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Immaculate: Sweeney salva una película confusa

Veronica Loop
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La escena de apertura de Immaculate (2024), donde Sister Mary es enterrada viva tras escapar del convento, establece un tono brutal que promete horror visceral. Dirigida por Michael Mohan con una paleta visual sombría y una narrativa fragmentada, esta película de Neon ambiciona ser el thriller religioso del año, pero termina atrapada entre los límites de su propio guion.

Sydney Sweeney, conocida por su papel en Euphoria, asume aquí un desafío radicalmente distinto: interpretar a Sister Cecilia, una novicia estadounidense que llega a un convento italiano solo para descubrir que su nuevo hogar esconde secretos oscuros. La elección de casting parece arriesgada —Sweeney no es exactamente el rostro típico del cine de terror—, pero funciona en los primeros actos gracias a una actuación contenida y llena de matices. Su capacidad para transmitir miedo, confusión y determinación sin caer en lo melodramático es uno de los pocos aciertos consistentes del filme.

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El problema surge cuando la película intenta equilibrar su mezcla de géneros. Immaculate quiere ser un thriller psicológico al estilo de The First Omen, pero también aspira a la crudeza gore de Suspiria (1977) y el misterio sobrenatural de Rosemary’s Baby. El resultado es un pastiche que nunca logra definir su propia identidad. La primera mitad del filme, ambientada en los pasillos claustrofóbicos del convento, destaca por su atmósfera opresiva. Mohan utiliza planos cerrados y ángulos distorsionados para enfatizar la sensación de encierro, especialmente en secuencias como el descubrimiento de los pies marcados con cruces o la escena del «miscarriage» fingido, donde el sonido de los latidos del corazón de Cecilia se mezcla con el crujir de huesos.

Sin embargo, a medida que avanza la trama, Immaculate tropieza en su propio simbolismo. El contraste entre pureza y corrupción, aunque interesante, se repite hasta la saciedad sin profundizar. La revelación del villano —un padre genetista obsesionado con crear un nuevo mesías— cae con la fuerza de un sacramento mal pronunciado: previsible y carente de impacto. El guion de Andrew Lobel intenta explorar temas como la fe, el fanatismo y la manipulación religiosa, pero lo hace de manera superficial. La película nunca se pregunta si realmente quiere ser una crítica al dogmatismo o simplemente un vehículo para escenas de terror.

Donde Immaculate sí acierta es en su dirección de arte y fotografía. Mohan utiliza una paleta visual sombría, con tonos verdes enfermizos y azules fríos que refuerzan la atmósfera opresiva del convento. La iluminación es otra de las fortalezas del filme: las sombras alargadas y los contrastes marcados crean un ambiente inquietante que recordará a los fans del cine de terror clásico. Sin embargo, estas decisiones técnicas no compensan una estructura narrativa que tropieza en su propio simbolismo.

El reparto secundario ofrece momentos de brillantez, especialmente Álvaro Morte como el carismático pero perturbador Padre Tedeschi. Morte equilibra una presencia magnética con un toque de locura que recuerda a los villanos más memorables del género. Sin embargo, personajes como Sister Gwen (Benedetta Porcaroli) o Mother Superior (Dora Romano) quedan reducidos a arquetipos: la amiga leal, la figura autoritaria. No hay matices, solo funciones narrativas.

La originalidad de Immaculate radica en su mezcla de horror religioso con ciencia ficción, pero el resultado es un pastiche que no logra definir su propia identidad. La película parece dirigida a un público específico: los fans del terror italiano clásico y los amantes del gore explícito. Sin embargo, incluso para este nicho, Immaculate resulta decepcionante. La falta de originalidad en la narrativa y la previsibilidad de los giros argumentales hacen que el filme se sienta más como un homenaje sin alma que como una obra innovadora.

En comparación con otras películas del género, Immaculate palidece. Mientras que The First Omen logra construir una atmósfera de terror psicológico que perdura incluso después de terminado el filme, Immaculate se queda en la superficie. No hay profundidad emocional ni desarrollo de personajes que justifique su duración de dos horas y media. La película parece apresurada, como si Mohan y Lobel hubieran querido incluir tantas escenas de terror como fuera posible sin preocuparse por la coherencia narrativa.

La banda sonora es otro punto débil. Aunque intenta reforzar la tensión con música coral y sonidos distorsionados, a menudo resulta intrusiva en lugar de complementaria. Los efectos de sonido, especialmente durante las escenas de gore, son demasiado exagerados y sacan al espectador del momento.

A pesar de sus defectos, Immaculate tiene algunos momentos memorables. La escena final, donde Cecilia se arrastra por los catacumbos del convento, es una imagen que persigue incluso después de salir del cine.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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