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Ferrari: un retrato sobrio pero frío de una obsesión

Molly Se-kyung
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Imagina la escena: Adam Driver, con los ojos inyectados de sangre y el rostro marcado por el agotamiento, grita órdenes en un taller italiano mientras el humo de los motores envuelve el aire. Este es el corazón de «Ferrari», el último esfuerzo del director Michael Mann para capturar la obsesión y la agonía de su protagonista. La película se sumerge en el verano de 1957, cuando Enzo Ferrari (Driver) enfrenta una crisis existencial y financiera, mientras su matrimonio con Laura (Penélope Cruz) se desmorona bajo el peso de la pérdida y la ambición.

Michael Mann, conocido por su estilo visual distintivo y su enfoque en personajes obsesivos, ha dirigido numerosas películas que exploran la interacción entre el individuo y su entorno. En «Ferrari», Mann aplica su mirada característica al mundo del automovilismo, creando un retrato íntimo de un hombre en crisis. La película se beneficia de la experiencia de Mann en capturar la esencia de entornos industriales y técnicos, como lo demostró en películas anteriores como «Ali» (2001) y «Collateral» (2004). Sin embargo, a diferencia de estas obras, «Ferrari» se siente más contenida, casi claustrofóbica, debido a su enfoque en el drama personal de Enzo.

La cinematografía de Erik Messerschmidt es uno de los aspectos más destacados de la película. Las tomas aéreas de los talleres de Ferrari, las carreras llenas de adrenalina y los primeros planos de los motores rugiendo son impresionantes. La paleta de colores fríos y metálicos refuerza la atmósfera de crisis y tensión que envuelve a Enzo. Messerschmidt utiliza una combinación de planos largos y primeros planos para crear un sentido de inmediatez y urgencia, especialmente durante las escenas de carrera. Sin embargo, esta obsesión por el detalle técnico a veces sacrifica la profundidad emocional. Las escenas íntimas entre Driver y Cruz carecen del peso necesario para hacer creíble su tormentuosa relación.

El reparto, aunque talentoso, no siempre logra elevar el material. Adam Driver entrega una actuación físicamente exigente, pero su interpretación de Enzo Ferrari se queda en la superficie, como si estuviera atrapado en un monólogo interno interminable. Driver es capaz de transmitir la obsesión y la determinación de Enzo, pero le falta la vulnerabilidad necesaria para hacer que el personaje sea realmente conmovedor. Penélope Cruz, por otro lado, brilla en los momentos más dramáticos, especialmente en las escenas en las que confronta a Enzo sobre su infidelidad y negligencia paternal. Sin embargo, sus escenas con Driver carecen de química auténtica, lo que dificulta la creencia en su relación.

Shailene Woodley y Jack O’Connell ofrecen actuaciones sólidas como Lina Lardi y Peter Collins, respectivamente. Woodley, en particular, logra transmitir la complejidad emocional de su personaje, una mujer atrapada entre su lealtad a Enzo y su propio deseo de independencia. O’Connell, conocido por su papel en «Dunkirk», aporta una energía juvenil y entusiasta que contrasta con el cinismo de Enzo. Sin embargo, ambos personajes quedan relegados a roles secundarios, lo que limita su impacto en la narrativa general.

La estructura narrativa de «Ferrari» es su mayor debilidad. La película oscila entre el drama personal y la épica deportiva sin lograr una coherencia clara. Las subtramas, como la relación de Enzo con su hijo ilegítimo o los conflictos dentro del equipo de carreras, se sienten desconectadas del hilo central. Mann intenta abarcar demasiado, desde la crisis financiera hasta el duelo familiar y las presiones profesionales, pero termina diluyendo el impacto emocional. El guión, escrito por Troy Kennedy Martin, cae en clichés del género biográfico: el genio incomprendido, el sacrificio personal por el éxito, la redención a través de la victoria. Estas convenciones no son necesariamente negativas, pero en «Ferrari» se sienten forzadas y predecibles.

Uno de los temas centrales de la película es la obsesión y su costo humano. Enzo Ferrari es un hombre consumido por su pasión por las carreras y la construcción de autos, una obsesión que lo lleva a descuidar a su familia y a sacrificar su bienestar personal. La película explora cómo esta obsesión puede ser tanto una fuente de inspiración como de destrucción, un tema recurrente en el cine de Michael Mann. Sin embargo, «Ferrari» no logra profundizar lo suficiente en este tema, limitándose a mostrar las consecuencias de la obsesión de Enzo sin explorar realmente sus motivaciones más profundas.

En comparación con otras películas sobre el mundo del automovilismo, como «Ford v Ferrari» (2019), «Ferrari» se siente menos accesible y más nicho. Mientras que «Ford v Ferrari» lograba equilibrar el drama personal con la épica deportiva de manera más efectiva, «Ferrari» se centra demasiado en los aspectos técnicos y menos en las emociones de sus personajes. Esto puede alienar a los espectadores que no están familiarizados con el mundo de las carreras o la historia de Ferrari.

La banda sonora de Daniel Pemberton, aunque adecuada, no logra elevar las emociones de manera significativa. Sin embargo, en «Ferrari», su banda sonora se siente más funcional que inspiradora, sin lograr capturar la intensidad emocional de las escenas clave.

En cuanto a su ajuste al género, «Ferrari» cumple con los requisitos básicos del drama biográfico y deportivo. Las escenas de carrera son bien coreografiadas y editadas, pero carecen de la intensidad emocional de películas como «Ford v Ferrari». La película también adolece de una falta de originalidad en su enfoque. Aunque Mann logra capturar la esencia del mundo de las carreras, no aporta nada nuevo al género.

En resumen, «Ferrari» es una película bien ejecutada técnicamente, pero que adolece de una narrativa fragmentada y actuaciones desiguales. Michael Mann demuestra nuevamente su habilidad para capturar la esencia de entornos industriales y técnicos, pero la película sufre por su falta de enfoque emocional y su estructura narrativa confusa. Adam Driver ofrece una actuación física exigente, pero le falta la vulnerabilidad necesaria para hacer que el personaje sea realmente conmovedor. Penélope Cruz brilla en los momentos más dramáticos, pero sus escenas con Driver carecen de química auténtica. La cinematografía de Erik Messerschmidt es impresionante, pero a veces sacrifica la profundidad emocional por el detalle técnico.

La película está dirigida principalmente a los fans del cine de Michael Mann y los aficionados al mundo del automovilismo. Sin embargo, su enfoque nicho y su falta de accesibilidad pueden alienar a los espectadores más casuales.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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