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Cassandro: Gael García Bernal brilla en un biopic convencional pero con corazón

Molly Se-kyung
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Imagina el momento: Saúl Armendáriz, con el cuerpo pintado de brillos y una máscara que desafía los códigos de la lucha libre tradicional, entra al ring por primera vez como Cassandro. Es 1989 en Ciudad Juárez, y este joven gay de El Paso está a punto de reescribir las reglas de un deporte que lo rechaza. Así comienza Cassandro (2023), el biopic dirigido por Roger Ross Williams que retrata la vida del luchador que se convirtió en leyenda al romper los moldes de la machista lucha libre mexicana. Con Gael García Bernal en el papel protagonista, la película promete ser un retrato crudo y emotivo de una figura queer revolucionaria.

Desde el primer plano, Cassandro establece su tono: una mezcla de drama íntimo y épica deportiva. La dirección de Williams es segura, aunque a veces cae en los convencionalismos del género biográfico. El uso de la cámara para capturar los combates es efectivo, especialmente en las secuencias donde Bernal se transforma físicamente en el personaje. La atención al detalle cultural es otro de sus puntos fuertes: los diálogos en español mezclados con inglés, los paisajes urbanos que alternan entre El Paso y Juárez, y la tensión constante entre la homofobia regional y la expresión queer.

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Gael García Bernal entrega una actuación memorable como Saúl Armendáriz. Su transformación física y emocional es notable, especialmente en las escenas de lucha, donde logra capturar tanto la gracia como la ferocidad del personaje. La química entre Bernal y Roberta Colindrez, quien interpreta a Sabrina, una periodista que documenta su vida, es otro de los aciertos de la película. Sin embargo, algunos miembros del reparto, como Joaquín Cosío en el papel de Lorenzo, quedan reducidos a arquetipos, lo que debilita ciertas tramas secundarias.

El guion, escrito por David Teague y Ryan Murphy, elige enfocarse en los momentos clave de la vida de Saúl: su primer combate como exótico, su relación tóxica con Gerardo (Raúl Castillo), y su lucha contra la adicción. La banda sonora de Marcelo Zarvos, con piezas como «Cassandro Walks Home», refuerza los momentos emotivos, pero algunas escenas podrían haber beneficiado de una mayor audacia visual. Por ejemplo, la inclusión de Bad Bunny como Felipe, el asistente de Lorenzo y objeto del deseo de Saúl, se siente subutilizada. Su personaje aparece y desaparece sin dejar una huella significativa en la narrativa.

Uno de los mayores logros de Cassandro es su capacidad para retratar la complejidad cultural y social de la época. La película no solo habla de la lucha libre, sino también de la identidad queer en un entorno hostil. Saúl Armendáriz no era solo un luchador; era un símbolo de resistencia. Sin embargo, la película tropieza en su estructura narrativa. El ritmo es desigual: hay secuencias que se sienten apresuradas, como el desarrollo del personaje de Bad Bunny, mientras que otras se extienden innecesariamente, como la relación con Gerardo.

La resolución de la adicción de Saúl también se siente abrupta. Aunque el guion menciona su sobriedad a partir del 4 de junio de 2003 (una fecha que incluso tiene tatuada en la espalda), este arco narrativo podría haber sido desarrollado con mayor profundidad. La película opta por un final feliz y motivacional, pero pierde la oportunidad de explorar las secuelas emocionales y psicológicas de su adicción.

A pesar de estas limitaciones, Cassandro es una película necesaria. No solo porque retrate la vida de un icono cultural, sino porque ofrece un relato honesto sobre las luchas queer en Latinoamérica. La inclusión de figuras reales como El Hijo del Santo añade autenticidad al proyecto, aunque sus apariciones carezcan de impacto dramático. La película también destaca por su capacidad para capturar la esencia de la lucha libre mexicana y su transformación bajo la mirada de Cassandro.

En términos de dirección de arte y fotografía, Cassandro cumple con lo esperado. Los colores vibrantes de los trajes de lucha contrastan con los tonos más sombríos de las escenas cotidianas, creando un equilibrio visual interesante. Sin embargo, algunas decisiones de edición podrían haber sido más audaces. Por ejemplo, la transición entre los combates y las escenas íntimas a veces se siente forzada, lo que rompe el ritmo narrativo.

El público al que va dirigida Cassandro es amplio: desde aficionados a la lucha libre hasta aquellos interesados en historias queer y biopics. La película también tiene un mensaje universal sobre la aceptación y la superación personal. Sin embargo, su enfoque en la cultura mexicana y chicana puede limitar su alcance en mercados donde estos temas no son tan relevantes.

En comparación con otros biopics recientes, como Maestro (5.6), Cassandro se sitúa en un nivel similar en términos de narrativa y actuación, pero supera a películas como Madame Web (3.2) en profundidad temática y dirección. No alcanza la excelencia de obras como Parasite (9.4) o Past Lives (8.7), pero se mantiene dentro del rango esperado para un biopic bien ejecutado.

En conclusión, Cassandro es una película que logra capturar la esencia de su protagonista y ofrecer un relato honesto sobre las luchas queer en Latinoamérica. Aunque tiene sus defectos en estructura narrativa y desarrollo de personajes secundarios, Gael García Bernal entrega una actuación memorable que eleva el proyecto.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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