huston, y siguió durante más de una década en papeles secundarios —Billy Bathgate, El informe Pelícano, Desmontando a Harry— hasta Big Night, en 1996, la película pequeña y exacta que coescribió y codirigió sobre dos hermanos italoamericanos al frente de un restaurante moribundo en Nueva Jersey. Big Night fue la prueba de que Tucci no iba a ser un primer espada y de que tampoco lo necesitaba. Y planteó la pregunta que ha pasado treinta años respondiendo: ¿de qué piensa un italoamericano cuando se gana la vida pensando? Dos años después ganó un Emmy y un Globo de Oro por Walter Winchell en el telefilme de Paul Mazursky para HBO. Tres años más tarde, un segundo Globo de Oro por dar vida a Adolf Eichmann en Conspiracy.

La década central es la parte del currículo que reconoce todo el mundo. Frank Nitti en Camino a la perdición, de Sam Mendes. Nigel en El diablo viste de Prada, el papel que le regaló el «cíñete bien la armadura» y la única amistad recíproca de aquella película. Paul Child en Julie & Julia, junto a Meryl Streep, en un retrato matrimonial tan tierno que la crítica pidió que tuvieran su propia película. George Harvey, el depredador de voz baja de The Lovely Bones, el papel que le valió su única nominación al Oscar y el tipo de personaje que Tucci ha jurado no volver a interpretar por lo que le costó prepararlo. Caesar Flickerman en la trilogía de Los juegos del hambre, el papel que lo convirtió en cara reconocible para una generación que jamás había oído hablar de Big Night. Mitchell Garabedian en Spotlight. El cardenal Aldo Bellini en Cónclave. Más de cien películas, y la respuesta evidente a la pregunta de quién podría mejorar cualquiera de ellas.

La contradicción que merece nombrarse es que su interpretación más aplaudida es también la que él describe con más incomodidad. El trabajo para encarnar a George Harvey —las consultas con el ex perfilador del FBI John Douglas, las horas dentro de la cabeza de un asesino de niñas— le dio una candidatura al Oscar y un coste íntimo que ha contado en entrevistas. Que Hollywood lo nominase por el peor papel de su vida y nunca por nada de lo dirigido —Big Night, The Impostors, Joe Gould’s Secret, Blind Date— le ha hecho su trabajo silencioso sobre lo que el cine todavía puede ofrecerle.

De ahí, en parte, que el estreno de Stanley Tucci: Searching for Italy en CNN en 2021 no fuera un divertimento. En 2018 le diagnosticaron un cáncer en la base de la lengua. La cirugía habría acabado con su sentido del gusto, así que eligió quimioterapia y radioterapia: perdió quince kilos, vivió seis meses con sonda gástrica y necesitó años para recuperar el paladar. Su primera mujer, Kate, con la que tiene tres hijos —los gemelos Isabel y Nicolo y la pequeña Camilla—, había muerto de cáncer de mama en 2009. Searching for Italy, que le valió dos Primetime Emmy consecutivos al mejor presentador de programa de no ficción, y su sucesora Tucci en Italia en National Geographic, son obra de un hombre obligado a pensar para qué sirve comer y que ha llegado a la conclusión de que comer es el lugar donde casi todo lo que cree vive a la vez. Sabor: mi vida a través de la comida, su libro de memorias de 2021, fue número uno en la lista del New York Times y el sitio donde el capítulo del cáncer no parece un añadido.

Está casado desde 2012 con la agente literaria británica Felicity Blunt, hermana de Emily Blunt, con la que tiene a Matteo y Emilia, y vive en Londres. Tucci en Italia: temporada dos recorre la Campania, Sicilia, Le Marche, Cerdeña y el Véneto y se estrena el 11 de mayo. Ha sido comentarista gastronómico y cultural en la cobertura de NBC para los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. El 30 de abril recibió la estrella número 2.842 del Paseo de la Fama de Hollywood en una ceremonia doble con su cuñada Blunt; Meryl Streep, que le entregó la suya a ella, aprovechó el discurso para anunciar que pensaba volver a trabajar con las dos.

El siguiente capítulo ya está rodado. Lo que viene después de la semana de su vida es el mismo trabajo de siempre: comer en Nápoles, mirar la cámara y confiar en que a alguien le importe.

Stanley Tucci
Stanley Tucci in The Human Enigma (2023)

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