Cine

Bouchra, la animación de Bennani y Barki hecha con llamadas a una madre en Casablanca

Martha Lucas

Una chacala marroquí y queer, instalada en un apartamento diminuto de Nueva York, se atasca en la primera película que intenta escribir, coge el teléfono y llama a su madre en Casablanca. Esa llamada, y todas las que vienen después, giran alrededor de lo que las dos mujeres nunca han sabido decirse, y es de esa conversación siempre inconclusa de donde Bouchra saca su fuerza. El animal de la pantalla es un dibujo. Lo que lo habita no lo es.

Meriem Bennani y Orian Barki, que dirigen a cuatro manos, llevan mucho tiempo tanteando una forma que aún se resisten a nombrar del todo: un documental animado, o docuficción, en el que personajes antropomorfos de acabado fotorrealista se mueven por una ciudad reconocible mientras el sonido que los sostiene procede, en parte, de la vida real. Bouchra, a la que Bennani presta su voz, es una versión apenas disimulada de la propia directora, una artista que pelea con un proyecto autobiográfico sobre la única relación que no puede sortear escribiendo.

YouTube video

Es en el reparto de voces donde la película enseña su método. Bennani dobla a su propio alter ego, de modo que la intérprete y la persona se confunden a propósito; a la madre, Aïcha, la sostienen otras voces, entre ellas la de la artista Yto Barrada, y no la mujer real, lo que mantiene los intercambios más íntimos a una distancia calculada. Lo que suena a escucha indiscreta ha sido, en realidad, puesto en escena, vuelto a decir, reelaborado. Esa grieta entre una conversación vivida y su interpretación es el argumento de la película en miniatura: hay cosas que solo se dicen una vez reescritas.

La pareja llegó hasta aquí por un camino insólito. Su serie anterior, 2 Lizards, rodada durante el confinamiento que vació Nueva York, seguía a dos animales de síntesis por una ciudad detenida con la soltura de un diario; la adquirieron el Museum of Modern Art y el Whitney, lo que ya indica el registro en el que trabajan. Bouchra fue un encargo de la Fondazione Prada, en Milán, donde se mostró primero con el título For Aicha dentro de la exposición For My Best Family, antes de remontarse y rebautizarse para su recorrido por festivales.

La animación cumple aquí una función precisa, no es decorado. Convertir a Bennani en chacala, y colocar a esos personajes animados sobre calles reales filmadas en Casablanca y en el sur de Manhattan, permite a la película observar una negociación en torno al armario que una cámara de imagen real habría vuelto casi insoportable de sostener. La distancia que da el dibujo es justo lo que autoriza la cercanía; la comunidad queer marroquí a la que los directores dicen querer llegar recibe un relato que puede reclamar como suyo sin un objetivo documental apuntado a rostros reales.

Lo que da peso a las llamadas es su cotidianidad. La madre no suelta discursos; conduce la conversación, esquiva la palabra que nombraría a su hija, pregunta por asuntos prácticos, deja que la ternura y la evasión quepan en una misma frase. Bouchra escucha, insiste un poco, se retira. Quien haya salido del armario ante un progenitor, salvando un idioma, una generación y un mar, reconocerá la coreografía, esa manera en que el amor y el rechazo pueden ser el mismo gesto. La película confía en ese reconocimiento en lugar de explicarlo.

Nada de esto garantiza que la película escape a su propio encanto. La chacala desarma, el mundo está espléndidamente texturizado, y queda una pregunta real: si la blandura del medio no exculpa a la madre, y al espectador, de un peso que el material no deja de querer imponer. Un silencio grabado entre dos personas puede ser demoledor; el mismo silencio, sobre el dibujo de un perro, puede ser apenas bonito. Bouchra no lo resuelve del todo, y el prestigio del mundo del arte que la hizo posible no es, por sí solo, una razón para que un público amplio se asome.

A still from the animated feature Bouchra by Meriem Bennani and Orian Barki (2026)
A scene from Bouchra (2026)

En el elenco de voces, junto a Bennani y Barki, figuran Fayçal Azizi, Ariana Faye Allensworth, Hassan Hamdani, Yto Barrada y Dounia Berrada. La película dura 83 minutos y se produjo con la Fondazione Prada, junto a 2 Lizards, Hi! Production y SB Films, una combinación estadounidense, italiana y marroquí que calca el mapa dividido del relato. Film Movement se encarga de su estreno en Norteamérica, y se presenta, por una vez con razón, como un drama animado con vetas de comedia antes que como un documental.

Bouchra encontró primero a su público en festivales, con su estreno en el New York Film Festival, una parada en Toronto y el gran premio queer del Chicago International Film Festival, además de un extenso recorrido europeo. De momento no hay estreno español confirmado, aunque su trayectoria por el continente hace verosímil que llegue. Para una obra hecha de lo que una madre y una hija solo lograban decirse por teléfono, ese avance lento, del festival hacia la sala, resulta apropiado.

Reparto

Etiquetas: , , , , ,

Debate

Hay 0 comentarios.