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First Kill: promesa queer ahogada en clichés adolescentes».

Veronica Loop
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Imagina la escena: una chica con colmillos brillantes bajo las luces neón de un instituto estadounidense, otra con una ballesta oculta bajo su chaqueta, ambas mirándose en medio del comedor escolar como si el destino mismo las hubiera empujado a chocar. Esta es la imagen inaugural de First Kill, la serie de Netflix que intenta reinventar el romance vampírico desde una perspectiva queer, pero que termina ahogada entre sus propias ambiciones y limitaciones.

Basada en un relato corto de V.E. Schwab, la serie sigue a Juliette Fairmont (Sarah Catherine Hook), una vampira adolescente que debe matar a su primera víctima para completar su transición a la edad adulta, y Calliope «Cal» Burns (Imani Lewis), una cazadora de monstruos que necesita eliminar a un vampiro para ganar el respeto de su familia. El problema no es solo que sus caminos estén destinados a cruzarse, sino que, en lugar de enfrentarse, terminan enamorándose. Aquí reside la premisa más interesante de First Kill: un Romeo y Julieta sobrenatural con giros LGBTQ+, donde las familias rivales son una dinastía de vampiros matriarcales y un clan de cazadores ultrareligiosos.

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La serie, creada por Schwab y Felicia D. Henderson, apuesta por un tono que oscila entre el drama adolescente y el horror gótico, aunque nunca logra encontrar un equilibrio sólido. La dirección de Jet Wilkinson en los dos primeros episodios intenta compensar con planos cercanos y una estética visual inspirada en los años 80 —colores saturados, iluminación dramática—, pero el bajo presupuesto se filtra por todas partes: efectos visuales baratos, decorados que parecen sacados de una obra escolar y una fotografía inconsistente que pasa de la penumbra gótica a la luz artificial del instituto sin transición alguna. La banda sonora, en cambio, es uno de los pocos aciertos. Canciones como «Man! I Feel Like a Woman!» de Shania Twain o «bury a friend» de Billie Eilish refuerzan el tono juvenil y rebelde, aunque a veces la música parece más un intento desesperado por modernizar una historia que ya suena anticuada.

Donde First Kill sí funciona es en la química entre sus dos protagonistas. Sarah Catherine Hook y Imani Lewis tienen momentos de auténtica magia, especialmente en las escenas más íntimas donde logran transmitir esa mezcla de miedo, atracción y confusión adolescente. La escena del primer beso, por ejemplo, está bien dirigida: los planos cercanos, el sonido de la respiración entrecortada y la tensión sexual se sienten reales. Pero incluso aquí hay problemas. Los diálogos, aunque intentan ser ingeniosos y modernos, caen en lo melodramático sin gracia. Frases como «No puedo matar a alguien que me hace sentir viva» o «Eres mi primera víctima, pero también mi última obsesión» suenan más a telenovela que a literatura juvenil.

El mayor defecto de First Kill es su falta de originalidad. La serie no aporta nada nuevo al género: ni el romance vampírico de The Vampire Diaries, ni la tensión familiar de Buffy, la cazavampiros, ni siquiera el estilo visual de What We Do in the Shadows. Es una mezcla de elementos conocidos sin una identidad propia. Los personajes secundarios son unidimensionales y sus arcos argumentales predecibles. La familia Burns es presentada como un grupo de fanáticos religiosos, pero nunca se explora con profundidad su motivación o complejidad. Lo mismo ocurre con los vampiros Fairmont: poderosos, aristocráticos y aburridos.

La trama avanza sin sorpresas. Desde el primer episodio, sabemos que Juliette y Calliope terminarán juntas, que sus familias intentarán separarlas y que habrá un momento en el que una de ellas deberá elegir entre su identidad y su amor. Los giros argumentales son tan obvios que resultan aburridos. Incluso la revelación sobre el pasado de Margot Fairmont (Elizabeth Mitchell), la madre de Juliette, se siente forzada y poco convincente.

A pesar de todo, hay momentos brillantes. La escena en la que Juliette lucha contra su sed de sangre es visceral y bien actuada por Hook. Y el final del episodio 6, donde las dos protagonistas se enfrentan a sus familias, tiene un ritmo y una tensión que hacen recordar por qué empezamos a verla.

First Kill no está dirigida al público más exigente. Va dirigida a adolescentes y jóvenes adultos que buscan algo ligero, entretenido y con representación LGBTQ+. Para ellos, la serie puede ser una distracción agradable, aunque no memorable. Pero para los críticos de cine o los fans del género vampírico, First Kill es una decepción.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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