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Babylon: exceso sin alma que ahoga su propia historia

Martin Cid
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La escena inicial de Babylon es un caos orquestado: una fiesta en una mansión de Bel Air donde el exceso se disfraza de glamour. Un elefante recorre los salones, el jazz inunda el aire y la cocaína fluye como el champán. Es 1926, Hollywood está en plena transformación, pasando del cine mudo al sonoro, y Damien Chazelle nos arrastra a este mundo con una cámara que no se pierde ni un detalle de la decadencia. La película, escrita y dirigida por él, es un épico tragicómico que sigue las vidas entrelazadas de varios personajes mientras intentan sobrevivir (o prosperar) en medio del cambio.

El elenco es impresionante: Diego Calva como Manny Torres, el mexicano ambicioso que aspira a ser alguien en la industria; Margot Robbie como Nellie LaRoy, la estrella emergente cuya vida personal es tan caótica como su carrera; Brad Pitt como Jack Conrad, el actor veterano que lucha por adaptarse al nuevo mundo del sonido. Cada uno de ellos tiene momentos memorables, especialmente Robbie, cuya actuación en la escena del rattlesnake es un tour de force de vulnerabilidad y furia contenida. La química entre los personajes es palpable, pero a veces se pierde en el ruido de una trama que intenta abarcar demasiado.

Chazelle demuestra una vez más su habilidad para crear escenas visualmente deslumbrantes. La fiesta inaugural es un caos controlado, con planos que capturan la energía desenfrenada de la época. La transición del cine mudo al sonoro se presenta como un momento crucial en la historia del cine, y Chazelle logra transmitir la emoción y el miedo de esa era. Sin embargo, a pesar de estos logros técnicos y actoralmente, Babylon tropieza con su propia ambición.

La película sufre de una identidad dividida. ¿Es un drama histórico, una comedia satírica o una tragedia personal? A menudo parece no decidirse, saltando entre tonos sin cohesión. La estructura narrativa es otro punto débil: los 180 minutos de duración se sienten largos, especialmente cuando la película se detiene en momentos que podrían haberse condensado. La banda sonora, aunque aclamada (ganó el Globo de Oro), a veces compite con el diálogo en lugar de complementarlo.

A pesar de sus defectos, Babylon tiene momentos de genialidad. La escena del rattlesnake no solo muestra la actuación destacada de Robbie, sino también la dirección audaz de Chazelle. La fotografía y el diseño de producción son impresionantes, ganando merecidamente un BAFTA por este último. Pero incluso estos elementos no pueden salvar a la película de su propio exceso.

La película explora temas universales como la ambición, el éxito y el precio del poder. Chazelle utiliza Hollywood como un microcosmos para mostrar cómo la obsesión por el éxito puede consumir a las personas. La transición del cine mudo al sonoro sirve como metáfora de los cambios constantes en la vida y la industria. Sin embargo, estos temas a veces se pierden en la narrativa caótica.

Babylon también es una película sobre la identidad y la pertenencia. Manny, el mexicano, lucha por encontrar su lugar en un mundo que no lo acepta plenamente. Nellie, la estrella emergente, se debate entre su deseo de éxito y su autodestrucción. Jack Conrad, el actor veterano, intenta adaptarse a un nuevo mundo que ya no tiene cabida para él. Estos temas son profundos y resonantes, pero a menudo quedan ahogados en el exceso visual y narrativo.

La dirección de Chazelle es tanto una fortaleza como una debilidad. Su habilidad para crear escenas visualmente impactantes es innegable, pero su tendencia a caer en el exceso narraivo perjudica la película. La cámara de Chazelle captura cada detalle del mundo que crea, desde los lujosos vestuarios hasta las locales decadentes. Sin embargo, a veces parece que Chazelle está más interesado en mostrar su habilidad técnica que en contar una historia coherente.

El reparto es otro punto fuerte. Robbie y Pitt tienen momentos memorables, pero es Calva quien roba la película como Manny Torres. Su actuación es llena de matices y profundidad, mostrando tanto la ambición como la vulnerabilidad de su personaje. Jovan Adepo también brilla como Sidney Palmer, el músico que lucha por encontrar su lugar en un mundo que lo marginado.

La fotografía de Linus Sandgren es otra joya de la película. Los planos son cuidadosamente compuestos, capturando la belleza y el caos del mundo de Babylon. La paleta de colores es rica y vibrante, añadiendo una capa visual adicional a la narrativa. Sin embargo, a veces los planos son demasiado llamativos, distraen en lugar de complementar.

El diseño de producción es otro aspecto destacado. Los sets son impresionantes, desde las mansiones lujosas hasta los estudios de cine. Cada detalle está cuidadosamente considerado, creando un mundo que es a la vez familiar y extraño. El diseño de vestuario también merece mención especial, con trajes que reflejan tanto el glamour como la decadencia de la época.

La banda sonora de Justin Hurwitz, aunque ganadora del Globo de Oro, no siempre funciona bien. A veces las canciones compiten con el diálogo en lugar de complementarlo, y algunas pistas parecen fuera de lugar. Sin embargo, hay momentos en los que la música eleva la narrativa, especialmente durante las escenas más dramáticas.

Babylon es una película dirigida a un público específico: aquellos que aprecian el cine épico y están dispuestos a soportar sus defectos por los momentos de genialidad. No es una película para todos, pero aquellos que disfrutan del cine visualmente impactante y narrativamente ambicioso encontrarán mucho que admirar.

En última instancia, Babylon es una obra que intenta abarcar demasiado. Es fascinante en sus partes individuales pero falla como un todo cohesionado. Chazelle ha creado una película llena de momentos memorables, pero también de errores evitables.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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