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Aquí hablamos de huertos en Netflix habla de precios y clima sin que nadie lo note

Jun Satō

En los últimos tres años, el precio de los alimentos ha cambiado la relación de muchas familias con su propia cocina. No es una abstracción: es la suma de decisiones concretas —qué se compra, qué se deja, qué se cultiva si hay espacio— tomadas por gente que antes no había pensado en ello. Que el primer programa grande de Netflix sobre huertos llegue precisamente en este momento no es coincidencia, y Zach Galifianakis, que lleva veinticinco años cultivando su propio jardín en una isla de la Columbia Británica, lo sabe con exactitud.

Lo que no dice la descripción oficial del programa es el argumento real que sostiene los seis episodios: que la comedia es el único formato que aún puede llegar a la gente que ya dejó de escuchar el mensaje serio sobre soberanía alimentaria. No porque el tema sea menos urgente. Sino porque el mecanismo de defensa del espectador ante el discurso ambiental directo se ha perfeccionado hasta la automatización: reconocer la angustia, procesarla, archivarla, pedir comida a domicilio.

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La innovación estructural del programa no es la presencia del humorista, sino el triángulo de entrevistas que organiza cada episodio. Galifianakis se sienta con niños curiosos y con agricultores de mercado experimentados —a veces en el mismo plano— y lo que resulta de ese encuentro es una maquinaria editorial específica: el niño formula la pregunta que el adulto tiene vergüenza de hacer; el agricultor, que lleva décadas guardando semillas heirloom y gestionando cultivos de policultivo, responde como si la pregunta fuera obvia; y Galifianakis sostiene el espacio entre ambos con ese deadpan que lleva tres décadas afinando. La técnica es la misma que en Between Two Ferns, donde el largo silencio después de una pregunta creaba incomodidad en el entrevistado famoso. Aquí el silencio hace otra cosa: crea espacio para que el agricultor sea la autoridad en la sala. Lo que Galifianakis ha eliminado de su fórmula es la crueldad. Lo que ha conservado es la pausa. Y esa pausa, en este contexto, es deferencia.

RadicalMedia, la productora detrás de Summer of Soul (Oscar al mejor documental), Abstract: The Art of Design y My Next Guest Needs No Introduction, aporta una gramática visual de documental de prestigio que el productor de contenidos de estilo de vida habitual nunca alcanzaría. El formato de 15-20 minutos por episodio no es una concesión a la distracción del espectador; es una elección que tolera la digresión, aguanta un chiste que no funciona y permite que varias voces expertas se sucedan sin obligar a ninguna a llegar antes de tiempo a una conclusión que no ha ganado.

La geografía tampoco es decorativa. La isla de Vancouver y las islas del Golfo del sur de la Columbia Británica constituyen un ecosistema específico de seguridad alimentaria: una de las redes de agricultura a pequeña escala más desarrolladas de la costa del Pacífico, intensificada por la migración post-pandémica que llevó a decenas de miles de norteamericanos urbanos —Galifianakis entre ellos; lleva treinta años vinculado a la región y compró propiedad allí con su esposa canadiense Quinn Lundberg— a buscar algo más cercano a la autosuficiencia. Arzeena Hamir, activista por la seguridad alimentaria y co-propietaria de Amara Farm en el Comox Valley, es una de las agricultoras que aparecen en la serie. Amara no es una explotación decorativa; es una granja de policultivo activa integrada en el sistema alimentario de la Columbia Británica. Hamir ha señalado públicamente que el momento del programa es crítico, dada la convergencia entre la volatilidad de los precios mundiales de los alimentos y el creciente interés por los sistemas alimentarios locales.

Galifianakis ha sido explícito fuera de los episodios sobre lo que el programa está haciendo en realidad. «La forma en que conseguimos alimentos ahora mismo es muy perversa», declaró a Variety. «Creo que vale la pena hablar de ello.» En una entrevista con CBC News fue más directo: «Creo que hay que ser honestos y reconocer que puede que se avecine una tormenta enorme, en términos climáticos. Y creo que los niños, cuanto más sepan, mejor podrán adaptarse.» Eso no es el guion de un programa de entretenimiento. Es el guion de alguien que cree que la información que está transmitiendo —cómo enmendar el suelo, qué significa la rotación de cultivos, cuándo plantar según la zona de rusticidad— tiene valor práctico en el mundo que se aproxima.

This Is a Gardening Show
This Is a Gardening Show

Lo que el programa no puede responder —y lo que ningún programa puede responder— es si la risa cambia el comportamiento o simplemente hace más cómoda la inacción. El espectador que ve los seis episodios, aprende que el estiércol de caballo es el soufflé de chocolate de la jardinería y encuentra el conjunto genuinamente divertido, ha tenido una experiencia real. Si además planta algo, eso lo decide solo. El humor puede ser el comienzo de la transacción o puede ser su final. Que siga siendo una pregunta abierta no es un defecto del programa. Es, probablemente, la apuesta más honesta que puede hacer un formato que depende de los seres humanos para completar su argumento.

Aquí hablamos de huertos se estrena en Netflix el 22 de abril de 2026, Día de la Tierra. Seis episodios de 15 a 20 minutos. Dirigida por Brook Linder. Producida por Chris Kim. Productores ejecutivos: Zach Galifianakis, Frank Scherma y Jon Kamen. Una producción de RadicalMedia en asociación con Billios Productions.

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