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El manuscrito de Dante: Schnabel manda a Oscar Isaac a robar la Divina Comedia en Netflix

Veronica Loop

Oscar Isaac interpreta al hombre que escribió la Divina Comedia y, a la vez, al hombre contratado para robarla. Esa decisión sostiene toda El manuscrito de Dante y define la película que ha hecho Julian Schnabel: una que coloca lo sagrado y lo criminal dentro del mismo cuerpo y reta al espectador a distinguirlos. El objeto que mueve la trama es lo más sagrado que la historia puede imaginar, y todos los que lo tocan quieren venderlo.

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El punto de partida es la novela de Nick Tosches de 2002, que Schnabel adaptó junto a Louise Kugelberg. Un ejemplar manuscrito de la Divina Comedia, de puño y letra de Dante, aparece en la biblioteca del Vaticano, y la noticia llega hasta una mafia neoyorquina que no tiene ningún uso para la poesía pero sí una idea exacta de cuánto vale. Tosches —escritor, estudioso de Dante, un hombre sin más salidas— es quien debe sacarlo. Isaac es Tosches en un Nueva York en blanco y negro y Dante en la Italia coloreada del siglo XIV, y la película salta entre ambos hasta que la distancia entre un creador y un ladrón parece más una cuestión de encuadre que de alma.

Schnabel pintó antes de filmar, y todo su cine —Basquiat, La escafandra y la mariposa, el retrato de Van Gogh de At Eternity’s Gate— trata la creación artística como el único asunto digno de la cámara. Aquí lleva esa obsesión a su forma más literal: pone al artista y a la reliquia que produjo en el mismo plano y los rodea de gente que quiere poseer la reliquia y no siente nada por el arte. El manuscrito es la superficie. El verdadero tema es lo que la cercanía del genio le hace a un hombre que solo sabe codiciarlo.

El reparto está construido para que ese choque funcione. Gerard Butler hace de mafioso de Manhattan y, siete siglos antes, del papa Bonifacio VIII: el doble papel es la tesis, el poder secular y el sagrado con la misma amenaza en el rostro. Al Pacino y Martin Scorsese —los dos nombres que más definieron el cine de mafia estadounidense— aparecen en pantalla, y Scorsese, que casi nunca actúa, encarna al mentor de Dante. Gal Gadot, John Malkovich, Jason Momoa, Benjamin Clementine y Sabrina Impacciatore completan un elenco que Schnabel maneja como una sucesión de entradas, cada intérprete empujando su propio registro.

In the Hand of Dante - Netflix
In the Hand of Dante. (L-R) Oscar Isaac as Dante and Gal Gadot as Gemma in In the Hand of Dante. Cr. Alex Majoli/ITHOD Productions Ltd. © 2026.

Esa desmesura operística fue lo que dividió a la crítica cuando la película se estrenó fuera de competición en Venecia. Unos leyeron el riesgo como convicción; otros, como un director que se pasa de su alcance. Las dos lecturas siguen en pie, y el salto a Netflix las reabrirá ante un público mucho mayor: una obra de 153 minutos sobre la mercantilización de lo invaluable llega por la maquinaria de mercantilización más eficiente del entretenimiento, la misma que ya absorbió The Irishman con Pacino y Scorsese. El medio termina defendiendo el argumento de la película.

Queda una pregunta que la trama no cierra: ¿puede salvarse un hombre por tocar algo sagrado, o poseerlo es una condena más? El manuscrito pasa de mano en mano y no redime a nadie. Schnabel no responde; filma el gesto de alcanzarlo y lo deja ahí. El manuscrito de Dante se presentó fuera de competición en el Festival de Venecia y se estrena en cines de Estados Unidos el 12 de junio antes de llegar a Netflix en todo el mundo el 24 de junio. Schnabel dirige a partir de un guion escrito con Louise Kugelberg sobre la novela de Nick Tosches. Encabezan el reparto Oscar Isaac, Gal Gadot, Gerard Butler, John Malkovich, Al Pacino, Jason Momoa y Martin Scorsese. Dura 153 minutos.

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