Análisis

Pancho Varona, el guitarrista que Sabina despidió por email, aplaude el adiós de Serrat

Molly Se-kyung
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Pancho Varona tiene claro cómo debe terminar una gran carrera. Preguntado por Heraldo sobre Joan Manuel Serrat, el guitarrista que pasó cuatro décadas junto a Joaquín Sabina definió su retirada como «una decisión muy sensata» y sentenció: «No hay carrera mejor aprovechada en el mundo que la de Serrat». Igual de nítido es el recuerdo de cómo terminó la suya: con un correo electrónico breve de Sabina que todavía hoy no alcanza a entender.

Las dos salidas conviven en la misma entrevista y, juntas, responden a la pregunta que Varona sigue haciéndose. Él asegura que nunca le dieron una razón de peso. La hemeroteca muestra que sí hubo razones, llegadas de segunda mano, y que el propio Varona ha descrito la fricción que había detrás. Lo que nunca recibió es lo que Serrat dio a su público y Sabina, después, al suyo: un adiós dicho a la cara. Esa, más que cualquier explicación pendiente, es la herida.

Para quien creció con «Y sin embargo» o «Ruido», esto es algo más que un cotilleo sobre la plantilla de una banda. Sabina ya se ha bajado del escenario. El hombre que puso música a buena parte de ese cancionero sigue llevándolo de pueblo en pueblo, en salas de cien personas, y la forma en que hoy cuenta la ruptura tiñe la manera de escuchar esas canciones.

Cómo salió Pancho Varona de la banda de Joaquín Sabina

Los hechos básicos no están en discusión. En noviembre de 2022, Varona anunció en redes sociales que Sabina había decidido, «contra todo pronóstico», no contar con él en su próxima gira, en un guiño al título de la propia gira, Contra todo pronóstico. En ese mismo mensaje, recogido por Vozpópuli y ¡Hola!, le agradecía «las 100 canciones que hemos compuesto juntos, las 40 giras en las que le acompañé y los 15 discos en los que fui su productor».

La noticia le había llegado por correo electrónico. Varona contó a Diari de Tarragona que el mensaje era «corto» y que en ocho o diez líneas le comunicaba que Sabina ya no contaba con él. «Me parece muy frío romper con un mail, muy frío», dijo, y añadió que había intentado varias veces ir a verle a su casa sin que se lo concedieran. Cuatro años después, ante Heraldo, la queja es la misma y más afilada: «habiendo teléfonos para llamar y habiendo ido yo a casa de Joaquín para vernos».

La sociedad que perdió era real. Varona se unió a Sabina en 1982, en los años de Viceversa, y su firma figura en «Y sin embargo», «Ruido» y «Yo me bajo en Atocha», como recordó Vozpópuli. Sabina escribía y cantaba; Varona ponía música a las letras y producía los discos. En una entrevista con Alicante Plaza, concedida cuando la sociedad seguía en pie, describió su lugar con precisión de agrimensor: «mi sitio está a dos metros detrás y a la izquierda de Joaquín».

La confesión de Varona sobre Serrat, leída con lupa

Ese es el contexto de la frase que dio titular a Heraldo. «Yo me jactaba en las giras que hacía con Joaquín de que era la persona sobre el escenario que más admiraba a Joan Manuel Serrat», contó Varona al diario. Serrat llegó a su vida cuando tenía ocho o nueve años, de la mano de su madre, que cantaba «Cantares» con él cuando era un niño, y ha estado ahí «casi desde que nací».

Las giras a las que se refiere son los espectáculos conjuntos de Sabina y Serrat, que juntaban dos bandas en un mismo escenario. Ahí la confesión choca con un detalle incómodo. Cuando estalló la ruptura, Víctor Lenore escribió en Vozpópuli que la fusión con la banda de Serrat para esas giras había sido otro factor de alejamiento, porque el catalán, muy exigente con la interpretación, prefería a sus músicos habituales antes que a Varona. Varona no tocó en La orquesta del Titanic, el disco conjunto de ambos, y la dedicatoria de Sabina decía: «Para Panchito, que brilló por su ausencia». El propio Varona bromeó con esa frase en Twitter años antes de la ruptura.

Leído así, el elogio a Serrat es generoso y, a la vez, tiene intención. Varona no le ajusta cuentas a Serrat; lo admira sin reservas. Pero cuando califica su retirada de «muy sensata», está elogiando a un hombre que eligió su final, lo anunció, lo convirtió en gira y lo cerró en el Palau Sant Jordi de Barcelona en diciembre de 2022. Sabina hizo lo mismo en Madrid el 30 de noviembre de 2025, cuando dijo ante 12.000 personas en el Movistar Arena, según informó EFE, que aquel concierto era «el último de mi vida y por tanto el más importante». El final de Varona lo eligieron por él, en diez líneas.

La versión del entorno de Sabina sobre la salida de Varona

Este es el mejor argumento a favor de Sabina, tal como lo ha planteado su entorno. En abril de 2023, a preguntas de EFE, el equipo de Sabina dio por bueno un artículo del cronista musical Juan Puchades en la revista Efe Eme, según publicó The Objective. En esa versión, la ruptura se veía venir: la relación se había deteriorado con los años y se limitaba «estrictamente a las giras». El detonante fue un conflicto entre Varona y el resto de la banda de Sabina. Vozpópuli ya había informado de tensiones con Antonio García de Diego, el otro pilar veterano del grupo, que sí continuó.

Esos músicos habían formado La Noche Sabinera, un espectáculo que tocaba las canciones de Sabina con su bendición mientras él descansaba de la carretera. Según Puchades, Varona sustituyó al anterior mánager por una amiga sin experiencia y mantenía proyectos paralelos «que marcaban la agenda de la banda principal». En 2021 dejó la formación y fundó un proyecto que anunciaba como «la auténtica gira sabinera». Los demás siguieron como Benditos Malditos y, en abril de 2022, Sabina se subió por sorpresa a su escenario, algo que la información de EFE leyó como una «significativa muestra de posicionamiento».

Bajo esa lectura, el correo no fue un rayo en cielo sereno. Fue el trámite de una separación que ya se había consumado dentro de la banda. Un líder de banda tiene derecho a elegir a sus músicos, y el propio Varona lo ha reconocido: Sabina «puede despedir a quien quiera», dijo en Hora 25 de la Cadena SER, según Cronista. Un mensaje escrito, por frío que sea, al menos no deja lugar a dudas.

Por qué la pregunta de Varona sigue en pie

Lo llamativo es cuánto de esa versión ha confirmado el propio Varona. En declaraciones a El Mundo, recogidas por Cronista, describió la misma fricción de calendario: «Trabajaba la mitad del mes en mis proyectos y la otra mitad con la banda». Le pidieron que les cediera parte de su tiempo, se negó y les dijo que podían trabajar sin él esos días. La razón que dice no haber recibido es, en lo esencial, una que él mismo ha contado.

Así que la perplejidad que describe a Heraldo no tiene que ver con los hechos. «No alcanzo a comprender por qué no se me dio una razón de peso que haga que acabe tanto lo profesional como lo personal», dice. «Es más la perplejidad que el dolor». Las palabras clave son «lo personal». Un conflicto de banda puede explicar una gira sin Varona. No explica por qué una amistad de cuarenta años tenía que acabar con la gira, ni por qué el final llegó por escrito después de que él llamara a su puerta.

Aquí es donde el argumento de Sabina flaquea más. Todo el relato de Efe Eme gira en torno a la banda: mánagers, calendarios, un espectáculo rival. Nada de eso atañe al socio que compuso la música de algunas de las canciones más conocidas de Sabina. En la cobertura que hemos revisado, Sabina no ha hablado de Varona con su propia voz; el aval llegó a través de su equipo. La mitad personal de la historia es un silencio, y un silencio, a diferencia de un correo, admite la lectura que cada cual quiera darle.

Varona sigue llevando el cancionero de Sabina por los escenarios

Mientras tanto, las canciones han cambiado de manos sin hacer ruido. La noche del viernes que abría el puente de Todos los Santos, Varona llenó por tercera vez el Yoanna Irish Pub de Ciudad Rodrigo, en la provincia de Salamanca, según Salamanca RTV al Día: más de cien personas, entradas a 18 euros y una sala coreando «Ruido», «La del pirata cojo», «Y sin embargo», «Peor para el sol» y «Princesa». También tocó «Pongamos que hablo de Madrid» al estilo más rápido de Antonio Flores, una primicia para el público mirobrigense.

Tiene claro su derecho a hacerlo. «No me molesta repasar las canciones que hice con él porque también son mías», dijo a La Capital de Mar del Plata durante una gira latinoamericana posterior a la ruptura. «Yo tengo todo el derecho a cantarlas». En esa misma entrevista anunció que iría quitando alguna del repertorio de Joaquín para dejar sitio a las suyas, «con todo el dolor de mi corazón».

Ese relevo ya está en marcha. Heraldo cuenta que Varona prepara un disco en solitario del que ya ha adelantado «Sospechas», «Ni fu ni fa» y «Como Miguel Bosé». Su único álbum anterior en solitario, que llevaba su propio nombre, salió en 1995, según recordó Alicante Plaza. El guitarrista que se situaba a dos metros detrás del cantante es hoy el que se planta frente al micrófono.

Varona y Sabina: lo que consta y lo que sigue siendo versión de parte

Consta lo siguiente: el anuncio de noviembre de 2022 y sus cifras; un correo que Varona describe como de ocho o diez líneas; la gira Contra todo pronóstico de Sabina sin él; el aval del equipo de Sabina al relato de Efe Eme sobre un conflicto en la banda; el concierto de despedida de Sabina en Madrid en noviembre de 2025; los llenos de Varona en pubs y sus nuevos sencillos.

Sigue siendo la palabra de una sola parte: el relato de Varona sobre visitas y llamadas sin respuesta; la versión de Puchades sobre el mánager y los proyectos paralelos, avalada por el equipo de Sabina pero no por Sabina en persona; y la lectura de Vozpópuli según la cual las giras con Serrat pesaron. Varona dice que sigue abierto a una reconciliación, «con los brazos abiertos esperando una explicación o un abrazo», como contó a Diari de Tarragona. Sabina no ha respondido en público.

Nuestra lectura es que la explicación ya existe y lo que falta es el abrazo. Serrat terminó su carrera en sus propios términos, y Varona lo admira por ello. Sabina hizo lo mismo en Madrid. La única salida de esta historia que nadie escenificó fue la de Varona, y él la contesta de la única manera que le queda: cantando las canciones, también suyas, en salas lo bastante pequeñas como para ver cada cara. Es lo contrario de un correo. Cada noche, cien personas se lo dicen a la cara.

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