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Cigarette Girl: una historia de amor perdida en el tiempo

Veronica Loop
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La escena del tren, donde Raja se encuentra con Dasiyah bajo una lluvia torrencial, encapsula la esencia de Cigarette Girl (2023): un drama histórico romántico que explora el amor, la traición y la redención en el corazón de la industria del kretek en Indonesia. Dirigida por Shanty Harmayn, Tanya Yuson, Kamila Andini e Ifa Isfansyah, esta serie de Netflix se basa en la novela de Ratih Kumala y ofrece una mirada íntima a un mundo donde el amor y la ambición chocan con las tradiciones y los conflictos políticos.

La premisa es sencilla pero poderosa: Dasiyah (Dian Sastrowardoyo), hija de un fabricante de kretek, desafía las normas patriarcales para crear nuevos sabores de cigarrillos. Su romance con Soeraja (Ario Bayu), un empleado de su padre, se ve interrumpido por la violencia política y las ambiciones egoístas. La serie alterna entre dos épocas: los años 60, cuando la historia de amor central se desarrolla, y el año 2001, donde Lebas (Arya Saloka), hijo de Soeraja, busca a Jeng Yah para cumplir el último deseo de su padre moribundo.

La serie se estrenó en el 28º Festival Internacional de Cine de Busan antes de llegar a Netflix, lo que le dio un impulso inicial de visibilidad. Sin embargo, la estructura narrativa que salta entre las dos épocas puede resultar confusa para algunos espectadores. La trama del siglo XXI, centrada en Lebas y su búsqueda, a veces se siente como una distracción de la historia principal. Aunque el salto temporal tiene sentido temáticamente—mostrando cómo las decisiones del pasado afectan el presente—, la ejecución podría haber sido más fluida.

Donde Cigarette Girl realmente brilla es en sus momentos íntimos. La química entre Sastrowardoyo y Bayu es palpable, especialmente en escenas como aquella en la que Dasiyah y Soeraja crean juntos un nuevo sabor de kretek a base de rosas. Estos instantes de complicidad son los que dan vida a la serie y la elevan por encima del drama romántico convencional.

La dirección es otro punto fuerte. Los creadores logran capturar la atmósfera de los años 60 con una atención meticulosa al detalle: desde los trajes tradicionales hasta las fábricas de cigarrillos, cada elemento contribuye a la autenticidad de la época. La fotografía también merece elogios, especialmente en escenas como la del tren, donde el uso de primeros planos y la lluvia crea un ambiente cargado de emoción.

Sin embargo, no todo es perfecto. El ritmo de la serie a veces se resiente bajo el peso de su propia ambición. Hay demasiados subtramas—desde la rivalidad con Djagad (Rukman Rosadi) hasta las implicaciones políticas—que compiten por la atención del espectador. Aunque estos elementos añaden profundidad al mundo representado, también pueden distraer de la historia principal.

El elenco es otro aspecto destacable. Sastrowardoyo y Bayu llevan el peso de la serie con actuaciones convincentes que transmiten tanto la pasión como el dolor de sus personajes. Putri Marino, como Arum, y Arya Saloka, como Lebas, también ofrecen interpretaciones sólidas que añaden capas a la narrativa.

En cuanto al tema central, Cigarette Girl es una exploración de cómo el amor y la ambición pueden chocar con las tradiciones y los conflictos políticos. La serie no se limita a ser un drama romántico; también aborda temas más profundos como la identidad, la redención y el costo del éxito.

La música juega un papel crucial en la creación de la atmósfera de la serie. La partitura, llena de instrumentos tradicionales indonesios, refuerza las emociones sin ser invasiva. Es especialmente efectiva en escenas clave, como cuando Dasiyah y Soeraja crean su nuevo sabor de kretek.

En comparación con otras series similares, Cigarette Girl se destaca por su enfoque culturalmente específico. A diferencia de producciones más genéricas que podrían ambientarse en cualquier lugar, esta serie está profundamente arraigada en la historia y la cultura de Indonesia. Esto le da un sentido de autenticidad que es difícil de encontrar en otras producciones.

La serie también aborda temas políticos relevantes para la época, como el conflicto entre las fuerzas tradicionales y las modernas. La violencia política y las tensiones sociales se integran en la trama de manera orgánica, añadiendo una capa adicional de complejidad a la historia.

Sin embargo, uno de los mayores desafíos de Cigarette Girl es su longitud. Con cinco episodios, la serie tiene tiempo suficiente para desarrollar sus personajes y tramas, pero también hay momentos en los que el ritmo se ralentiza demasiado. Algunas escenas podrían haberse editado para mantener un ritmo más constante.

En cuanto a su audiencia, Cigarette Girl está dirigida a aquellos que disfrutan de dramas históricos románticos con un toque culturalmente específico. La serie ofrece una mirada íntima a un mundo poco explorado en la ficción televisiva, lo que la hace atractiva tanto para los espectadores locales como para los internacionales interesados en historias fuera del mainstream.

En resumen, Cigarette Girl es una serie con muchos puntos fuertes: actuaciones convincentes, una dirección meticulosa y una historia emocional que toca temas universales. Sin embargo, su estructura narrativa a veces confusa y el ritmo desigual pueden ser un obstáculo para algunos espectadores.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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