Cine

Hipnosis: Arma Invisible, el thriller de Rodríguez donde ver no es creer

Martha O'Hara

La primera imagen de Hipnosis: Arma Invisible no es una persecución ni un tiroteo. Es un hombre parado frente a una ventanilla de banco, recibiendo una instrucción a través del cristal, con el rostro reorganizándose en algo que ya no es del todo suyo. El cuerpo quieto, los ojos en otro lugar. Esa imagen — un retrato de alguien que ha abandonado temporalmente su propio cuerpo — es la tesis de la película, y Robert Rodriguez vuelve a ella en distintas formas a lo largo de noventa y tres minutos.

El detective Danny Rourke (Ben Affleck) lleva meses sin poder superar la desaparición de su hija pequeña, Minnie. Cuando investiga una serie de robos imposibles — asaltos bancarios en los que los testigos describen haber visto cosas que no existían — descubre la existencia del programa Domino: un proyecto gubernamental clasificado que entrena a operativos llamados hipnóticos, capaces de reescribir en tiempo real lo que una persona ve, oye y cree.

El villano, Lev Dellrayne (William Fichtner), no es un delincuente común. Es un hombre que habla con la calma de un cirujano y lleva años eliminando la voluntad ajena. Frente a él, Ben Affleck construye una actuación que funciona a partir del peso y la contención: mientras la realidad a su alrededor se tuerce — pasillos que se convierten en otros pasillos, calles que se vacían a media frase — Rourke permanece como el único punto fijo en una imagen que miente.

Las secuencias donde los hipnóticos alteran la percepción de sus víctimas son lo más inventivo de Hipnosis: Arma Invisible. Rodriguez no opta por efectos visuales masivos sino por una desorientación más quirúrgica: ángulos levemente incorrectos, cortes que sustituyen lo que el personaje miraba por lo que ahora cree ver. Una gasolinera se llena de coches fantasma. Un edificio cambia de fachada a mitad de conversación. La técnica es tan editorial como óptica.

Alice Braga da la actuación más matizada del reparto en el papel de Diana Cruz, una mujer cuya propia historia está enredada con el programa Domino. Braga equilibra con precisión los registros de aliada y enigma. Su relación con Rourke es el eje emocional sobre el que descansa una historia que, en su mejor momento, consigue que el espectador tampoco sepa en qué creer.

El tercer acto es donde la película pierde pie. La obligación de deshacer sus propios misterios apaga la inteligencia visual del primer tramo: la cámara, que hasta ese momento hacía un trabajo narrativo sostenido a través de la imagen, cede el paso al diálogo explicativo. Para un film cuyo argumento central es que la percepción es manipulable y la vista puede ser engañada, el repliegue hacia la exposición verbal resulta contradictorio.

A pesar de eso, Hipnosis: Arma Invisible cumple lo que promete: un thriller de ciencia ficción que usa la gramática de la percepción como dispositivo dramático principal, con una actuación sólida de Affleck y momentos de genuina originalidad visual. No es la mejor película de Rodriguez, pero sí una de las más atmosféricamente coherentes de su etapa reciente — y una que, en sus mejores minutos, plantea una pregunta real sobre qué está mostrando exactamente el encuadre.

Dirección

Robert Rodriguez
Photo via The Movie Database (TMDB)

Robert Rodriguez

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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