Cine

Venom: let There be Carnage: un caos narrativo sin dirección clara

Martin Cid
Añádenos en Google

La secuencia de apertura de Venom: Let There Be Carnage es un torbellino de problemas: una maraña de diálogos expositivos, flashbacks mal integrados y acción confusa que plantea dudas desde el primer minuto. Dirigida por Andy Serkis, esta secuela del inesperado éxito de 2018 intenta consolidar su propio universo dentro del Spider-Man Universe de Sony, pero tropieza con una identidad demasiado dependiente de su predecesora.

El problema central es que la película no sabe qué quiere ser. ¿Una comedia negra? ¿Un thriller de acción? ¿Una sátira de los cómics de superhéroes? La mezcla resulta en un Frankenstein narrativo: el primer acto se arrastra con escenas de conflicto entre Eddie Brock (Tom Hardy) y Venom que repiten fórmulas gastadas, mientras que el segundo acto acelera hacia una secuencia de acción en San Quentin que, aunque visualmente llamativa, carece de coherencia narrativa. El guion de Kelly Marcel intenta abarcar demasiado—la relación tóxica entre Eddie y Venom, la introducción de Carnage (Woody Harrelson), los conflictos secundarios con Anne Weying (Michelle Williams) y el Detective Mulligan (Stephen Graham)—pero termina diluyendo cada elemento en un conjunto que nunca encuentra su ritmo.

YouTube video

Donde la primera película jugaba con un tono irreverente y oscuro, esta entrega amplifica esos elementos sin refinarlos. Serkis, conocido por su trabajo de motion capture, parece más interesado en los efectos visuales que en la narrativa. La introducción de Carnage es el punto más alto del filme: la escena del ataque carcelario, con un diseño de criatura grotesco pero efectivo y un uso inteligente de los poderes sónicos de Shriek (Naomie Harris), demuestra que el equipo técnico sabe cómo vender el caos. Sin embargo, esa misma secuencia sufre por una edición descuidada: los cortes rápidos entre planos CGI y tomas prácticas crean una desconexión visual que distrae más de lo que involucra.

El conflicto central entre Eddie y Venom, que debería ser el corazón emocional del filme, se siente repetitivo. Hardy, aunque entrega una actuación sólida, no tiene suficiente material para trabajar: sus diálogos con la voz de Venom (proporcionada por Hardy mismo) son divertidos en momentos puntuales, pero carecen de la profundidad necesaria para justificar el tiempo de pantalla que ocupan. Harrelson, en cambio, roba cada escena en la que aparece. Su interpretación de Cletus Kasady es un recordatorio de por qué fue elegido: combina lo grotesco con lo carismático, creando un villano memorable incluso cuando el guion no lo apoya.

Michelle Williams, como Anne Weying, apenas tiene espacio para brillar. Su personaje es reducido a un papel secundario que no aprovecha su talento, y sus escenas con Eddie carecen de la química necesaria para justificar su importancia en la trama. Naomie Harris, por otro lado, tiene momentos destacados como Shriek, aunque su arco narrativo se siente incompleto.

La banda sonora de Marco Beltrami aporta energía a las secuencias de acción, pero el sonido en general sufre por una mezcla desequilibrada: diálogos ahogados bajo efectos sonoros y una puntuación musical que a veces compite con la acción en lugar de complementarla. La fotografía, aunque técnicamente competente, no destaca en ningún momento, optando por un estilo visual genérico que no añade nada al tono de la película.

La originalidad brilla solo en momentos puntuales, como el diseño de Carnage o algunas decisiones visuales arriesgadas (el uso de colores saturados durante la secuencia del juicio), pero se diluye en un conjunto que repite fórmulas vistas antes. El filme intenta ser más que una película de superhéroes convencional, pero su identidad queda atrapada entre el humor negro y la acción excesiva sin lograr un equilibrio memorable.

Venom: Let There Be Carnage es entretenimiento funcional para fans del género, pero no alcanza el nivel de las mejores películas de Marvel. Su mayor logro es demostrar que el universo Sony puede tener potencial, aunque aún le falta pulir su voz distintiva. Dirigida a un público acostumbrado al ritmo acelerado y la acción exagerada de las películas de superhéroes modernas, la película ofrece momentos de diversión superficial pero carece de la sustancia necesaria para destacar en un mercado saturado.

En última instancia, Venom: Let There Be Carnage es un paso adelante técnico pero un retroceso narrativo. Serkis demuestra habilidad con los efectos visuales y el diseño de criaturas, pero su falta de control sobre el guion y la edición deja una experiencia desigual. Para los fans del primer filme, habrá momentos reconocibles y divertidos, pero para el público general, la película se sentirá como un esfuerzo desperdiciado.

MCM Score: 6.1/10 — craft 2 / story 1 / performances 1 / originality 1 / genre_fit 1.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.