Ciencia

132 genomas neolíticos cerca de París vinculan la peste con un colapso continental

Peter Finch

Una sola tumba de la Edad de Piedra, 50 kilómetros al norte de París, ancla ahora uno de los enigmas arqueológicos más persistentes de Europa. Un equipo secuenció los genomas completos de 132 individuos enterrados en la galería megalítica de Bury y encontró dos poblaciones genéticamente distintas apiladas en la misma cámara, separadas por un aparente abandono. La comunidad que volvió a enterrar a sus muertos allí siglos después no descendía de la anterior.

Los enterramientos se reparten en dos fases. La primera va aproximadamente de 3200 a 3100 a.C. La segunda se reanuda hacia 2900 a.C. y se prolonga hasta unos 2450 a.C. El hueco entre ambas encaja con una señal que la arqueología señalaba desde hace años: cementerios vacíos, bosques que recolonizan tierras antes cultivadas y un derrumbe del número de poblados en Francia, Alemania, Escandinavia y las islas británicas hacia 3000 a.C. Lo que nadie había podido comprobar de forma directa era la continuidad genética en ese umbral. En Bury no la hay.

El grupo más antiguo aparece como los últimos descendientes de los primeros agricultores de Europa, cuyos antepasados habían llegado desde Anatolia milenios antes. El grupo posterior trae un perfil ancestral distinto, con aportes de comunidades más al sur. Dentro de la fase antigua, varios dientes conservan trazas genéticas de dos enfermedades infecciosas: Yersinia pestis, la bacteria de la peste, y la espiroqueta de la fiebre recurrente. Los esqueletos infantiles y adolescentes están sobrerrepresentados en esa etapa, una huella demográfica más propia de una epidemia que del desgaste ordinario.

Para situar el dato: la mejor evidencia previa de una mortandad neolítica era indirecta — núcleos de polen con bosques recuperando campos abandonados, recuentos arqueológicos de viviendas que caían a la mitad en algunas regiones. Esos datos podían leerse como gente que migraba, no como gente que moría. Una muestra de 132 genomas de un solo yacimiento, con ADN de peste en la capa antigua y una ruptura genética en el umbral, estrecha las alternativas.

La arquitectura social también cambia entre las dos fases. Los enterramientos antiguos parecen familias de varias generaciones depositadas juntas. Los posteriores se agrupan en torno a un único linaje masculino, con mujeres y niños vinculados a esa línea. Es un patrón reconocido en buena parte del Neolítico final y la Edad del Bronce temprano de Europa, asociado a las expansiones de la Cerámica Cordada y del Vaso Campaniforme.

Una sola tumba sigue siendo una sola tumba. Queda por ver si la misma ruptura aparece en otros sitios de la cuenca de París, y si la peste fue la causa del colapso o solo el síntoma de poblaciones ya en apuros. El equipo secuenció dientes de un único cementerio y recuperó ADN del patógeno solo en una parte. La conservación de patógenos en dientes antiguos es desigual, así que su ausencia en otros lugares será difícil de interpretar.

El grupo, liderado desde Copenhague y en colaboración con arqueólogos franceses, quiere ahora extender el método a otras galerías cubiertas del norte de Francia y comparar la firma genómica con yacimientos contemporáneos de Alemania. El artículo apareció en Nature Ecology & Evolution el 3 de abril de 2026.

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