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The Ritual Killer: un thriller policial fallido por su superficialidad cultural

Martin Cid
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La secuencia inicial de The Ritual Killer (2023) es un golpe bajo: una niña ahogándose en un lago, capturada desde abajo, con el agua distorsionando su silueta mientras lucha por salir. Es una imagen poderosa, cargada de culpa y pérdida, que define al protagonista, el detective Lucas Boyd (Cole Hauser). Dirigida por George Gallo (Middle Men, The Thin Pink Line), esta película de Screen Media y Redbox Entertainment intenta mezclar thriller policial con elementos sobrenaturales, pero termina siendo un collage desordenado.

El problema central es la premisa misma: un asesino en serie que sigue rituales africanos llamados muti, donde se extraen órganos para crear una poción que otorga poder. La idea podría ser fascinante —y de hecho lo fue para películas como The Grudge o Audition— pero aquí el guion (escrito por Bob Bowersox, Francesco Cinquemani y Ferdinando Dell’Omo) no logra profundizar en las implicaciones culturales ni éticas. En su lugar, se conforma con un planteamiento simplista: «un asesino mata gente para hacer magia». No hay exploración del colonialismo, de la apropiación cultural, o incluso de cómo estos rituales podrían ser malinterpretados. Es una oportunidad perdida.

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Donde la película sí funciona es en el terreno emocional. Hauser —conocido por Tears of the Sun y Streets of Blood— entrega una actuación cruda como Boyd, un hombre destrozado por la muerte de su hija y el abandono de su esposa. Sus escenas de dolor son las más auténticas del filme, especialmente cuando discute con Mackles (Morgan Freeman) sobre la naturaleza del mal. Freeman, siempre imponente, roba cada plano como el antropólogo que sabe más de lo que dice. Su voz grave y su presencia física dan peso a un personaje que podría haber sido un mero cliché del «sabio anciano».

Pero el resto del reparto no logra seguirles el ritmo. Vernon Davis, como el asesino Randoku, tiene momentos de intensidad, pero su caracterización es inconsistente: unos segundos es un depredador letal, otros parece un actor en una película de artes marciales barata. Peter Stormare (Fargo, The Big Lebowski) tiene un papel secundario como el capitán Marchand, pero su personaje desaparece después del primer acto. Giuseppe Zeno y Murielle Hilaire, como los inspectores Lavazzi y Kersch, tampoco dejan huella.

La dirección de Gallo es otro punto flaco. Hay secuencias que podrían haber sido memorables —como la persecución en el bar o el enfrentamiento final en el almacén— pero están rodadas con una energía frenética que las hace confusas. No hay tiempo para construir tensión, solo hay acción por acción. Incluso los planos más llamativos —como el del cuerpo mutilado flotando en el río— carecen de impacto porque la cámara se mueve demasiado rápido.

El mayor pecado de The Ritual Killer es su falta de originalidad. La trama sigue fielmente la estructura del thriller policial clásico: un detective torturado, un asesino ritualista, un experto que conoce los secretos oscuros. No hay giros inesperados, solo un desarrollo predecible que culmina en un clímax anticlimático. El final, donde Boyd come los ojos de Randoku y deja de tener pesadillas, es confuso: ¿es una solución mágica? ¿O simplemente se ha vuelto loco? La película no lo aclara.

Tampoco ayuda que la película intente abarcar demasiado. Hay elementos de terror sobrenatural, thriller policial, drama familiar y crítica social, pero ninguno se desarrolla completamente. Es como si Gallo y los guionistas hubieran querido incluir todo en una sola historia, sin darse cuenta de que menos habría sido más.

A quién va dirigida esta película? Probablemente a fans del género de asesinos en serie que buscan algo nuevo dentro del mismo esquema. Pero incluso para ese público, The Ritual Killer resulta decepcionante. No hay profundidad psicológica en los personajes, ni exploración temática, ni innovación en la narrativa.

Comparada con otras películas del género, como Parasite (9.4 MCM Score) o Past Lives (8.7 MCM Score), The Ritual Killer queda muy atrás. Incluso Maestro (5.6 MCM Score), una película con problemas similares de estructura y tono, tiene más coherencia interna. La única salvación de esta cinta es el par de actuaciones destacadas de Freeman y Hauser.

En resumen, The Ritual Killer es un thriller que promete pero no cumple. Tiene momentos interesantes y actuaciones sólidas, pero se pierde en su propia ambición desmedida. Es una película para ver si te gustan los thrillers policiales, pero no esperes nada revolucionario.

MCM Score: 5.8/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 1.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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