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Furies: violencia cruda y personajes femeninos memorables

Veronica Loop
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La sangre salpicando el parabrisas del coche de Lyna es una imagen imborrable: rojo brillante contra el gris sucio de París, un presagio visual de lo que está por venir. Esta secuencia inicial de «Furies» (2024), creada por Jean-Yves Arnaud y Yoann Legave para Netflix, establece el tono con brutalidad inmediata. No hay prólogos, ni contextos, ni justificaciones: solo violencia cruda y sus consecuencias. La serie francesa, que premiered el 1 de marzo de 2024, se presenta como un thriller criminal con ambiciones de drama familiar, pero su verdadero poder reside en la manera en que explora —a veces de forma torpe— las cicatrices emocionales de la venganza.

La premisa es sencilla: Lyna (Lina El Arabi), una estudiante universitaria, ve cómo sus padres son asesinados a sangre fría. Tras negarse a colaborar con la policía sobre los responsables, pasa tiempo en prisión y sale dispuesta a encontrar justicia por su cuenta. Su búsqueda la lleva hasta Selma (Marina Foïs), conocida como «la Fury», una figura mítica dentro del submundo criminal parisino que actúa como pacificadora entre las seis grandes familias de la ciudad. Lo que comienza como un viaje de venganza personal se transforma en una exploración de identidad, moralidad y el precio de la lealtad.

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Lo que funciona: El mayor acierto de «Furies» es su capacidad para construir personajes femeninos complejos y multidimensionales. Lina El Arabi, como Lyna, entrega una actuación llena de matices. Su transformación —desde una joven ingenua hasta una buscadora implacable de justicia— está cuidadosamente detallada en escenas íntimas con Jérémy Nadeau (su novio, el policía Elie). Un momento revelador ocurre en el episodio 3 cuando Lyna mira su reflejo en un espejo roto: sin decir una palabra, El Arabi transmite la lucha interna entre el deseo de venganza y el miedo a convertirse en lo que odia. Es un detalle pequeño pero poderoso, uno de los pocos momentos en los que la serie se detiene para respirar.

Marina Foïs, como Selma, roba cada escena con su presencia magnética. Su voz es un susurro peligroso, sus gestos calculados. La dirección de Arnaud y Legave juega con la dualidad de Selma: por un lado, una figura casi mítica que mantiene el equilibrio entre las familias criminales; por otro, una mujer atrapada en un sistema del que no puede escapar. Foïs logra transmitir ambas facetas sin caer en lo caricaturesco, especialmente en su escena con Lyna en el episodio 5, donde la tensión entre madre e hija adoptiva es palpable.

La fotografía de «Furies» también merece elogios. Los planos aéreos de París —sobre todo los del Sena y Montmartre— contrastan con los espacios cerrados donde se desarrollan las intrigas, creando una tensión visual constante. La ciudad no es solo un escenario; es un personaje más, con sus luces brillantes que esconden sombras oscuras. La banda sonora, aunque no siempre destacada, añade un ritmo pulsante a las secuencias de acción, como la persecución en el metro de París, donde el sonido de los trenes y los pasos acelerados crean una atmósfera claustrofóbica.

Lo que falla: A pesar de sus puntos fuertes, «Furies» tropieza con su propia ambición. La serie intenta ser más profunda de lo que realmente es, y aunque la premisa promete una exploración de la moralidad y la identidad, a menudo se queda en la superficie. Las dinámicas entre las familias criminales podrían haber sido más desarrolladas; en lugar de eso, personajes como Driss (Mathieu Kassovitz) y Simon (Steve Tientcheu) quedan reducidos a arquetipos. Kassovitz, por ejemplo, tiene momentos de brillo —su escena con Lyna en el episodio 5 es especialmente potente— pero su papel carece del desarrollo necesario para justificar su importancia en la trama.

Además, algunos diálogos caen en lo melodramático, especialmente cuando Selma intenta impartir lecciones de vida a Lyna. Estas escenas, aunque bien actuadas, parecen sacadas de un thriller clásico de los 90, en lugar de integrarse orgánicamente en el tono moderno de la serie. Hay una falta de sutileza en la manera en que se abordan temas como la redención y la lealtad, lo que a veces hace que la narrativa se sienta forzada.

Contexto y comparación: «Furies» ha sido comparada con el trabajo de Luc Besson, especialmente por su mezcla de acción cruda y personajes femeninos fuertes. Sin embargo, a diferencia de obras como «La Femme Nikita», «Furies» no logra encontrar un equilibrio entre el drama personal y la intriga criminal. Mientras que Besson lograba humanizar a sus protagonistas incluso en los momentos más violentos, aquí a veces sentimos que Lyna es arrastrada por los eventos en lugar de guiarlos.

Otra comparación útil es con «Gomorrah» (2014), aunque «Furies» carece del realismo desgarrador y la profundidad sociopolítica de esa serie. Donde «Gomorrah» explora el sistema criminal como una metáfora del Estado, «Furies» se queda en la superficie, usando el crimen organizado como un telón de fondo para un drama familiar.

A quién va dirigida: «Furies» apela a los fans del thriller criminal con toques de venganza y drama familiar. No es una serie para quienes buscan complejidad narrativa o personajes profundamente desarrollados, sino más bien un entretenimiento sólido con momentos de alta tensión y actuaciones memorables. Los espectadores que disfrutan de series como «Lupin» (2021) o «Le Bazar de la Charité» (2019) encontrarán en «Furies» un relato similar de justicia y redención, aunque menos pulido.

Temas y subtextos: Uno de los temas centrales de «Furies» es el ciclo intergeneracional de violencia. Lyna, al buscar venganza por la muerte de sus padres, corre el riesgo de convertirse en lo que odia: una criminal más dentro del sistema que destruyó a su familia. La serie explora esta idea a través de escenas como la conversación entre Lyna y Selma en el episodio 4, donde Selma le advierte sobre los peligros de seguir ese camino.

Otro tema importante es el papel de la mujer en un mundo dominado por hombres. Selma, como Fury, actúa como una figura materna para las mujeres del submundo criminal, ofreciendo protección y guía. Sin embargo, también está atrapada en un sistema que la obliga a usar la violencia para mantener el orden.

Dirección y estructura: La dirección de Jean-Yves Arnaud y Yoann Legave es segura pero poco innovadora. Utilizan técnicas estándar del género, como planos subjetivos durante las secuencias de acción y primeros planos para enfatizar los momentos emocionales. Aunque estas elecciones funcionan dentro del contexto de la serie, no añaden nada nuevo al lenguaje visual del thriller criminal.

La estructura narrativa sigue un patrón familiar: cada episodio avanza la trama a través de una nueva revelación o confrontación, llevando a un clímax en el final de la temporada. Sin embargo, esta estructura también tiene sus desventajas, ya que a veces hace que la serie se sienta predecible.

Verdict: «Furies» es un thriller de venganza bien ejecutado que se beneficia de actuaciones sólidas —especialmente las de El Arabi y Foïs— y una dirección segura. Sin embargo, su ambición narrativa poco realizada y la falta de desarrollo en algunos personajes le impiden elevarse por encima del género.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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