Cine

Entrevista con el vampiro: la condena nunca fue tan hermosa

Martha O'Hara

Un joven coloca una grabadora en una habitación destartalada de San Francisco y, frente a él, un desconocido pálido y hermoso empieza a hablar. Lo que sigue no es tanto una historia de terror como una confesión: dos siglos de culpa, hambre y duelo narrados por una criatura que ha tenido demasiado tiempo para pensar en todo ello.

Entrevista con el vampiro es la adaptación suntuosa y melancólica que Neil Jordan hizo de la célebre novela de Anne Rice, y su gran apuesta es el tono. Donde el género suele buscar el sobresalto, Jordan busca la pena. Aquí el vampiro es menos un monstruo que un espejo, una figura que plantea una pregunta sencilla e inquietante: ¿en qué nos convertiríamos si desaparecieran las consecuencias y el tiempo se negara a terminar?

Una confesión, no una película de terror

La historia pertenece a Louis de Pointe du Lac, un terrateniente de Luisiana destrozado por el dolor y convertido, casi por capricho, por el magnético e implacable Lestat de Lioncourt. Brad Pitt interpreta a Louis como un estudio de la parálisis: un vampiro incapaz de matar sin angustia, que narra su propia condena con el cansancio de quien ha contado esta historia muchas veces. La crítica del estreno lo encontró pasivo; no se equivocaba, pero pasó por alto lo esencial. La incapacidad de Louis para disfrutar de lo que es constituye el verdadero tema de la película.

A su lado, el Lestat de Tom Cruise es un ejercicio de exuberancia controlada: cruel, ingenioso, posesivo y extrañamente seductor. Elegido a contracorriente y puesto en duda a gritos antes del estreno, Cruise entendió que Lestat es ante todo un actor, una criatura que ha hecho de su propia crueldad un proyecto estético, y se entrega a esa lectura sin el menor titubeo. La propia Anne Rice, su crítica más feroz al principio, se retractó por escrito tras ver la película.

Claudia y la crueldad del tiempo detenido

El golpe más audaz de la película es Claudia, la niña vampiro a la que da vida una Kirsten Dunst de once años en una interpretación de inquietante madurez. Convertida siendo niña y condenada para siempre a no tener cuerpo de mujer, Claudia encarna la idea más oscura del filme: que la inmortalidad no es un regalo sino una condena, y que algunas condenas son más crueles que otras. Dunst está extraordinaria —vigilante, furiosa, desgarradora— y sus escenas con Pitt tienen una carga emocional de la que a veces carecen los pasajes más operísticos.

Brad Pitt y Kirsten Dunst en Entrevista con el vampiro (1994)
Entrevista con el vampiro (1994), dirigida por Neil Jordan.

Tres ciudades, una misma conciencia culpable

Jordan y el director de fotografía Philippe Rousselot retratan tres siglos y dos continentes —la Luisiana de las plantaciones, el París a la luz de las velas, la San Francisco brumosa del presente— con la misma belleza y la misma amenaza. La película es visualmente deslumbrante sin volverse jamás meramente decorativa; los interiores de Dante Ferretti parecen menos decorados que la forma física de la culpa de Louis. La partitura de Elliot Goldenthal, a ratos operística y a ratos de una delicadeza inquietante, es de las mejores de su década.

No es perfecta. Las secuencias parisinas, donde el antiquísimo Armand de Antonio Banderas promete profundidades que la película nunca llega a sondear, pierden fuelle, y el último acto no sabe muy bien cómo cerrar algo tan grande y tan doliente. Pero son los problemas de la ambición, siempre preferibles a los de la mediocridad.

Por qué sigue mereciendo la nota

Lo que perdura, tres décadas después, es la negativa de la película al terror fácil. A Jordan no le interesa el vampiro como cosa que salta de la oscuridad; le interesa el vampiro como una pregunta que preferiríamos no responder. La respuesta a la que llega Entrevista con el vampiro no es tranquilizadora, pero es que lo mejor del género nunca lo es. Sigue siendo la más hermosa, y la más genuinamente triste, de todas las adaptaciones de Anne Rice.

Entrevista con el vampiro se estrenó en noviembre de 1994, dirigida por Neil Jordan a partir del guion de la propia Anne Rice, adaptado de su novela de 1976. La fotografió Philippe Rousselot y la musicó Elliot Goldenthal; encabezan el reparto Tom Cruise, Brad Pitt, Kirsten Dunst, Antonio Banderas, Christian Slater y Stephen Rea. Se estrenó en el número uno de la taquilla estadounidense y sigue siendo, treinta años después, la película definitiva de Anne Rice.

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