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Santita en Netflix: una antiheroína que no pide perdón por nada

Martha Lucas

En los sueños que Rodrigo García tejió en la arquitectura de Santita, María José Cano patina. Camina. Se mueve por el mundo con el cuerpo que el accidente le quitó — y la decisión de colocar esas secuencias en la serie, en lugar del impacto mismo, es la primera señal del tipo de historia que Netflix ha comprado.

La telenovela mexicana lleva décadas construyendo la mujer que sufre: el cuerpo que padece acumula crédito moral, la discapacitada es buena porque no le queda otra. Santita llega para desmontar esa economía desde el primer episodio. Paulina Dávila interpreta a una doctora parapléjica que va a las peleas de gallos, que lleva veinte años buscando el orgasmo que la lesión medular le arrebató, y que declara sin contexto y sin disculpa: «Yo sé que soy una cabrona y que he sido una cabrona. Y, probablemente, siempre sea una cabrona.» No añade nada más. La serie tampoco.

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García — hijo de Gabriel García Márquez, director de episodios de The Sopranos y Six Feet Under, creador de las películas de cámara Nine Lives y Albert Nobbs — construyó Santita originalmente como una película, antes de aceptar que el personaje no cabía en noventa minutos. Netflix le dio siete episodios y un arco cerrado. Es su primera serie en formato televisivo propio, escrita por Luis Cámara y Gabrielle Galanter, con Gael García Bernal como Esteban, el hombre al que María José dejó plantado en el altar dos décadas atrás.

La búsqueda del orgasmo no es un detalle excéntrico. Es la columna vertebral narrativa de la serie. Algunas mujeres con lesiones medulares recuperan la capacidad orgásmica a través de vías no genitales, y Santita, como médica, lo sabe y lo persigue. García y sus guionistas trabajaron con asesoras del movimiento de derechos de las personas con discapacidad durante la preproducción. Paulina Dávila constató en entrevistas lo que la serie recoge: las 11 millones de mujeres con discapacidad en México son desproporcionadamente vulnerables a la violencia de género y la discriminación. Lo que Netflix vende en su sinopsis como «irreverencia» es, visto desde ese contexto, una demanda que llevaba tiempo esperando un presupuesto de streaming.

La Tijuana de Santita no es accidental. La frontera, en el imaginario moral mexicano, es el lugar donde los sistemas de redención pierden sus tarifas fijas. No hay telenovela que funcione en Tijuana exactamente como funciona en Ciudad de México: la distancia erosiona las obligaciones narrativas. Que Santita construya una vida ahí durante dos décadas, sin pedir perdón por haberla construido, es tanto una decisión geográfica como un argumento sobre lo que significa sobrevivir fuera del marco que el melodrama mexicano ofrece a sus mujeres que sufren.

El casting de Paulina Dávila — colombiana interpretando a una mexicana — genera una fricción leve y deliberada. No puede funcionar como arquetipo nacional; tiene que existir como individuo cuyo mal comportamiento es estrictamente suyo. García Bernal, en cambio, llega cargado con el capital romántico que dos décadas de cine mexicano e internacional le han dado. La serie lo coloca en la posición del que fue abandonado, del que regresa con una petición que el guion retiene del espectador, y le pide que se quede ahí mientras Santita no explica nada.

Santita - Netflix
Santita. (L to R) Cecilia Cañedo as Lía, Paola Fernández as Verónica in Santita. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Lo que el reencuentro con Esteban no puede resolver — lo que siete episodios de dramedia fronteriza pueden dramatizar pero no cerrar — es si una mujer que se declaró cabrona desde el minuto uno, sin arco de aprendizaje prometido y sin disculpas en perspectiva, puede ser amada como lo que ya es. No a pesar de eso. Incluyendo eso.

La serie lo plantea. No lo contesta.

Santita se estrena en Netflix el 22 de abril de 2026, en siete episodios. Creada y escrita por Luis Cámara y Gabrielle Galanter, con dirección de Rodrigo García. Protagonizada por Paulina Dávila como María José Cano y Gael García Bernal como Esteban. Con Ilse Salas, Erik Hayser, Álvaro Guerrero y Sally Quiñonez. Producción de Panorama Entertainment.

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