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The Decameron: promete más de lo que cumple

Martha O'Hara
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Imagina una villa toscana en 1348, donde los ecos de risas borrachas se mezclan con los gemidos de sirvientes exhaustos mientras, más allá de sus muros, la peste negra devora a miles. Así comienza The Decameron, la serie de Kathleen Jordan que Netflix estrenó el 25 de julio de 2024, un experimento televisivo que intenta fusionar la crudeza histórica con la comedia negra contemporánea. Con un elenco multinacional y una producción ambiciosa filmada en Italia pero financiada por Hollywood, la serie promete mucho: explorar las tensiones sociales durante uno de los peores brotes de peste bubónica, mientras sus personajes nobles y sirvientes se refugian en una villa de lujo.

La premisa es irresistible para cualquier amante del drama histórico con toques de humor ácido. Inspirada libremente en la obra de Giovanni Boccaccio, The Decameron reúne a un grupo de nobles y sus sirvientes atrapados en Villa Santa, donde el vino fluye tanto como la sangre de las bubas negras que marcan los cuerpos de quienes han escapado de la peste en Florencia. La idea central —la decadencia de una élite que ignora la realidad exterior hasta que ya no puede— es potente y relevante, especialmente en un mundo postpandémico. Sin embargo, la ejecución es desigual.

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Donde la serie triunfa es en su elenco. Tanya Reynolds, como Licisca, roba cada escena con una actuación llena de matices. Su interpretación de una sirvienta cansada pero dispuesta a luchar por un atisbo de libertad es uno de los puntos más altos de la serie, especialmente cuando se enfrenta a Jessica Kate Plummer (Filomena) en un duelo verbal que captura perfectamente el resentimiento de clase y la astucia desesperada. La química entre Lou Gala (Neifile) y Karan Gill (Panfilo) también destaca, capturando la tensión de un matrimonio donde la fe y el deseo chocan de manera explosiva.

Tony Hale, en el papel de Sirisco, ofrece momentos de comedia física impecables, como cuando intenta mantener el orden en medio del caos con una sonrisa nerviosa que esconde el pánico. Su actuación recuerda a las mejores interpretaciones de Peter Capaldi en The Thick of It, combinando humor y tragedia de manera magistral.

Sin embargo, no todos los personajes tienen la misma suerte. Douggie McMeekin, como Tindaro, el hipocondríaco más rico del grupo, resulta irritante en lugar de divertido. Su obsesión con la historia de la guerra se siente fuera de lugar en un contexto donde la peste es la verdadera amenaza, y sus intentos de impresionar a los demás caen planos. Zosia Mamet, como Pampinea, también decepciona. Su personaje, una noble vanidosa y temperamental, podría haber sido interesante, pero su actuación carece de la profundidad necesaria para hacerla memorable.

La dirección de Jordan es competente, pero hay momentos en los que la cámara parece perdida. La serie oscila entre la farsa y el drama histórico sin encontrar un ritmo coherente. Algunos episodios se sienten demasiado largos, especialmente cuando las subtramas secundarias no aportan nada sustancial a la narrativa principal. Por ejemplo, la secuencia de bandidos en el episodio cuatro resulta confusa y anticlimática, un momento que podría haber sido emocionante pero que termina siendo un obstáculo en el ritmo de la serie.

La ambientación histórica es uno de los puntos fuertes de The Decameron. Los trajes, los decorados y la fotografía capturan bien la atmósfera del siglo XIV. Sin embargo, la serie pierde fuerza cuando se adentra en temas más serios, como la peste o las jerarquías sociales. Aunque explora ideas interesantes sobre el poder y la supervivencia, lo hace de manera superficial, sin profundizar lo suficiente para que resuenen con impacto.

Comparada con otras series históricas recientes como The Great o Bridgerton, The Decameron palidece. Estas series logran equilibrar el humor y el drama de manera más efectiva, mientras que The Decameron a menudo se siente incómoda consigo misma. No está claro si quiere ser una comedia negra o un drama histórico serio, y ese conflicto tonal debilita la experiencia general.

En cuanto a su público objetivo, The Decameron parece dirigida a los amantes del drama histórico con toques de humor ácido. Sin embargo, su falta de coherencia narrativa y tonal puede alejar a aquellos que buscan una experiencia más pulida. Los fans de series como The White Lotus o Succession encontrarán elementos familiares en la exploración de las tensiones de clase y el poder, pero la ejecución no está a la altura de esas producciones.

En el balance final, The Decameron tiene momentos brillantes gracias a actuaciones destacadas y un humor negro bien ejecutado. Sin embargo, su falta de coherencia narrativa y tonal la convierten en una experiencia desigual. La serie podría haber sido un éxito si hubiera encontrado un tono más consistente y profundizado más en sus temas.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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