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Great expectations: un ritmo lento ahoga su crudeza visual

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La escena inicial de Great Expectations (2023) es un golpe directo al estómago: Fionn Whitehead, como Pip, camina por el páramo bajo la lluvia, su rostro juvenil marcado por una mezcla de miedo y determinación. Es un momento que resume perfectamente lo que Steven Knight busca con esta adaptación: una versión más cruda y visualmente impactante del clásico de Dickens.

Knight, conocido por Peaky Blinders, imprime su sello en cada plano. La serie no teme a los primeros planos cargados de simbolismo (como la araña que teje su tela sobre el rostro de Miss Havisham, interpretada con una locura desgarradora por Olivia Colman) ni a las tomas largas que exploran los paisajes desolados de Inglaterra. El diseño de producción es impecable: la mansión de Satis House, con sus relojes detenidos y su polvo acumulado, se convierte en un personaje más, opresivo y asfixiante.

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Donde la serie tropieza es en el ritmo. Knight parece obsesionado con estirar cada escena hasta el límite, como si quisiera compensar la ausencia de diálogos con planos largos y silencios incómodos. A veces funciona (la tensión entre Pip y Joe Gargery, interpretado con ternura por Owen McDonnell, es palpable), pero en otros momentos se siente redundante, especialmente cuando los monólogos internos de Pip (voz en off) repiten lo que ya hemos visto.

El mayor problema es la estructura. La serie divide el libro en seis episodios, y aunque cada uno tiene un arco claro, la transición entre ellos a veces se siente forzada. El salto temporal entre la infancia de Pip y su llegada a Londres, por ejemplo, podría haber sido más fluido. Y aunque el elenco es sólido (Johnny Harris como Magwitch roba cada escena en la que aparece), algunos personajes secundarios, como Mr. Pumblechuck (Matt Berry), caen en lo caricaturesco.

Donde Knight acierta es en modernizar los temas del libro sin traicionarlos. La serie explora la ambición y la autodestrucción con una mirada contemporánea: Pip no es solo un niño inocente, sino alguien profundamente egoísta, y Estella (interpretada por Hayley Squires) no es simplemente fría, sino el producto de un sistema que la ha moldeado para destruir a los hombres.

En resumen, Great Expectations es una adaptación fiel en espíritu pero audaz en forma.

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