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The Lincoln Lawyer: un thriller legal con casos pero sin alma».

Alice Lange
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Imagina un abogado defendiéndose desde el asiento trasero de su Lincoln Navigator mientras Los Ángeles desfilaba por sus ventanillas, convertida en oficina móvil. Así arranca The Lincoln Lawyer, la serie de Netflix que traslada al formato televisivo las novelas de Michael Connelly con la firma de David E. Kelley, un veterano del género legal. La premisa es prometedora: Mickey Haller (Manuel Garcia-Rulfo), un abogado en recuperación de su adicción a las drogas, heredando los casos de un colega asesinado y lidiando con clientes problemáticos mientras intenta reconquistar la custodia de su hija. Pero donde la serie falla es en ejecutar esa promesa con la profundidad que merece.

El primer episodio establece un ritmo frenético: Haller recibe el caso de Trevor Elliott, un billonario diseñador de videojuegos acusado de asesinar a su esposa y su amante, mientras intenta mantenerse sobrio y reconstruir su vida personal. La serie mezcla elementos del legal thriller clásico con dramas familiares y problemas sociales como la adicción y el tráfico humano. Sin embargo, este enfoque multifacético se convierte en su mayor debilidad. En lugar de profundizar en los conflictos centrales—como la redención de Haller o el caso Elliott—la narrativa se dispersa en subtramas que diluyen su impacto.

Donde The Lincoln Lawyer funciona mejor es en sus escenas de tribunal, donde Kelley demuestra por qué es un maestro del drama legal. Los intercambios entre Haller y los fiscales son ágiles y bien escritos, con diálogos que recuerdan al mejor Boston Legal. Garcia-Rulfo tiene momentos de destreza, especialmente cuando confronta a Elliott o negocia con su ex-esposa Maggie McPherson (Neve Campbell), la fiscal encargada del caso de tráfico humano. La química entre los dos actores es palpable, y sus escenas juntas añaden capas emocionales a la trama.

Pero el problema persiste en la estructura. La primera temporada intenta abarcar demasiado: desde el asesinato del colega de Haller hasta las luchas por la custodia de su hija Hayley (Krista Warner), pasando por un caso de alto perfil contra Elliott. La serie pierde foco, diluyendo su potencial en subtramas que no siempre tienen peso. Por ejemplo, la investigación paralela sobre el asesinato del colega de Haller se siente como un guiño a las series policíacas convencionales, sin aportar nada sustancial al arco principal.

Además, los episodios caen en el ritmo lento y predecible del drama televisivo convencional. La serie se siente como una mezcla de Suits y Shakedown, con un toque de Knight Rider por su premisa móvil. Kelley intenta darle mordiente social—la serie aborda temas como la adicción, el tráfico humano y la corrupción política—but these themes feel tacked on rather than integral to the narrative. La adicción de Haller, por ejemplo, se explora superficialmente, reducida a flashbacks y conversaciones con su hija en recuperación (Izzy Letts, interpretada por Jazz Raycole).

El mayor error es la falta de originalidad. The Lincoln Lawyer se siente como un pastiche de fórmulas conocidas: el abogado rebelde con un corazón de oro (Shakedown), las relaciones tóxicas entre ex-parejas (Suits), y hasta un toque de Knight Rider en su premisa móvil (como señaló algún crítico). Kelley intenta darle mordiente social—la serie aborda temas como la adicción, el tráfico humano y la corrupción política—but these themes feel tacked on rather than integral to the narrative. La adicción de Haller, por ejemplo, se explora superficialmente, reducida a flashbacks y conversaciones con su hija en recuperación (Izzy Letts, interpretada por Jazz Raycole). El caso de Elliott, aunque intrigante, cae en clichés del villano caricaturesco, un tropo que la serie nunca logra superar.

Donde la serie mejora es en la segunda temporada, que se centra más en un solo caso—un chef acusado de asesinato—y permite que los personajes crezcan. Lorna (Becki Newton) y Cisco (Angus Sampson) roban escenas con su dinámica disparatada pero encantadora, y Garcia-Rulfo parece más cómodo en el papel. Sin embargo, incluso aquí hay momentos en los que la serie se estira demasiado, como cuando Cisco se involucra con su antiguo gang.

En cuanto a las actuaciones, Garcia-Rulfo es competente pero nunca convincente como Mickey Haller. Le falta el carisma magnético de un Matthew McConaughey (el protagonista de la adaptación cinematográfica de 2011) o incluso la chispa de un Harvey Specter. El reparto secundario salva los momentos, especialmente Yaya DaCosta como Andrea Freemann y Elliott Gould repitiendo su papel del abogado anciano David «Legal» Siegel.

The Lincoln Lawyer es una serie sólida pero olvidable, el equivalente televisivo de un buen episodio piloto que nunca se atreve a evolucionar. Es entretenimiento ligero, perfecto para quienes buscan un drama legal convencional sin pretensiones.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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