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Great Expectations: una estética gótica vacía

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La mansión de Miss Havisham es una cripta de relojes detenidos, telarañas y vestidos amarillentos donde el tiempo se pudre como los sueños de Pip. Así comienza Great Expectations (2023), la adaptación televisiva de Steven Knight para la BBC, que clava su gancho en esa imagen icónica de Dickens pero la retuerce hasta hacerla sangrar. Olivia Colman emerge de las sombras como una Miss Havisham que ya no es solo una víctima del tiempo, sino un monstruo creado por él: sus risas agudas cortan el aire mientras arrastra su vestido nupcial podrido, y en los ojos de Fionn Whitehead—el joven Pip—se refleja ese terror primal ante lo grotesco. Knight no busca la fidelidad literal al texto original (publicado originalmente por entregas entre 1860 y 1861), sino una reinterpretación oscura que prioriza el shock visual sobre la sutileza psicológica.

El problema es que, a menudo, esta aproximación se queda en superficie. La serie—con sus seis episodios de 30 minutos cada uno—sustituye la complejidad moral del novelista victoriano por una estética gótica hiperestilizada, donde los planos cerrados de rostros sudorosos y las luces parpadeantes parecen más propios de un thriller psicológico barato que de una reflexión sobre clase social y autodescubrimiento. La dirección de Knight (creador de Peaky Blinders) funciona mejor cuando explora la relación tóxica entre Pip y Estella, pero incluso ahí, el guión simplifica los conflictos internos del protagonista hasta convertirlos en un mero ejercicio de victimización.

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Donde la serie sí acierta es en su reparto. Colman roba cada escena con una actuación que oscila entre lo patético y lo aterrador: hay un momento, durante la fiesta de cumpleaños interrumpida, donde su voz se quiebra al cantar «Va thoughtless pride» y el corazón se encoge. Ashley Thomas como Jaggers—austero, calculador—y Owen McDonnell como Joe Gargery—calidez contenida bajo una máscara de resignación—elevan material que podría haber sido plano. Pero es Johnny Harris quien sorprende como Magwitch: su interpretación evita los clichés del «salvaje noble» y lo convierte en un hombre roto por el sistema, cuya redención no llega a tiempo.

El mayor error de la serie es su tratamiento de los temas centrales. Dickens exploraba la ambición y la autodescubierta a través de Pip con una ironía que aquí desaparece. En lugar de eso, Knight opta por escenas de violencia gráfica (como el ataque de Compeyson en el pantano) y momentos de tensión sexual incómodos (el beso entre Pip y Estella en el jardín), que parecen diseñados para «modernizar» la historia pero solo logran distraer. La música ominosa, los primeros planos excesivos y las transiciones abruptas entre escenas—como cuando Pip huye del funeral de Miss Havisham—roban peso a decisiones narrativas que merecían más espacio.

¿A quién va dirigida esta versión? No es para los puristas de Dickens (quienes ya criticaron la adaptación de 2011 por su enfoque similar), ni para quienes busquen una introducción accesible al clásico. Great Expectations (2023) apunta a un público familiarizado con el material original pero dispuesto a aceptar una reinterpretación oscura y acelerada. Sin embargo, incluso ese segmento se sentirá decepcionado: la serie no profundiza lo suficiente en los temas sociales que hicieron relevante al libro—la crítica a las clases altas, la corrupción del dinero, la búsqueda de identidad—y reduce personajes complejos como Miss Havisham o Magwitch a arquetipos unidimensionales.

La fotografía, al menos, es impecable. Los planos de la mansión en ruinas, con sus paredes cubiertas de enredaderas y sus salones llenos de polvo, son visualmente impactantes. Pero esa belleza formal choca contra un ritmo desigual: algunos episodios—como el tercero, donde Pip descubre su herencia—se sienten apresurados, mientras que otros (el quinto, centrado en la relación entre Estella y Compeyson) arrastran escenas innecesarias. La serie también cae en contradicciones tonales: una escena puede ser profundamente emotiva (la muerte de Miss Havisham), mientras que la siguiente—como el enfrentamiento final entre Pip y Jaggers—resulta risible por su exageración.

El veredicto es que Great Expectations (2023) es un intento valiente pero desigual. Knight demuestra habilidad para adaptar clásicos (A Christmas Carol en 2019), pero aquí se deja llevar por una estética oscura que prioriza el shock sobre la sustancia.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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