Cine

Seance: un inicio prometedor que no llega a asustar

Martin Cid

La última respiración de la medianoche

La escena inicial de Seance (2021), dirigida por Simon Barrett, es un golpe de tensión inmediata: seis jóvenes en un internado exclusivo para chicas, reunidas alrededor de una mesa, sus rostros iluminados por velas temblorosas mientras susurran un ritual prohibido. La cámara se cierne sobre ellas como un fantasma curioso, capturando cada expresión de nerviosismo y emoción. Pero lo que comienza como una travesura adolescente termina en tragedia cuando, antes del amanecer, una de ellas yace muerta. ¿Qué despertaron esas risas y susurros?

Barrett, conocido por su trabajo en You’re Next (2011), demuestra aquí un control técnico sólido. La estética del internado Fairfield, con sus pasillos oscuros y habitaciones llenas de sombras, recuerda a la atmósfera opresiva de The Craft (1996). Los planos cerrados y los ángulos distorsionados refuerzan el sentido de claustrofobia, haciendo que cada esquina parezca esconder un peligro inminente. La secuencia de la muerte por archivador es particularmente destacable: brutal, inventiva y ejecutada con una coreografía visual que mantiene al espectador en vilo.

Sin embargo, Seance tropieza con sus propios fantasmas. La narrativa se siente demasiado derivada, mezclando elementos de The Ring (2002) y Final Girls (2015) sin aportar nada realmente nuevo al género. El ritmo decae en el segundo acto, perdiendo la intensidad inicial en favor de explicaciones redundantes y giros predecibles. Además, los personajes, aunque bien interpretados por un reparto joven y prometedor —especialmente Suki Waterhouse como Camille—, carecen de profundidad emocional. Sus motivaciones y relaciones se exploran de manera superficial, lo que dificulta la conexión con el espectador.

Veredicto

Seance es una película de terror competente pero olvidable, salvada por momentos de genuina tensión y una estética visual atractiva.

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